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Por: Alfredo Felipe Martinez Agamez.

Para nadie es un secreto, que la ciudad de Barranquilla y su área metropolitana han crecido de una forma exponencial en número de habitantes, lo que la hace tener unas conductas y actuaciones diferentes a otrora.

Muchos comparan, los tiempos de otras décadas con la actual y sacan conclusiones bastante negativas, claro,  se notan los cambios, “ayer” no había la cantidad de personas que hoy; los ciudadanos posiblemente tenían un grado de respeto más fuerte por el otro; la ingesta de alcohol y sustancias psicoactivas no eran tan marcadas; hoy niños, jóvenes, mujeres y adultos, en fin, mucha gente es adicta al consumo de sustancias que producen cambios físicos, químicos y mentales en el ser humano.

No obstante, se nos olvida y no queremos creer, que hay una profunda pérdida de valores, la inmoralidad es vista como normal, las problemáticas psicosociales son muy fuertes y en  fechas y eventos especiales, afloran diversas emociones,  que desencadenan en situaciones problemas.

Por otro lado, la parte gubernamental, debe hacer los estudios correspondientes y lograr los correctivos necesarios con el objetivo de evitar al máximo las alteraciones del orden público.

Caso por ejemplo, si gana o pierde el Junior, en las inmediaciones del estadio, se forman las trifulcas, atracos y demás desmanes, que en su mayoría los protagonistas son jóvenes; si llueve en algunos barrios y zonas de Barranquilla y Soledad, es igual el zaperoco; en las fiestas y rumbas, ocurre la misma situación. El problema es de fondo y deben tomarse medidas inteligentes para evitar que esto se salga de las manos, y no se pueda hacer ninguna clase de espectáculos en esta ciudad.

Es una tarea que le dejamos al nuevo alcalde y su equipo de la secretaria del interior, seguridad y convivencia. Para seguir soñando con la ciudad que todos queremos.

Foto portada: Tomada del Heraldo de Barranquilla.

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