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Por: Jorge Guebely

Duque y el uribismo recuerdan a Luis XVI y a la aristocracia francesa, la banalidad y peligrosidad de un mandatario obtuso, el espíritu absolutista de una casta podrida, los privilegios de las elites y la miseria de los pueblos, la revolución francesa y la protesta más larga en Colombia.

Como el rey francés, Duque, el uribismo y las elites nacionales, desprecian el pueblo, la plebe criolla. No son todavía ciudadanos. No merecen nada, excepto los mendrugos. Los ignoran, los engañan, los pudren comprándole el voto. Los hunden aún más en la miseria y el espanto.

Mucha vergüenza para Duque dialogar con la plebe, caer tan bajo. No dialogó con los indígenas del cauca, no los consideraba ciudadanos de bien. Su espíritu colonial los ve como pueblos vencidos, sometidos. Más bien les ordena volver a sus hábitats de excluidos.

Tampoco dialogó con los sanandresanos, la aristocracia no se unta de negritudes. Prefirió la pasarela en su visita después del huracán Iota. Prodigó muchas promesas falsas, “fakes news” político. Hoy, los sanandresanos continúan en las mismas ruinas, sin hospitales, ni albergues, ni colegios, ni techos… El agua existe especialmente para los militares. A la plebe negra sanandresana como la chocoana, desarmada, se la somete con falsas promesas.

Tampoco dialogó con el paro del pasado noviembre. Poco le importó el descontento nacional, el crecimiento de la pobreza, la descomposición social, las masacres populares, el asesinato de líderes sociales… Ninguna importancia si el desastre lo padece la plebe.

Tampoco le interesa dialogar con el actual malestar de la calle. Descontento de indígenas, jóvenes, campesinos, trabajadores, clase media… Con la plebe no se dialoga, se la estigmatiza. Se la califica de terrorista, castro-chavista, delincuentes, vándalos, narcotraficantes, guerrilleros. Se la somete y asesina con la jauría policíaca y la criminalidad paramilitar urbana. Le aplica el espíritu patibulario de la gente de bien. A los súbditos revoltosos se los amansa hasta convertirlos en obedientes, en esclavos, en piltrafas humanas.

Como el apocado Luis XVI, Duque utiliza la hipocresía. Defiende públicamente lo que destruye con represión. Inmoralidad de la doble moral. Manida estrategia; demasiado evidente para los jóvenes, para la plebe, para los ningunos. Las nuevas generaciones desentrañan mejor la podredumbre humana de su máscara.

Sólo falta la irónica anécdota de Rousseau consignada en “Las Confesiones”: “si los pobres no tienen pan para comer, que coman arepas”. Sería la certeza intuida: Duque y el uribismo no han superado mentalmente el siglo XVII, representan un verdadero delito histórico, una ridícula y peligrosa aristocracia tercermundista en el poder.

Nota: El contenido de este artículo, es libre, espontáneo y de completa responsabilidad del Autor, jguebelyo@gmail.com