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Por: Redacción
De cara a las elecciones presidenciales de 2026, el voto de los jóvenes en Colombia —especialmente el de la Generación Z— se perfila como un factor determinante, aunque no necesariamente por su tamaño, sino por su nivel de participación. Así lo advierte el profesor Moisés Ruiz, experto en comunicación política de la Universidad Europea, quien analiza el papel creciente de los centennials en un entorno
electoral marcado por las redes sociales, la inteligencia artificial y la transformación del debate
público.
Aunque los jóvenes representan cerca del 60% del padrón electoral, su influencia real está
condicionada por su nivel de movilización. “Los jóvenes son un bloque demográfico enorme,
pero históricamente votan menos. En ese sentido, su poder no está en el volumen sino en su
activación. En una segunda vuelta pueden convertirse en el voto bisagra que define una
elección”, explicó Ruiz.
El auge de plataformas como TikTok e Instagram ha transformado la manera en que los
candidatos se comunican con los votantes, especialmente con los más jóvenes. Sin embargo,
Ruiz advierte que no son suficientes para ganar una elección por sí solas.
“No es posible ganar una presidencia únicamente con redes sociales. Son fundamentales para
simplificar mensajes y dar visibilidad rápida al candidato, pero deben estar acompañadas de
debates serios y formatos tradicionales que construyan credibilidad”, afirmó.
En este contexto, las redes sociales funcionan más como un canal de entrada que como un
espacio de deliberación profunda. “Es un formato en el que hay que estar, pero no puede ser el
fin. Es un medio para generar cercanía, no para reemplazar la discusión de fondo”, agregó.
Uno de los principales cambios en el comportamiento electoral joven está relacionado con el
funcionamiento de los algoritmos. Según Ruiz, estos sistemas tienden a reforzar visiones
previas y acelerar la construcción de percepciones sobre los candidatos.
“Los algoritmos pueden moldear rápidamente la opinión sobre un candidato, porque priorizan
contenido que genera interacción. Esto crea entornos donde el joven ve principalmente lo que
quiere ver, lo que puede reforzar sesgos y aumentar la polarización”, señaló.
En este ecosistema, la emoción juega un papel central. “Las redes sociales no están diseñadas
para construir criterios racionales, sino para activar emociones. Por eso, en muchos casos, el
voto joven responde más a afinidad emocional que a un análisis profundo de propuestas”,
explicó.
El predominio de formatos cortos también ha tenido efectos sobre la calidad del
debate público. Ruiz advierte una tendencia hacia la simplificación extrema de los mensajes
políticos.
“Estamos viendo una simplificación del discurso político para que quepa en formatos virales.
Esto hace que el mensaje sea más accesible, pero también reduce la posibilidad de análisis y
reflexión. Se pierde profundidad en favor de impacto inmediato”, afirmó.
Por primera vez, Colombia enfrentará unas elecciones presidenciales en un contexto de uso
masivo de inteligencia artificial generativa. En este escenario, los deepfakes
—audios y videos falsos— representan un riesgo significativo.
“Los deepfakes son un misil directo a la credibilidad. No solo desinforman, sino que generan
duda generalizada y alimentan el desencanto político. En muchos casos, pueden terminar
incentivando la abstención, lo que los convierte en un riesgo real para la democracia”, advirtió
Ruiz.
Finalmente, el papel de los creadores de contenido en la política ha sido sobreestimado, según
el experto.
“Los influencers pueden legitimar a un candidato y despertar interés, pero no necesariamente
movilizan masas de votantes. Su impacto es más simbólico que determinante”, señaló.
De cara a 2026, el voto joven se consolida como uno de los grandes terrenos en disputa. Su
capacidad de definir la elección dependerá no solo de su tamaño, sino de su participación
efectiva y de la capacidad de las campañas para conectar con ellos más allá de lo superficial.
“El reto no es solo llegar a los jóvenes, sino lograr que participen. Ahí está la verdadera
diferencia entre ser una audiencia digital y convertirse en un actor político decisivo”, concluyó
Ruiz.

