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Por: Adlai Stevenson Samper

Concéntrico: cuando Barranquilla dejó de girar alrededor del Centro, es proyecto ganador de Crítica creativa categoría Artes y Patrimonio economía naranja 2020 del Ministerio de Cultura 

A diferencia de las ciudades fundadas solemnemente por los colonizadores hispanos en donde todo empezaba en un día de gracia enarbolando banderas y cruces, en nombre del Rey y Dios nuestro señor, en una cuadricula primigenia que asentaría para la posteridad los poderes terrenales y eclesiásticos católicos, al que cual se agregaba una y otra vez el trazado de damero hasta la conformación del poblado, el caso de Barranquilla es absolutamente diferente. Fue conformada en un territorio deltaico de un gran río en el transcurso del tiempo siguiendo las incidencias demarcadas por ciénagas, caños y arroyos de lluvias.

La iglesia de San Nicolás, que reemplazó la primitiva de la Cruz Vieja a escasas cuadras –la diferencia es que se encuentra montada convenientemente en una barranquilla lo que la preserva de la acción de las crecientes- conforma, siguiendo los lineamientos en fundación de poblados por la corona española, una precaria plaza que agrupa en torno suyo –detrás, frente, a los costados- a los edificios administrativos políticos. En un segmento de la calle Real aparecen las notarías y en la plaza, o cerca de ella, la alcaldía y prefecto provincial.

Con la erección del Atlántico en calidad de departamento, se anuncian una serie de actos para el 15 de junio de 1905, tal lo expresa en una noticia el periódico religioso; de la mano del cura Revollo, El Estandarte, órgano de difusión de la parroquia de San Nicolás.

El Sr. Prefecto ha declarado el 15 como día de regocijos públicos y la junta encargada de solemnizar la recepción del Sr. Gobernador ha acordado, entre otras cosas, las siguientes: A las 5:00 a. m. saludo a la aurora con salva de 21 disparos de cañón, dianas y músicas. A las 8:00 a. m. bendición de la bandera, que deberá enarbolarse en el palacio de Gobierno, misa solemne para implorar a los cielos las divinas luces sobre el nuevo gobierno departamental e invocación del Espíritu Santo. Terminada la misa se descubrirá una lápida conmemorativa que quedará fijada en la iglesia.

A las 2:00 p. m. en el Palacio de Justicia, calle de San Blas, tomará posesión del alto cargo de Gobernador del departamento del Atlántico el Sr. General Diego A. de Castro ante el Tribunal Superior del Distrito Judicial, constituido para tal efecto en audiencia solemne. Concurrirán las altas dignidades eclesiásticas, civiles y militares, el cuerpo consular y los particulares invitados al acto. (El Estandarte, 8 de junio de 1905)

Las primeras sedes de la gobernación del Atlántico rondaban la plaza de San Nicolás. Una en la calle Ancha, carrera del Progreso en donde estuvo el hotel Medellín de Elías Pellet, antaño casa de Bartolomé Molinares. Otra en el esquinero edificio Alzamora en su segundo piso. De allí pasaron a la calle Real, carrera del Mercado, esquina occidental frente a San Nicolás, en la que fue casa y botica de Eusebio de la Hoz. De allí se mudaron a la misma calle Real entre carreras 20 de julio y Cuartel, frente a las oficinas del cable (telegramas), hasta un edificio propio adquirido en 1920 en la administración del general Gabriel Martínez en la calle San Blas con carrera Ricaurte el cual se incendió en la noche del 12 de diciembre de 1927. Ante el siniestro se muda al edificio Los Españoles ubicado en el paseo Colón. En ese mismo paseo, ubicado como hito visual se encontraba el edificio del Cuartel de Infantería que le dio su nombre, hasta el día de hoy, a la carrera 44.

Pero el Centro de Barranquilla necesitaba un conjunto cívico de edificaciones que agrupadas en un solo y gran espacio, dieran señales de eficiencia y debido control político simbólico. Juntar todas estas oficinas institucionales dispersas en el Centro, en un solo espacio y que además sirvieran de elemento de consolidación urbana de su inmediato entorno proyectándolas a futuro.

Por otra parte, en el caso de Barranquilla, los nombres de las calles y carreras tenían evidentes nexos con historias allí sucedidas –Tumbacuatro-, justicia social tal como Igualdad –actual carrera 38-, Cocosolo, La Alondra, Pachito Palacios, Notarias, Picapica, Eusebio de la Hoz, La California, Dividivi y muchas más, con la particularidad que algunas de ellas cambiaban según la zona o barrio que pasaban produciendo confusiones en las notarías para individualizar certeramente cada bien raíz en sus protocolos.

Por este tipo de problemas legales se expidió la Ley 40 de 1932 en donde explícitamente se señala en su artículo 21: “En cada Oficina de Registro se abrirá un libro de matrícula para cada Municipio de los que integren el respectivo Circuito. Dicho libro será llevado por el orden en que se vayan sentando las matrículas, pero tendrán un doble índice: uno por orden alfabético del nombre de las fincas rurales, y otro por nomenclatura o numeración, en las calles y carreras, si se trata de bienes urbanos. Es obligación de los Concejos Municipales dar antes de un año a partir de la publicación de esta Ley, numeración a las calles, carreras y casas de las poblaciones urbanas”. 

Los nuevos cambios de nomenclatura proyectan una imagen de patriotismo, de batallas, héroes de la causa de la independencia, así que aparecen nombres como Boyacá, Girardot, Obando, Santander, Caldas, Policarpa Salavarrieta, 7 de agosto,  Bolívar, Ricaurte, Concordia y La Paz, estas dos auspiciadas por el lema “Paz y Concordia” del gobierno del general Rafael Reyes creador en su cuatrienio del departamento del Atlántico; así como los referentes a santos: San Blas, Jesús, San Juan, Rosario, a los que se sumaban los de hitos memoriosos: Las Flores, por el camino en donde se asentaban vendedoras en el camino al viejo cementerio en la hoy plaza del Centenario (biblioteca Meira Delmar), Sello Nacional, según señala el padre Revollo en sus Memorias, “porque en la esquina del nordeste de la intersección de aquel [el callejón del Líbano] y esta había pintado un escudo de Colombia” y así sucesivamente.

Un orden nuevo patriótico, eclesiástico y de ancestros “típicos” en las denominaciones urbanas del Centro de Barranquilla. Lo cual implicaba situar convenientemente a una ciudad pretendidamente modernista con un eje de poder que tuviese esa misma referencia temporal y que mostrará índices de progreso y desarrollo. De eso se trata, de mostrar en edificios la circunstancia de la creciente importancia nacional e internacional de Barranquilla pese a los malos augurios no advertidos con la debida diligencia ante la competencia portuaria instaurada con la apertura del puerto de Buenaventura en el Pacifico y su conexión con el Caribe vía canal de Panamá.

Empero, era necesario un marco legal y esa fue la expedición de la Ley 88 del 15 de diciembre de 1947 en el gobierno de Mariano Ospina, para impulsar proyectos locales, aunque se dispersaba en sus objetivos –promoviendo la ingesta de cerveza y las industrias de ese talante- prohibiendo el consumo de chicha a dos cuadras de la plaza central de cualquier municipio.

Los tres primeros artículos constituyen la medula del nuevo urbanismo nacional:

 ARTÍCULO 1º.- Para los efectos de esta ley se entiende por área urbana de los municipios la extensión comprendida dentro de la nomenclatura legal correspondiente o la determinada por los concejos municipales por medio de acuerdos.

Los concejos municipales que no hayan señalado el área urbana de sus poblaciones procederán a hacerlo, determinando además la nomenclatura de las calles y carreras.

ARTÍCULO 2º.- Los concejos de cada distrito estimularán las construcciones urbanas, a fin de evitar la solución de continuidad de las edificaciones, que tanto perjudican la buena presentación de las localidades.

ARTÍCULO 3º.- Los concejos municipales dictarán las providencias necesarias para que las nuevas construcciones urbanas no perjudiquen la alineación de las calles ni el plano de urbanización general. Los municipios cuya población urbana sea o exceda de diez mil (10.000) habitantes exigirán la presentación o aprobación previa de planos de las edificaciones que en lo sucesivo sean autorizadas.

En el caso de Barranquilla suceden dos hechos singulares en los proyectos de renovación urbana y de construcción de un centro cívico. El primero es que llega a Colombia en 1936 el arquitecto, pedagogo y melómano alemán Leopoldo Rother (Breslau, 1884-Bogotá, 1978), con una sólida formación y experiencia en edificios y planificación de centros urbanos. Viene huyendo de las conflagraciones inminentes de la segunda guerra mundial pues el gobierno de Alfonso López Pumarejo tenía necesidad de arquitectos y planificadores para efectos del diseño y construcción de los edificios nacionales, donde se agrupaban correos, impuestos, juzgados y otras oficinas.

Lo primero que hizo Rother, recién desempacado fue el diseño y construcción de la llamada Ciudad Blanca, la sede de la Universidad Nacional de Colombia en donde se vincularía, en 1938, en calidad de profesor de la nueva facultad de arquitectura de esa universidad.  Casi toda su vida de encargos profesionales los hizo en la Dirección de Edificios Nacionales con obras notables, que para el caso de Barranquilla, se concretó en el diseño y construcción de un centro cívico el cual en su primera etapa sería el llamado edificio nacional, a la larga el único que hizo de su propuesta pero que sirvió para bautizarlo con ese nombre.

Previamente, en 1946, Rother propone un centro cívico para Barranquilla. Según el arquitecto e historiador Carlos Bell, “el plan constaba de cuatro bloques paralelos, dispuestos de modo diagonal respecto de modo diagonal respecto al trazado urbano: eran tres edificios de oficinas de 8 pisos sobre una plataforma y un cuarto bloque bajo para otras dependencias. La disposición seguía rigurosamente la orientación norte-sur y el principio modernista de los volúmenes sueltos que no definían una plaza y menos una calle; eran elementos de indudable calidad formal pero que no conformaban un espacio público identificable y por ende significativo”.

De toda esa articulación de diseño urbano solo se hizo el edificio nacional entre 1948 y 1951 con el esquema de planta libre, rampas para parqueaderos en un segundo piso, reservando el primero para oficinas nacionales y el resto para el aparataje de juzgados. El 20 de febrero de 1950 llegan en una visita de observación a la ciudad una tripleta de arquitectos: el suizo Le Corbusier, Paul Wiener y José Sert acompañados en un periplo local por el arquitecto e ingeniero Elberto González Rubio y Roberto McCausland, ambos graduados en universidades norteamericanas.

Muy en el espíritu de los urbanistas de la época en su plan de demiurgos urbanos, Le Corbusier sobrevoló a Barranquilla y desde arriba y abajo, en su recorrido terrestre formuló una serie de bocetos y planteamientos sin soportes económicos, sociológicos ni culturales. En realidad, el dúo Sert y Wiener –con Le Corbusier asociado- eran miembros de la empresa Town Planning Colaborative de Washington, que entró de asesora en el Plan Regulador de Barranquilla bajo contrato de la oficina de Planeación de la ciudad manejada por el arquitecto Christian Ujueta. En ese plan estuvieron Albert Hirchman, George Kalmanoff, Robert McCabe y Luis Vera con el apoyo de Urbat, de Colombia.

El diario La Prensa, en su edición 8764 del 14 de enero de 1950 edita una separata especial con el nombre Arquitectura y Urbanismo a cargo de la Sociedad Colombiana de Arquitectos en donde se muestra la maqueta de la nueva sede de la Alcaldía de Barranquilla, un edificio de 20 pisos, planta libre con un conjunto de edificios de dos pisos para el Concejo.  En realidad, el edificio, diseñado por José Alejandro García y Roberto McCausland, se redujo en su altura a la mitad quedando de 10 pisos lo que provocó molestias conceptuales en los diseñadores que encontraban –como efectivamente sucedió después- que esa era una solución precaria que dejaba diversas dependencias de la administración municipal sin oficinas. Propusieron varias soluciones: dos bloques paralelos de la misma altura al que consideraron inadecuado por la súper ocupación del terreno, escasez de zonas verdes, sin parqueaderos y anti estética en conjunto. Lo curioso del caso es que esta fue precisamente la solución adoptada, sin parqueaderos, sin zonas verdes ni espacios públicos, dejando una parte del lote para la construcción posterior del edificio de la gobernación del departamento. En un dibujo a mano alzada de los diseñadores señalan, con un matiz de amargura, que la obra planteada “no es acorde con el esfuerzo de la ciudad”.

La desarticulación institucional queda patente pues mientras el municipio emprende la construcción de la sede de la Alcaldía, la empresa norteamericana Town Planning tiene otras ideas y conceptos de mucho mayor envergadura y visión. Aparte de colaborar en el Plan Regulador (una especie de POT) diseñaron un centro cívico institucional en 1953 con una serie de edificaciones de disimiles funciones y formatos –entre ellas un domo para presentaciones artísticas y deportivas-, un teatro, articulados por pasos a varios niveles sobre la calle, con zonas verdes y parqueaderos en un gran espacio monumental institucional que no contó con los debidos auspicios –quizás por su carácter de obra faraónica y ambiciosa- para su feliz culminación. Muy a la moda latinoamericana de la época promovida por las torres gemelas del centro Simón Bolívar en Caracas con autopistas subterráneas, centros comerciales, espacios verdes y oficinas institucionales, construidas entre 1948 y 1954 bajo diseño del arquitecto venezolano Cipriano Domínguez.

El diseño de la torre de la Gobernación del Atlántico fue producto de un concurso público de méritos ganada por la firma del interior del país Penzo & Urquijo con un diseño del arquitecto Jairo Henao, con claro sello del international style tan de boga desde finales de los 50, con una solución más efectista en materia de protección solar, un recinto escultórico que hace contrapeso visual al conjunto destinado para la asamblea y un remate de terraza usando formas curvilíneas muy influenciadas por las propuestas de Le Corbusier en Chandigarh, India y en la Unidad de Habitación de Marsella, Francia con referencias en los recubrimientos a la arquitectura brasilera.

El edificio de la gobernación tuvo altibajos que paralizaron su construcción quedando en obra negra un buen tiempo hasta 1963, cuando el gobernador Prospero Carbonell McCausland traslada todas las dependencias, incluida la asamblea departamental, a la nueva edificación. No hubo posibilidad de zonas verdes y mucho menos de explanadas cívicas que le dieran contextura espacial y formal al Centro Cívico que se diseñaba y construía a retazos.

El lote contiguo al edificio nacional, destinado a otros edificios institucionales que se proyectaran para incorporarse a los tres edificios, bajo la visión de diferentes diseñadores y exigencias pretenciosamente denominado Centro Cívico, fue ocupado por vendedores estacionarios en la modalidad de venta de artículos de contrabando denominados Sanandresitos. Estaba destinado a la construcción del edificio de la empresa estatal Telecom así que era menester proceder a su desocupación. En mayo de 1964 se produce un desalojo después de negociaciones y puja de fuerzas políticas para encontrarles ubicación a los vendedores. Así que el sábado 30 de mayo de 1964, a las ocho de la noche, de acuerdo con la Resolución No. 184 de la Alcaldía Municipal, el Inspector 1° de Policía, en colaboración con el comandante de la División Atlántico procedieron a la desocupación total del lote que ocupaban los vendedores de San Andresito en el lote del Centro Cívico. Los comerciantes, que ya habían negociado su traslado, desarmaron sus casetas sin mayor intervención de la fuerza pública.

Pero no se trasladaron al sitio previamente escogido en consenso según determinación del Acuerdo 31 de 1963, que preveía su traslado a los patios de La Aduana como espacio propicio de ventas en el cual, por obra y efectos de ese mismo Acuerdo, no serían tratados por la autoridad como ocupantes de hecho de una propiedad privada o fiscal. 

Pero los vendedores estacionarios conocían perfectamente que en ese patio abandonado no llegaría la clientela y que más temprano que tarde, quebrarían. Así que tomaron todas sus mercaderías para dirigirse a la plaza de San Nicolás y allí se instalaron amparados en la Resolución No. 27, en un plazo de 90 días improrrogables. El Alcalde Juan B. Fernández señaló entonces que su despacho no había otorgado ningún permiso para la ocupación de la plaza de Colón (San Nicolás). La Resolución; por eso se indica que era una negociación política en donde lo que menos importaban eran los espacios del Centro de Barranquilla, estaba firmada por el presidente del Concejo Jaime Held.

Así fue. El 31 de mayo de 1964 los vendedores de San Andresito ocuparon la superficie de cemento de la plaza Colón cercando a la estatua con sus tenderetes, obligando a la huida a los pocos comerciantes formales que aún quedaban en la cercanía. No valieron los editoriales de Álvaro Cepeda Samudio en el Diario del Caribe el lunes 1° de junio de 1964 preguntando alarmado si se iba a instaurar en el histórico espacio otro Sanandresito: “Barranquilla amaneció ayer sorprendida por el grotesco espectáculo del insólito mercado en plena plaza pública. Y ahora, en lugar de un San Andresito hay dos: el de la Aduana y el de la plaza Colón, de dónde sin duda, deberán ser desalojados inmediatamente”. (Diario del Caribe, junio 1, 1964)

El edificio de Telecom fue diseñado por Manuel de Andreis en 1965 con suma originalidad en la concesión de espacios públicos, merced a su forma y estructura monumental, otorgando plazas con esculturas –allí anidó el telecondor de Alejandro Obregón en 1969, año de inauguración formal del edificio- diversos niveles de circulación, parafraseando en escala mínima parte de las propuestas de Town Planning Collaborative en 1953 y creando una especie de “cabeza” para los edificios institucionales de gobernación, alcaldía y juzgados que en conjunto presentaban un aspecto formalmente incoherente, truncos de zonas verdes y con nulos parqueos.

En otras palabras, de aquel Centro Cívico formulado por Town Planning Collaborative no quedaban sino meros rescoldos, esbozos, partículas. El plan propuesto por esta firma norteamericana en 1957 para el Centro de Barranquilla continua con plena vigencia: “El Centro Cívico debe ser más que un mero centro administrativo. Debe constituir el verdadero corazón de la ciudad, el orgullo de la comunidad, el símbolo del nivel cultural y el verdadero lugar de reuniones y concentraciones de sus ciudadanos. Por consiguiente, el Centro Cívico de Barranquilla contará con un teatro municipal, un museo regional con biblioteca pública y galería de arte, un edificio para convenciones y congresos”.

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