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Por: Jairo Eduardo Soto Molina

 «Una sociedad que no interpreta y aprecia correctamente su pasado no puede comprender sus fortunas y adversidades actuales y puede ser sorprendido por sorpresa en un mundo en constante cambio». (Dawood Ibrahim Kaska)

Internacionalmente, los grandes lideres y senadores norteamericanos han ponderado el primer discurso de Gustavo Petro, ante el pleno de la Organización de Naciones Unidas (ONU), en el que criticó la guerra contra las drogas, el consumismo y comparó a la cocaína con el petróleo y el carbón, fue una muestra de cambio de oratoria a lo tradicional que se ve en este encuentro anual de líderes, quienes lo cual aplauden y terminan calificándolo de excepcional. Después semejante intervención en la ONU y luego de responsabilizar a las grandes potencias económicas de lo que pasa en el planeta, Putin y Biden ahora buscan a Petro y lo reconocen como un líder importante. Por una parte, Putin dice que Colombia es un socio prometedor de Rusia en Latinoamérica, y por otra, Joe Biden invita a ser uno de los lideres en la cumbre Global sobre seguridad alimentaria. Una de las banderas del gobierno de Gustavo Petro es la lucha contra el hambre. El presidente, en este sentido, ha propuesto un desarrollo rural en Colombia y cumplir con los acuerdos de paz que propone la entrega de 3.000 hectáreas de tierra fértil al campesinado colombiano, para comenzar a cerrar la brecha de inequidad que ha suscitado la violencia en el país

Estos son hechos para resaltar, en aras de construir criterio con objetividad. Aquellos que carecen de pensamiento crítico este discurso les pareció caótico. Pero la falta de formación y cultura política, por demás educación, en la mayoría de los casos, propician que los ignorantes articulen discursos, ellos sí carentes de sentido lógico. Los intereses particulares y la misma ignorancia no les permiten observar la realidad.  Mientras el mundo engalana a Petro por su liderazgo, “los pupis naufragadores” del país, lo ensalzan con sus brutales actitudes generadoras de violencias y fobia por las verdades de Colombia. Esas que los corruptos han acrecentado en su bienestar sin mirar ese pueblo vulnerable y fácil de vulnerar y domar con espejismos traídos e influenciados por matices conocidos por pocos, pero desconocidos por todos. No se dan cuenta del líder. Solo de los intereses egoístas y mal sanos de esta pupis que no quieren perder la ubre y la herencia política, y desean mantener el caos en este pueblo que en verdad merece otro trato lleno de posibilidades u oportunidades. Que triste ver por qué no somos tuertos, en esta nación de ciegos. Tan solo 45 días y el presidente ha visto su reputación y capacidades crecer dentro del concepto internacional, cosa que no pasa internamente en sectores sociales en Colombia, en que la mediocridad y comportamiento de los esclavos dé la corrección esperando que Petro la hierre para poder ser felices. No logro imaginarme ¿cual habría sido el discurso de Rodolfo Hernández, en igual circunstancia?

Ahora sí nos vemos representados con un presidente que tiene coherencia con la realidad evidente de nuestro país que analiza las causas para idear propuestas que logren resultados para la vida, para la dignidad humana, para la paz y el medio ambiente. Gustavo Petro, al contrario de los últimos presidentes, se preparó durante 30 años para ocupar ese cargo. Tiene la inteligencia y la formación para ponerla al servicio de resolver los grandes problemas del estado colombiano. Contrario a aquellos, tuvo mucho que decir, y bien dicho, porque se podría interpretar como un discurso antiestadunidense (por no decir anti americanista) con argumentos soportados con pizas finas para no herir susceptibilidades y nacionalismos. Hasta el punto de despertar simpatías en dos bloques antagónicos como el socialista y el capitalista.

Al término del discurso de Petro pude cantar aquella canción que en su estribillo reza: ¡HAY QUE ORGULLLOSO ME SIENTO DE SER COLOMBIANO! Y luego…brindar diciendo: A mí deme un aguardiente, un aguardiente de caña, de las cañas de mis valles y el anís de mis montañas. No me dé trago extranjero que es caro y no sabe a bueno, porque yo quiero siempre lo de mi tierra primero.

Citas al cierre

“Es una realidad que las drogas destruyen. Donde crecí no había otro camino, y todavía no hay una manera de sobrevivir”. (Chapo Guzmán).

 “Que la guerra contra las drogas fortaleció las mafias y debilitó los Estados. Que la guerra contra las drogas ha llevado a los Estados a cometer crímenes y ha evaporado el horizonte de la democracia. ¿Vamos a esperar que otro millón de latinoamericanos caigan asesinados?” Gustavo Petro (en su discurso de posesión).

Tomémonos un tinto seamos amigos. Sigan siendo felices, Jairo les dice.

Nota: El contenido de este artículo, es libre, espontáneo y de completa responsabilidad del Autor. Jairo Eduardo Soto Molina, Profesor de tiempo completo titular, investigador 1279 (80), Doctor en ciencias Humanas, Par académico MiniCiencias-MEN