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Por: Armando Luis Arrieta Barbosa

Generalmente, las grandes ciudades incluyen entre sus fechas históricas más significativas, el día de su fundación. Barranquilla es una excepción. Ha hecho tradición, tomar el día 7 de abril de cada año, como la fecha histórica más importante de la ciudad. Es decir, el día de 1813 en que el sitio de San Nicolás de Barranquilla fue erigido Villa por parte del Estado de Cartagena.

Ahora bien, ¿Por qué razón Barranquilla no conmemora su fecha de fundación como lo hacen otras ciudades? Pregunta, a la cual se podría responder de manera sencilla: porque esta ciudad no resultó de una fundación, sino de un proceso de poblamiento. En consecuencia, no es posible saber con exactitud el año y, mucho menos, el día en que inició su primer núcleo poblado.

Por esto último, fuera de aquellas hipótesis que proponen fechas de fundación sin ningún fundamento, las demás, solo se aproximan al momento histórico y al espacio en que surgió esta ciudad. Entre estas, las más conocidas son, la que sugiere buscar el pasado de Barranquilla en la época indígena, la que atribuye su fundación a indígenas ganaderos de Galapa y la que explica su origen en el interior de una hacienda ganadera. Sin embargo, estas tres propuestas presentan falencias que la aleja de la realidad histórica.

La primera, porque pese a que su autor, Carlos Angulo Valdés, apoya su propuesta en la existencia de un yacimiento arqueológico en el sector del barrio Abajo, el pueblo indígena que dejó sus rastros en dicho sitio, había desaparecido al momento de surgir Barranquilla. Esto, debido a la captura de esclavos, al duro trabajo en la boga y a las enfermedades epidémicas introducidas por los españoles. Además, porque sus adultos sobrevivientes, fueron recogidos por Pedro de Barros en 1560, y los últimos reductos de este pueblo, trasladados a Galapa en 1610, por orden del visitador Juan de Villabona.

La segunda hipótesis debe desecharse, no tanto por estar alejada de la realidad, como suele pensarse, sino, porque su autor, don Domingo Malabet, no intenta explicar el origen de Barranquilla, sino del sitio de libres de Camacho. Es decir, de un caserío de blancos y mestizos que existió en la ribera del caño de Veranillo (hoy de las Compañías), el cual resultó del traslado de los ganaderos y estancieros agrícolas que vivían en las tierras dadas en resguardo a los indígenas de Galapa en 1611.

Aclarando de paso, que Malabet no afirma en ninguna parte de su relato original, que los “vecinos pobladores de Galapa” que se trasladaron con su ganado al río, fueran indígenas y, mucho menos, los fundadores de Barranquilla. Los que afirmaron esto, en realidad, fueron José Ramón Vergara y Fernando Baena, quienes tomaron el relato de Malabet, le hicieron modificaciones y lo incluyeron en su propuesta sobre el origen de esta ciudad. Siendo precisamente aquellos, los responsables del llamado “mito fundacional de Barranquilla”.

También, por diversas razones, se considera poco viable la propuesta de José Agustín Blanco Barros sobre el origen de Barranquilla en el interior de la hacienda San Nicolás. Una primera razón, es porque a mediados del siglo XVII, cuando apareció el sitio de las “Barrancas de Camacho”, el que dio inicio a la ciudad, esta hacienda era una gran estancia ganadera con 300 reses y 270 cerdos, según un avalúo de bienes realizado en 1655. De lo que se colige por sentido común, la poca probabilidad de que aquel caserío se formase en la zona donde pastaba y dormía el ganado y los cerdos de dicha hacienda. 

Tampoco es posible que Barranquilla se formara al interior de estas tierras entre 1666 y 1681, periodo durante el cual la estancia San Nicolás se convirtió en hacienda terrajera o de alquiler. Esto, por cuanto, esta modalidad de renta, solo pudo dar origen a un caserío disperso a lo largo y ancho de las 8 caballerías de tierras que tenía esta propiedad. En cambio, el plano elaborado por el capitán Fidalgo en 1794, indica que el espacio construido de este poblado, era continuo y apenas comprendía de la calle 31 a la 35 y de la carrera 40 a la 45, de la actual nomenclatura.

Una tercera razón que nos conduce a dudar de esta propuesta, es que desde 1637 (año de adjudicación), hasta 1715 (año de remate), estos terrenos fueron propiedad personal en forma sucesiva de Nicolás de Barros, Josefa de Simancas, Pedro de Barros y Joseph de Barros. Por lo tanto, por razones de orden legal, es poco probable que los nuevos pobladores que llegaban a las Barrancas de Camacho, construyeran sus casas en terrenos que no eran de su propiedad.

Finalmente, se considera poco viable que Barranquilla haya iniciado en la barranca del Morro (calle 32 con carrera 44), sector donde, según Blanco Barros, finalizaba el camino de Galapa y estaban el varadero de canoas, la casona y los corrales de la hacienda. Esto, por cuanto para mediados del siglo XVII, los alrededores de esta barranca se inundaban. Además, porque las evidencias indican que el primero y más importante varadero de embarcaciones de esta población, fue el Puerto Real, donde terminaba el camino de Galapa, y porque la casona y los corrales de la hacienda, estuvieron ubicados en la barranca de San Nicolás.

Como alternativa a las propuestas anteriores, se sugiere buscar el inicio de Barranquilla a mediados del siglo XVII, con la formación del sitio de las Barrancas de Camacho. Un caserío, cuyo nombre se encuentra relacionado en un avalúo de bienes de la hacienda San Nicolás de 1655, el cual afirma que las 300 reses de este hato ganadero fueron valoradas allí. También, se hace referencia de este sitio, en un pleito sucesorio de las tierras de la hacienda San Blas de 1657, donde se informa que uno de sus involucrados compró tierras en este sector.

Se sabe que la denominación Barrancas de Camacho corresponde a un sitio poblado, porque en ambos documentos aparece como nombre propio iniciado con mayúscula. Igualmente, se tiene conocimiento que las barrancas asociadas a este nombre son las de la ciénaga donde apareció Barranquilla, porque el avalúo de bienes de 1655, se hizo en la casona y los corrales de la hacienda San Nicolás. Los que, según la descripción dada en un inventario de bienes de esa misma hacienda hecho en 1659, estaban ubicados en la barranca de San Nicolás (calle 33, entre carreras 41 y 42).

Por otra parte, el hecho que este nombre aparezca en plural, es un indicativo que, además de la barranca de San Nicolás, donde se encontraba la casona de la hacienda, también formaba parte de este sitio, la otra barranca contigua que para mediados del siglo XVII se encontraba ocupada. Se hace referencia, a la barranca del Puerto Real (calle 29 con carrera 44), donde doña Josefa de Simancas tenía una porquera con 200 cerdos, según un avalúo de sus bienes de 1655. Barranca, alrededor de la cual se había formado un caserío similar al de “Los Cerritos” de la barranca de Malambo.

A partir de lo anterior, es válido concluir entonces, que Barranquilla, vista como espacio poblado construido en forma continua, inició a mediados del siglo XVII en el suroccidente de la ribera de la ciénaga de Camacho. Más exactamente, en los alrededores de la barranca del Puerto Real, la que para entonces empezaba a convertirse en un puerto de escala alterno al de Malambo. No solo del comercio legal que se desarrollaba entre Cartagena y Santa Marta con el interior del territorio, sino también, del comercio ilegal entre los traficantes de Mompox y los corsarios ingleses y holandeses, principalmente.

Es muy probable que la ocupación de este primer espacio construido, se hiciera de una manera parecida a la que se observa en esta fotografía de 1880. También, es muy posible que el tipo de vivienda construida por los primeros pobladores de esta barranca, guardando las proporciones de tiempo y de técnicas constructivas, fuesen del tipo de las mostradas en dicha imagen, aunque más pequeñas y rústicas. 

Luego, entre 1666 y 1681, este caserío se extendió por los playones ubicados a lado y lado del camino de Galapa, el que iniciaba en el Puerto Real, subía por la trayectoria de la actual carrera 41 y pasaba por el costado sur de la barranca de San Nicolás. Sitio último, donde estaba ubicada la casona de la hacienda San Nicolás, en el lugar y posición de la loma en la que se observa la iglesia San Nicolás en este óleo sobre lienzo de 1859.

Al crecer el caserío a este último sector, adoptó el nombre del santo patrono al cual estaba encomendada la hacienda vecina y empezó a llamarse “Sitio de las Barrancas de San Nicolás de Tolentino”, según lo evidencia un pleito sucesorio de 1681. Siendo precisamente este nuevo nombre, el que condujo a José Agustín Blanco Barros a pensar que Barranquilla se había formado en el interior de la hacienda San Nicolás.

Posteriormente, entre finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII, este caserío se extendió en sentido sur- norte por la actual calle 32 hasta la barranca del Morro o de San Joseph y, por la calle 33 hacia la carrera 44. Fajas de tierras que para entonces constituían el borde oriental y occidental, respectivamente, de un ojo de ciénaga que había quedado atrapado en este sector. Como resultado de este crecimiento, el poblado cambio su nombre por el de “Barrancas de San Joseph y San Nicolás de Tolentino”, según un certificado de 1710 del presbítero Luis Suárez. 

Vistas las cosas hasta aquí, es legítimo colegir entonces que, por lo menos hasta 1715, año en que fueron rematados los terrenos de la hacienda San Nicolás, el poblado que dio inicio a Barranquilla creció al margen de estas tierras. Más exactamente, en los playones ubicados frente a la barranca del Puerto Real, en la vera del tramo final del camino de Galapa y en los playones formados al disminuir la ciénaga. Lo cual fue posible porque, según las Leyes de Indias, salvo algunas excepciones, las barrancas, los caminos reales y los cuerpos de agua, eran propiedad de la Corona española y, en consecuencia, de uso colectivo de la comunidad.

Armando Luis Arrieta Barbosa, Magister en Historia de la Universidad Nacional de Colombia, Doctor en Educación de la Universidad del Atlántico- RUDECOLOMBIA

Referencias Bibliográficas:

Angulo, C. (1992). Contribuciones a la Historia Antigua de Barranquilla. En Revista Huellas 35, pp. 5-12. Barranquilla: Editorial Uninorte.

Blanco, J. A. (1987). El Norte de Tierradentro y los Orígenes de Barranquilla. Bogotá: Banco de la República.

Vergara, J. R. y Baena, F. (1946). Barranquilla: Su Pasado y Su Presente. Barranquilla: Alirio Bernal Editor.