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Por: GASPAR HERNÁNDEZ CAAMAÑO.

OBLIGATORIO ESTUDIAR LA CONSTITUCIÓN, QUE INADMITE EL CONCEPTO: «LA VERDAD», POR SER CARTA DEL IDEARIO LIBERAL. 

«Hay que transmitir LA MEMORIA HISTÓRICA, porque se empieza por EL OLVIDO y se termina en LA INDIFERENCIA«. José Saramago. Premio Nobel Literatura.

En Colombia no sé está estudiando. o educando. Los jóvenes se matriculan con gratuidad, becados u onerosamente en universidades solo para graduarse e irse a laborar en el primer empleo que encuentren. La cobertura, su obsesionante aumento, está literalmente «matando» la calidad en nuestra educación superior, cuyas instituciones desarrollan nuevos programas académicos sólo y exclusivamente pensando en el mercado. No se educa para formar en el joven el concepto creativo del trabajo como principio constitucional.

En reciente columna, el exrector de la UniNorte, filósofo Jesús Ferro Bayona afirmó: «No se trata solo de más cobertura, sino de universalizar con calidad la educación de una población cercana a 20 millones entre 0 a 25 años» (El Heraldo 24/7/22). Ferro tiene razón. El asunto es de calidad educativa, no solo de empleabilidad. Entre empleo y trabajo existe una distancia hermenéutica significativa. no son ideas idénticas, aunque relacionadas. Vasos comunicativos. Un tema para reflexionar.

Mi percepción, que puede estar equivocada, nace de la aparente escasez de líderes o dirigentes jóvenes, menores de 50 años, en el país con capacidades individualmente comprobadas para sacrificarse en la dirección del Estado desde los órganos del poder político. Una demostración de este supuesto es la edad de los ministros del nuevo gobierno del cambio o «pacto histórico»; en su mayoría adultos «mayores». Abuelos en el poder. Es decir, no se nota un cambio generacional significativo. No ignoro que la edad no descarta sabiduría. Solo que no estamos en el Reino Unido, sino en un país tropical donde la juventud necesita oportunidades y éstas solo las abre la educación de calidad. ¿Me explico?

Los jóvenes talentosos, en un significativo porcentaje, se van al exterior. A estudiar pregrado o postgrado, pues dudan de la calidad educativa que el país pueda brindarle. Los gobiernos están empeñados en aumentos de cupos e infraestructura, más no es vigilar la calidad que se imparte en aulas públicas o privadas, sin atender que la educación superior exige aptitudes (art.69 constitucional). Es decir, capacidades para triunfar con esfuerzo y sacrificio. 

Muestra de esta farsa educativa es la que exhiben los personajes de la siguiente: polémica medieval. 

«Todo es presencia/ Todos los siglos son esté presente». O. Paz

Antes de posesionarse en el nuevo empleo, algunos ministros del nuevo gobierno, anunciaron cambios en las gestiones de sus carteras. Uno de ellos, el de educación nacional invitó, en un video, a las instituciones de educación a vincularse en el estudio de LA HISTORIA a partir de conocer, en las aulas o «jaulas» escolares el informe de la comisión para el esclarecimiento de la verdad, la convivencia y la no repetición, en relación al conflicto armado en Colombia, recientemente difundido. Dijo el ministro que ese era, también, interés del Sr. presidente de la República: enseñar la historia. 

Tanto el ministro, ex-rector universitario, como el presidente, ex-guerrillero urbano, entienden, al parecer, la historia desde sus opiniones, ideas o banderas políticas, no desde la estatura metodológica de esa importante disciplina de las ciencias sociales y humanas.

La invitación del ministro fue interpretada, dentro del encrespado clima politiquero que aún vivimos, como una imposición y generó un debate bizantino sobre la verdad, por el origen de la información «oficial» que se pretende enseñar como historia. Lo cierto es que la postura «oportunista» del ministro Gaviria, a mi entender, contrasta con la postura humanista expuesta en discursos universitarios y en libros.

En uno de ellos, «en defensa del humanismo, Reflexiones para tiempos difíciles»(Ariel) propone cinco (5) puntos para desarrollar «una visión moral de la universidad», los cuales resumo así:

1. Pluralidad,

2. Diversidad socioeconómica,

3. Sostenibilidad,

4. Impacto e

5. Innovación.

¿Cómo así que se “debe” enseñar la verdad de la historia, con el énfasis que tal “verdad” favorecería en su enseñanza escolar el origen causal del que deviene el nuevo poder en el ejecutivo nacional?

Es vital decir que en las ciencias o disciplinas humanas y sociales la verdad no existe. Ni en filosofía, ni en derecho. Y menos en la historia, máxime cuando la orden deviene del PODER impositivo de un presidente o de un ministro. Es decir, la verdad oficial.

En esas divagaciones andaba, en momentos de la redacción de esta, mi opinión, cuando una tarde de sol y sombra, me tope que el historiador amigo, Pedro Castellón Patiño. Lo detuve desde el saludo le presenté mi inquietud sobre enseñar la verdad de la historia. Y «Peter», como lo llamo desde el bachillerato y la universidad, me dijo:

«La historia, desde los anales de la escuela francesa, no admite sesgos ideológicos. el historiador no puede tener «marquilla», como la cruz del miércoles de ceniza», en la frente. y ello porque la historia es el conocimiento de los sucesos y sus tiempos«.

Aclarado, para mí, el asunto. Pregunto: quieren sesgar desde el poder del «pacto histórico, la historia como disciplina ideologizándola, cuando lo que consagra en materia de educación la Constitución Política vigente (hasta cuándo) es que:

«El estado garantiza las libertades de enseñanza, aprendizaje, investigación y cátedra«(art. 27).

¿Insinuar, invitar u ordenar una asignatura es, pregunto, garantizar esas libertades constitucionales o infringir los postulados liberales de la educación en Colombia consagrados como derechos individuales en la constitución?

Quienes hablan de «la verdad» desde el poder político son los dictadores. Y en la historia de la literatura latinoamericana están bien retratado muchos de esos «señores». Tanto los dictadores gobernantes, como los dictadores de clase como presumo son los dirigentes del gremio de «Fecode» que ignorando la Constitución ideologizan la educación. Será que el subconsciente comenzó a ¿exhibirse? El poder es una droga, enseñanza de la Roma de emperadores, contaron los historiadores.

Entonces, decidí confirmar una intuición: existe la idea de «la verdad» en la gramática democrática de nuestra constitución política redactada en 1991 para un ideal estado social de ¿derecho? Revisé el índice del ejemplar de la 45a edición del 2021 de la constitución política de Colombia de Legis. Y comprobé que en su extenso y abundante articulado no existe la expresión: la verdad. Razón de esa ¿ausencia? Es una Constitución Política pluralista (art 1o). Y como tal no está casada, «esposada», con la verdad por más serios y respetables que sean los maestros de «la escuela que abraza la verdad«. ¡Entendido!

Ahora, para mayor ilustración al presidente de la República, al ministro de Educación y a los dirigentes sindicales de Fecode me permito transcribir el texto del artículo 41 de la vigente Carta Política –norma de normas– que enseña:

«En todas las instituciones de educación, oficiales o privadas, serán obligatorios el estudio de la Constitución y la instrucción cívica. Así mismo se fomentarán prácticas democráticas para el aprendizaje de los principios y valores de la participación ciudadana. El Estado divulgará la Constitución».

Les pido el favor, amigos lectores, me informen sí en la escuela del barrio o vereda, el Ministerio de Educación ha realizado campaña para enseñar, fomentar y divulgar el lenguaje plural de la Constitución Política de Colombia. Quedo atento.

Al cerrar la anterior reflexión me enteré que ya se prepara otra cartilla de «la verdad». Es evidente que regresamos a Bizancio: lugar y tiempo de fanáticos. ¡He dicho!

La próxima: Nueva Ley a favor de Abuelos y Nietos

Nota: El contenido de este artículo, es libre, espontáneo y de completa responsabilidad del Autor.