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Por:  ARNULFO VALDIVIA MACHUCA

Eran 14 mil metros de terreno en la zona más exclusiva de Boca Ratón. Una despampanante península envuelta en los azules turquesa del Atlántico tropical de la Florida.

La casa costaría 15 millones de dólares, una minucia para la multimillonaria billetera de Bernie Ebbers, el entonces poderoso presidente de WorldCom, la segunda empresa más grande de telecomunicaciones del mundo.  Corría 1999 y el de Ebbers era uno de los casos de mayor éxito en la historia empresarial del mundo.

Inició como un minúsculo proveedor de larga distancia en Mississippi, pero Ebbers reconoció una tendencia que nadie en su industria había visto hasta ese momento: el surgimiento de los fondos de capital privado. Aprovechando la abundancia de dinero, Ebbers compró 65 empresas de larga distancia entre 1991 y 1997 y se convirtió así en el rival más agresivo de AT&T.

La fortuna de Ebbers se empezó a contar en billones de dólares. Pero la ambición rara vez conoce límites. Ebbers decidió entonces gastar su dinero y seguir pidiendo prestado para crear nuevos negocios, utilizando como respaldo sus acciones en WorldCom. No pidió poco: se endeudó con 400 millones dólares. Cuando una fusión con Sprint falló en 1999, las acciones de WorldCom se desplomaron y los bancos empezaron a cobrarle a Ebbers. Incapaz de pagar, empezó a tomar dinero de WorldCom para cubrir sus obligaciones hasta que en 2002 la empresa cayó en una de las bancarrotas más famosas de los últimos tiempos. Ebbers fue acusado de fraude y sentenciado a 25 años de prisión.

Si bien el pecado de Ebbers es reprobable, en aquellos años la pobre ética empresarial no era necesariamente castigada. Los millenials y centennials han modificado esto radicalmente. Dos fenómenos, la transparencia digital y los intereses de nicho, hacen hoy de las empresas y sus directivos blancos de escrutinio público permanente y hasta de acoso social.

Los animalistas denuncian el uso de animales en experimentos; los guerreros del comercio justo boicotean cualquier producto que explote la pobreza; las feministas y los LGBTIQ++ denuncian con ferocidad a organizaciones que no mantienen un equilibrio de género. Incluso el cuestionamiento de la ostentación ha dejado de ser exclusivamente dirigido a los políticos y se ha extendido a los ejecutivos privados. La ética siempre ha sido recomendable a nivel organizacional, pero hoy en su acepción más amplia es un asunto de absoluta supervivencia empresarial.

Bernie Ebbers fue encarcelado, pero conservó gran parte de su fortuna, porque construyó una estructura financiera que hizo imposible embargarlo. Gastó casi todo en abogados y logró su libertad. Con un inconveniente: murió a los dos meses de haber salido. Y es que el castigo a la deshonestidad no siempre viene de la ley del hombre. Es el consejo moral de tu Sala de Consejo semanal. 

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