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Por: Esteban David Gallardo Murillo

Las elecciones a los distintos cuerpos colegiados de la universidad del Atlántico en cada uno de sus estamentos (Estudiantes, Egresados y Docentes) ha evidenciado el más álgido de los escenarios de polarización política de los últimos años al interior del alma mater, permitiendo evidenciar todo tipo de desfachateces, incongruencias y aún más lamentable, deslealtades. Para entender la decadencia política de los últimos escenarios resulta imprescindible entonces poder definir una serie de conceptos elementales, en un primer momento la Minoría de Edad Política que configura la pelea de perros y gatos que experimenta el sector del hoy gobierno.

La minoría de edad radica en la incapacidad de servirse de la propia inteligencia sin la ayuda de otro (un cacique político o alguna matriarca), principalmente, cuando esta incapacidad reside en la pereza y la cobardía (falta de decisión y valor para tomar postura) y no en alguna falta natural del intelecto. (Kant, 1998) La mayoría de edad desde esta perspectiva, comprende la capacidad de elaborar juicios según su propio criterio y tomar decisiones en coherencia con este, mantener la decencia, los modales y la capacidad crítica de razonar desde más de un extremo; de esta manera no solo es sencillo señalar la minoría de edad de gran parte de la militancia de la Colombia Humana, sino también de muchos de sus dirigentes.

Todo lo anterior materializado en la Macartización política (persecución y estigmatización de los que piensan distinto) de los diferentes, durante gran parte de la jornada electoral los insultos e intentos por degradar la integridad de candidatos (1,2) y personas afines a algunos proyectos políticos, no se hizo esperar desde la “vanguardia moral” de la militancia del Pacto Histórico, que debería pasar a llamarse el Sectarismo Histórico en el entendido de que este mismo ahora solo contempla la legitimación y materialización de la voluntad del “iluminado” pero poco útil Nicolas Petro.

Expresiones como “muertos de hambre”, “vendidos”, “traidores” y muchos insultos más, dejaron a la Universidad del Atlántico con el “Fétido olor a mierda” del que Gabriel García Márquez refería en muchas de sus obras, que en este caso emanaba de la boca de aquellos que se han autoproclamado defensores de la educación y que sin ningún remordimiento atentan contra la institución, trayendo consigo la mayor pantomima que ni el más grande autor del realismo mágico podría imaginar y retratar, a modo de símil, es posible afirmar que lo que se vivencia, no más que un intento desesperado por remplazar a un clan con otro clan, pero el segundo haciéndose llamar progresista, pero ladrón y embustero.

Los intentos por comprar las planchas de los candidatos de distintas representaciones durante las elecciones de estudiantes no dio muchos frutos, pues se encontraron con lideres críticos y comprometidos con su propio proyecto, sin embargo, los rumores apuntan a que en las instancias superiores de egresados la situación no fue la misma, y por esta razón a pesar de los intentos rebuscados de Nicolás Petro de apoderarse de los votos del CSU, hoy los egresados de la Universidad del Atlántico escogieron el Pacto, pero el de la Excelencia.

La derrota en las elecciones a los distintos cuerpos colegiados de docentes y la frustración evidente por la no ocupación absoluta de todos los cuerpos de representación al interior de las representaciones estudiantiles ha configurado un ambiente hostil, en donde los roces y agresiones de todo tipo han extrapolado una realidad política consistente, la incapacidad de muchos de estos sectores de elaborar una propuesta académica de Universidad, más allá del vivir sabroso  que muchos han interpretado como no dar clases y dejar morir la academia, con ello el posicionamiento de la violencia física y la persecución política como un canibalismo obsesivo impregnado y autodestructivo.

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