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Por: Jorge Guebely

Promover la dignidad del ser humano, función del artista según Gustavo Andrade Rivera, dramaturgo huilense. Enfrentarse al oficialismo, desnudar sus mentiras, develar los monstruos creados por la sociedad clasista, arriesgando el olvido. Algún día su labor brillará, la ignominia no es eterna.

Para matar la verdad guerrista del Estado colombiano, Andrade creó a Neftalí Silva, personaje-soldado que, en el fragor de las balas, no disparaba una. Se resistía a asesinar desconocidos por odios ajenos, por ambiciones de mezquinos. Sólo escribía cuentos y poemas en campos de batalla, su gran estrategia para construir vida. Personaje insólito, tan insólito como su teatro del absurdo, tan absurdo como la vida de los colombianos.

No hubo compasión, ningún asesino comprende la importancia de la vida. Lo acusaron de traición, de cobarde. Ninguna honorabilidad en los altos mandos militares, el instinto de sangre superaba la sensatez.

Instinto que los convierte en verdaderas y peligrosas maquinas de la muerte. No oyeron los argumentos del soldado, su doloroso testimonio de que toda guerra es injusta, de que cualquier guerra desenfunda los peores vejámenes contra el ser humano. Actividad ruin, estrategia arbitraria para robar y suprimir libertades. Arrebata la vida, tanto la de los asesinados como la de los sobrevivientes. Destruye el tejido social con tantas madres sin hijos y tantos hijos sin padres. Fomenta el odio, ningún vencido es eternamente vencido. Los profesionales del asesinato no sienten el dolor de la guerra, se inmunizan con las distorsiones mentales provocadas por el sabor de la sangre.

Y ante la fuerza bruta de una corte militar, Neftalí Silva ondea sus argumentos humanos para defender la vida, para huir de las muertes patrióticas:

SOLDADO: “Sí, alego que llegará el día en que todos los hombres repudiarán la guerra, convencidos de que no es justo ir por el mundo corrigiendo fronteras, robándose unos a otros su pedazo de tierra o su poco de libertad. Será el día en que los hombres, convertidos en seres humanos, hagamos el descubrimiento de que la cobardía consiste en matar, disparar desde las trincheras y en declarar héroes a los más rápidos con la ametralladora o los de mejor puntería con el fusil. Caso esté lejos el día, lo sé. Será preciso, antes, que unos cuantos de quienes tenemos el valor de negarnos a la matanza padezcamos la justicia de los matarifes. Nuestro castigo no será, entonces, el trabajo forzado, sino la espera de ese día. El castigo de ustedes, en cambio, será la certidumbre de ese día”.

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