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Por: Jairo Eduardo Soto Molina

“Ningún jugador es tan bueno como todos juntos”Di Stefano.

Debo comenzar mi escrito señalando que no soy un neófito ante el tema del futbol, sino una voz autorizada, como la de algunos exfutbolistas, periodistas, técnicos y conocedores de este apasionante deporte. Fui un futbolista que estuve en la selección Atlántico en 1974 y 1975 en campeonatos nacionales en Cúcuta y Santa Marta, cuando la bahía más linda de América cumplió 450 años. Jugué con jugadores como “el cachaco” Vargas, remoquete por su parecido a la gente del interior; al igual que sus hermanos, Fernando Fiorillo, Alcides Gómez, desaparecido en la pasada pandemia y Gilberto Cabrera, lateral izquierdo que junto a Luis Grau tuve un paso fugaz por el deportivo Pereira, Pero también con jugadores que nunca llegaron al profesionalismo como Javier Marriaga, Oscar Vengoechea, etc.

Mi carrera como futbolista se vio truncada abruptamente debido a una lesión devastadora en los ligamentos y meniscos. Este revés no solo marcó el fin de mi trayectoria en el campo, sino que también sembró la semilla de una nueva pasión: la dirección técnica. Realicé un curso de entrenador ofrecido por la liga de fútbol del Atlántico con técnicos como el caimán Sánchez, Roberto “el flaco” Meléndez, Don Antonio Julio De la Hoz Y Antonio Rada. Opté por seguir mi amor por el fútbol desde una perspectiva diferente, convirtiéndome en entrenador en el pintoresco barrio de El Carmen en Barranquilla. Allí dirigí a un equipo llamado Estudiantes de la Plata por mi admiración a ese Club argentino donde jugaron Mariano Andújar, Marcos Angeleri, Christian Cellay, Leandro Desabato, Juan Ramón “la bruja” Verón, Gastón Nicolás Fernández, Rodrigo Braña, José Sosa, y posteriormente Enzo Pérez y Juan Sebastián Verón. Tuve dirigidos como Roberto Montero “Paco” Estanislao “el Tany” Jiménez, Carlos Salas, Paramo. “el pochi”, un arquero García que pudieron ser fácilmente titulares de cualquier club profesional de futbol colombiano.

Comparado con otros futbolistas nacidos en Rébolo y el barrio San Roque, donde también residí, mi camino tomó un giro inesperado pero significativo. Mientras algunos colegas continuaron su ascenso en las canchas, yo encontré un nuevo propósito en la formación de jóvenes talentos y la estrategia táctica. Aunque mi vida como jugador llegó a su fin prematuramente, mi transición hacia el rol de técnico me permitió seguir involucrado en el deporte que tanto amo, dejando una huella distinta pero igualmente importante en el mundo del fútbol barranquillero. Fuimos campeones y le ganamos a equipos tradicionales como Nápoles, Trasscarrier, Telecom, Talleres Góngora, etc. Ya para el año 1978 me dediqué a mis estudios de licenciatura en Filología e Idiomas en la Universidad del Atlántico y posteriormente mis estudios avanzados continuando con una pasión que nació en la escuelita de la cuadra o el preescolar de aquellos tiempos con la seño Aba Belén y que aún sigue viva. Mi vida cambió en1977 con aquella lesión en Cali. De seguro no sería lo que hoy soy.

Mi conexión con el Junior de Barranquilla va más allá de cualquier relación con la familia Char, propietaria del equipo. Mi arraigo con el Junior se fundamenta en un lazo identitario profundo: ambos nacimos en el histórico barrio de Rébolo. Desde mi infancia, el Junior ha sido parte integral de mi vida, representando no solo un equipo deportivo, sino también un símbolo de pertenencia y pasión compartida con mi comunidad. Es importante destacar que mi vínculo con el club se basa en el amor por el fútbol y los valores que representa, y no en relaciones externas. Mi compromiso con el Junior se deriva de mi historia personal y mi dedicación al deporte, independientemente de cualquier asociación política o económica. En mi corazón, el Junior es más que un equipo de fútbol; es una parte esencial de mi identidad barranquillera y un reflejo de los valores arraigados en nuestro querido Rébolo. Soy abonado desde que se crearon los abonos y sigo al equipo nacional e internacionalmente y esa pasión se la enseñé a mis hijos y sobrinos; enseñanza que recibí de mi padre en 1966 cuando en sus hombros veía los partidos en el viejo estadio Romelio Martínez.

Todo lo anterior sirva como fundamento para decirles que Junior no es ningún super equipo ni es el PSG del futbol colombiano como dicen ciertos “microniferos” para citar al más grande periodista deportivo Don Chelo de Castro C. Los jugadores de primer nivel que tiene Júnior son los 11 que alinearon anoche:  Santiago Mele; Walmer Pacheco, Jermein Peña, Brayan Ceballos, Gabriel Fuentes; Didier Moreno, Víctor Cantillo, José Enamorado, Deiber Caicedo, Yimmi Chará; Carlos Bacca.

Aquí les va mi humilde análisis como conocedor del futbol, solo los jugadores de primer nivel del Junior son los 11 que alinearon anoche, junto con “el Cariaco” González, y los lesionados Salazar y Pérez, quienes también tienen un nivel destacado. Junior carece de una plantilla completa para competir en eventos como la Copa Libertadores. Si junior quiere pasar de Octavos de final que muy corajudamente pasará debe contratar 4 figuras mejores que los once titulares y las tres únicas alternativas citadas, o al menos del mismo nivel. Es decir, ayer el técnico, Arturo Reyes cometió un grave error al reemplazar a Enamorado, Bacca y Caicedo, porque le quitó la preocupación al técnico Fabián Bustos, del equipo universitario del Perú, de sacar a los mejores jugadores del partido de ayer fue entregarle el manejo del partido al equipo universitario. Ni Bladimir, ni el Titi” Rodríguez pueden remplazar a Caicedo o a Enamorado y menos Marco Pérez a Bacca. Junior ya no cuenta con “gol de leche”, Alcides Gómez que lo metía Varacka y solucionaba el encuentro, “el perilla” Angulo, Molinares, el curro Cortez, o el Tutonendo Valencia, quienes tenían el poder de anotar goles en cuestión de minutos al ser ingresados, ni “Blacho” va a hacer lo que hizo en Medellín y le valió su renovación con el Club.

Concluyo señalando que, si no se incorporan refuerzos de calidad en el Junior de Barranquilla, es poco probable que el equipo avance más allá de los octavos de final en la Copa Libertadores de América.

Cita al cierre:

“Gracias al fútbol, un país mísero puede ser grande”, Roger Milla.

Tómenos un tinto, seamos amigos. Sigan siendo felices, Jairo les dice.

Nota: el contenido de este artículo, es opinión y conceptos libres, espontáneos y de completa responsabilidad del Autor. JAIRO SOTO Profesor de tiempo completo titular, investigador 1279 (80), Doctor en ciencias Humanas, Par académico MiniCiencias-MEN