Por: Redacción

La incertidumbre, el consumo repetitivo de imágenes de la emergencia y los rumores en redes sociales pueden mantener al organismo en estado de alerta durante días, advierte una experta en Psicología de la Universidad Europea.

Un terremoto puede generar consecuencias psicológicas incluso entre personas que se encuentran a cientos de kilómetros del epicentro.

La imposibilidad de comunicarse con familiares, la circulación permanente de imágenes de destrucción y la incertidumbre sobre lo que está ocurriendo pueden desencadenar ansiedad, hipervigilancia, insomnio y pensamientos repetitivos, aun cuando la persona no haya experimentado directamente el movimiento sísmico. Uno de los momentos de mayor tensión puede presentarse durante las primeras horas posteriores a una emergencia, cuando las redes de telecomunicaciones se saturan y resulta imposible establecer contacto con familiares o amigos.

Así lo explica la Dra. María Dolores Fernández Sánchez, profesora titular de Psicología de la Universidad Europea, quien señala que ante una emergencia el cerebro no responde exclusivamente al peligro físico, sino también a la posibilidad de una pérdida y a la sensación de no poder proteger a quienes se encuentran en la zona afectada. “Basta con imaginar que alguien querido puede estar en peligro para que aparezcan ansiedad, pensamientos repetitivos, hipervigilancia o una necesidad urgente de recibir información”, explica Fernández.

En estos casos, revisar permanentemente el teléfono, actualizar las redes sociales o imaginar diferentes escenarios son intentos del organismo por recuperar cierto control frente a una situación que percibe como incontrolable. La especialista recuerda que la falta de respuesta no significa necesariamente que haya ocurrido una tragedia.

La saturación de las líneas, falta de batería o que las personas estén concentradas en ponerse a salvo pueden explicar la ausencia temporal de comunicación. Para manejar esos episodios de ansiedad recomienda combinar acciones físicas sencillas —respirar lentamente, sentarse, beber agua y reconocer el entorno— con un mayor control de la conducta.

En lugar de realizar llamadas de manera compulsiva, aconseja enviar un mensaje breve, establecer intervalos de espera, buscar una persona de referencia en la zona y consultar información oficial. Las redes sociales cumplen una función importante durante una emergencia, pero la exposición permanente a videos de destrucción, personas heridas, gritos o testimonios de desesperación puede incrementar la sensación de amenaza. “El cerebro no procesa una imagen impactante como si fuera un dato neutro, sino como una señal de amenaza”, señala Fernández.

Una persona que se encuentra lejos puede experimentar una forma de exposición vicaria al desastre: aunque no haya vivido directamente la emergencia, la repetición de imágenes, audios y testimonios puede mantener activado su sistema nervioso y provocar dificultades para dormir, concentrarse, alimentarse normalmente o desconectarse de la información.

La recomendación es establecer dos o tres momentos específicos del día para consultar las noticias, privilegiar fuentes oficiales y medios contrastados y evitar la exposición continua a imágenes especialmente fuertes. La incertidumbre también favorece la propagación de audios y cadenas que anuncian supuestos nuevos terremotos. Para Fernández, compartir este tipo de mensajes puede producir una falsa sensación de estar ayudando, cuando en realidad se está amplificando la alarma. Antes de reenviar información recomienda comprobar su origen, determinar si procede de una fuente oficial y preguntarse si aporta una recomendación útil o simplemente genera miedo.

La especialista recuerda, además, que los terremotos no pueden predecirse con precisión en fecha, lugar y magnitud. Sentir miedo, presentar sobresaltos, llorar, estar irritable o tener dificultades para dormir durante los primeros días e incluso semanas después de una emergencia puede formar parte de una reacción esperable y no significa automáticamente que exista un trastorno psicológico. La alerta aparece cuando los síntomas persisten e interfieren significativamente con la vida cotidiana. Recuerdos intrusivos, pesadillas recurrentes, sensación de revivir el terremoto, hipervigilancia extrema, crisis de pánico frecuentes, incapacidad para trabajar o cuidar de los hijos y el consumo de alcohol o medicamentos para intentar controlar la ansiedad son algunas señales ante las cuales Fernández recomienda buscar acompañamiento profesional.

Para la experta, la recuperación después de una emergencia no termina con la evaluación de los daños físicos. “Después de un terremoto no solo se revisan edificios, carreteras o estructuras, sino que también hay que revisar cómo ha quedado la sensación de seguridad de las personas”, concluye.

Sobre la experta: María Dolores Fernández Sánchez es doctora en Psicología por la Universidad de Jaén y profesora titular de Psicología de la Universidad Europea. Cuenta con formación de posgrado en Psicología Jurídica y Psicología Clínica y experiencia en investigación, docencia, intervención psicológica y divulgación. Sobre la Universidad Europea La Universidad Europea es una institución dinámica, orientada a aportar valor a su sociedad y a contribuir activamente a su progreso. Fiel a su vocación innovadora, promueve una investigación aplicada y útil para la sociedad y sustenta su actividad en la potenciación del individuo, con un modelo educativo internacional, conectado con el mundo profesional y de alta calidad académica. Esta filosofía la ha convertido en la primera universidad privada de España por número de estudiantes. Actualmente son más de 46.000 los estudiantes de Grado, Postgrado o Formación Profesional Superior que cada año se forman de manera presencial o semi presencial en alguno de sus campus o en modalidad online. En España, la institución cuenta con tres centros universitarios: Universidad Europea de Madrid, Universidad Europea de Valencia, Universidad Europea de Andalucía y Universidad Europea de Canarias. Estos centros acogen cuatro Facultades y Escuelas de Grado, así como la Escuela de Postgrado de la Universidad Europea y la Escuela Universitaria Real Madrid – Universidad Europea. Asimismo, cuenta con dos Centros Profesionales, que imparte Ciclos Formativos de Grado Superior y comparte el mismo espacio universitario que las demás modalidades de enseñanza superior en Madrid y Valencia. La Universidad Europea de Valencia ofrece un grado internacional en gestión turística y del ocio impartido 100% en lengua inglesa.