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Por: GASPAR HERNÁNDEZ CAAMAÑO.

«El genio del AMOR consiste en poner, en la unión, una diaria novedad«. André Maurois.

El filósofo francés Luc Ferry, ex-ministro de educación durante el gobierno socialista de Francois Mitterand, en el libro «Familia y Amor«, presenta «Un alegato a favor de la vida privada«. Recurro al texto luego de conocer, publicitariamente, unos finales de las historias de amores familiares de estrellas del espectáculo: Del arte escénico. Cinematográfico. Musical.

Aludo al veredicto del jurado popular que falló a favor del célebre actor Johnny Deep, pirata hasta en el amor, en el juicio civil que por difamación promovió, como víctima, contra su ex-esposa, la también famosa actriz Amber Heard, que creyó ser víctima de violencia sexual masculina. Una «mise escene» judicial. Un juicio mediático que dejó mucho por aprender. Como «los trapos sucios se lavan en casa».

Pero, lo que resalto como motivo para la reflexión es el contenido del brevísimo, -entre más breve mejor- comunicado en que la pareja, también estrellas, de nuestra querida Shakira y el catalán Gerard Piqué, ex-futbolista del mejor equipo del mundo, Barça Futbol Club, anunciaron el final de un romance de canciones (La Bicicleta) y auto-goles. Otro espectáculo. Muy familiar. También mediático. 

El comunicado es del siguiente tenor:

«Lamentamos confirmar que nos estamos separando. Por el bienestar de nuestros niños, que son nuestra máxima prioridad, pedimos respeto a la privacidad. Gracias por su comprensión». (resaltado mío). 

Estas pocas líneas expresan mucho. Mucho por aprender. Demostrando que Shakira, la nuestra, es una gran educadora, no como otras «tituladas» pregoneras del respeto, pero sin acciones positivas en la vida real. Ese comunicado es una «master class«.

La petición de respeto a la privacidad, en el texto redactado, presumo, por Shakira (Pique se jugó la vida con los pies), indica que en Occidente todo lo justo que se intuye debe ser público, como relató Octavio Paz en la alcoba y la plaza, uno de los capítulos del bello libro: «la llama doble«, donde cuenta la historia del Amor Romántico. Ese que duele, el que cantan los boleros, las rancheras y los vallenatos. El que casi siempre conduce al altar. O al cementerio, como el de Romeo y Julieta. Además se vive creyendo que las estrellas no tienen vida privada.

Por eso, es menester recordar, aquí y allá, que la privacidad es uno de los derechos fundamentales, tanto de la persona, como individuo, como de la familia, como institución social. Derecho consagrado en nuestra Constitución Política como en nuestra Legislación vigente, en asuntos de niños.

Vale la pena anotar acá los postulados en la Carta de Derechos cuyos artículos 5, 15 y 42 consagran el derecho a la intimidad, como manifestación de satisfacción de la persona consigo misma, con su vida y sus acciones. Los cito brevemente, solo como ilustración.

Art. 5. «El Estado reconoce, sin discriminación alguna, la primacía de los derechos inalienables de la persona y ampara a la familia como institución básica de la sociedad«.

Art. 15. «Todas las personas tienen derecho a su intimidad personal y familiar…».

Art 42. (…) «La honra, la dignidad y la intimidad de la familia son inviolables«.

Tres normas constitucionales que son un «corpus» de derechos familiares que deben respetarse, más allá de las celebridades. No se sí en el país esos derechos inalienables e inviolables se respetan y amparan en los mismos hogares o senos familiares. Bonita indagación por hacer en un juzgado de familia.

El pensar de Luc. En un párrafo del capítulo III, la intimidad sagrada, el nacimiento de un nuevo humanismo, del libro citado, el filósofo Luc Ferry enseña lo siguiente:

«En las últimas décadas, la relación entre lo público y lo privado se ha invertido, de modo y manera que se puede afirmar que el fenómeno más importante de estos últimos años es, sin duda, el siguiente: aunque no seamos aún del todo conscientes de ello, progresivamente hemos ido pasando de unas familias al servicio de la política (como ha ocurrido, por ejemplo, siempre que había una guerra), a una política al servicio de las familias. De ahí la importancia que ha ido adquiriendo todo lo que tiene que ver con la educación, la seguridad, la salud, la vivienda, los transportes, la regulación del ocio, etcétera; en suma, de las diversas formas de la preocupación, colectivas algunas de ellas, pero surgidas no obstantes en el ámbito de la intimidad, y que por costumbre seguimos tratando de forma meramente gestionaría, sin percibir la nueva dimensión de afectos y sentidos de la que están investidas. Lejos de que esta nueva faceta del individualismo constituya un mero repliegue egoísta, como los reflejos propios de la política clásica inducen apresuradamente a creer, la esfera privada se está convirtiendo, ante nuestros propios ojos, en el gran asunto público del mañana«. (págs. 83 y 84).

Ante esa evidencia que advierte el filósofo, el llamado de la publicitadísima Shakira, la nuestra, a respetar la privacidad de su familia, se convierte en una lección, no solo de educación social, sino de pedagogía familiar. Veamos que nos enseña Shakí como la llamamos, en familia, sus vecinos de Barranquilla.

Las lecciones de Shakira.

Del brevísimo, pero complejo y sabio comunicado que, no dudo, redactó nuestra cantante, la ñera, Shakira, extraigo estas lecciones:

1. La pasión se acaba. Si no hay invención diaria, como enseñó Maurois, la pasión que aviva el amar se acaba. En el matrimonio, según la psicología cognitiva (Robert Steinberg), puede durar dos años, más allá de la luna de miel. O sea, no es eterna hasta que «la muerte los separe», como predica el catolicismo, en su creencia monogámica del amar, -sí verbo- en pareja. Todo tiene su final, cantó Héctor.

2. La infidelidad es zoológica. Cuentan que la separación del futbolista y la cantante se debió a un filtreo o affaire extra-matrimonial. Esa es una causa legal, si sé prueba idóneamente (que lo dudo), de divorcio. Pero es una evidencia más que el amor es biología-cultural, como enseñó H. Maturana. Y que el animal humano, por mamífero, es infiel por natura, sin distingo de género. Sólo la educación conjuga el deseo. El instinto animal. Por eso, en el amar no se puede caminar con los «pies descalzos». Ni ciego. Ni sordo. Ni mudo. Hay que andar amando con los siete sentidos. ¿Adivinen?

3. La familia son los hijos y los hijos de los hijos. Hijos y nietos son los hilos de la sangre, la philia, que alargan la vida. De allí, que por más separación que exista, no se puede irrespetar EL amar a los hijos y, más allá de ellos, a los nietos – ¡la prolongación de la existencia!, canto un poeta -. Quien impida ver a los nietos niños niega la familia e irrespeta la sangre por más que vaya a misa.

4. Una separación no es una guerra. Es común en el Caribe -no sucede en Paris- convertir la separación afectiva de una pareja en una guerra familiar. Así que la separación de Shakira de Piqué o de éste de «la killera», anunciada en el comunicado, en comento, es otras de las lecciones que se deben aprender. No se puede convertir en escándalo de esquina o pasillos de juzgados (¡ah! Virtuales) la culminación de una pasión amorosa que dejo frutos infinitos: hijos. Así que «el que no sabe que aprenda». ¡Chao! Se acabó. ¡Adiós! Otra cosa es la liquidación del patrimonio conyugal. 

5. lo íntimo y la niñez deben respetarse. Lo que más destaco es la afirmación siguiente: «por el bienestar de nuestros niños«. No dice Shakira que los niños Piqué son sólo hijos de ella. Usa el plural «nuestros niños«. Y pide respeto por ellos. Entonces, tanto Medios como Redes están llamados a la Decencia y no mencionar a los hijos de la expareja en sus noticias y/o chismes. Recuerdo acá que los derechos de los niños son superiores. El amor educa. Y el comunicado, leído en contexto, repito es una master class

La próxima: El derecho a comprender y fortalecer aprender a leer.

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