
Por: GASPAR HERNÁNDEZ CAAMAÑO.
“Nada de lo que se haga en la cama es inmoral si contribuye a perpetuar el amor”. Gabriel García Márquez. ________________
Seguí las noticias: policía arresta al marido y padre de los hijos de la señora Giséle Pelicot porque: “me ha violado y ha traído a desconocidos para que me violen durante años“(pág. 27), estando drogada. El detenido confesó, juzgado y condenado. El hecho noticioso sucedió en la campiña francesa. Por eso, ver el libro de la abusada: “Un himno a la vida, mi historia“(Lumen), contada a la periodista Judith Perrignon, lo compré para leerlo como paladeando un “Frozzo Malt” al mediodía.



Madame Pellicot es hoy una abuela de 74 años. Estuvo casada 50 años con su abusador y cuida, en Paris, a los bisnietos. Se ha convertido en vedette del feminismo francés y/o europeo. Reconocida, como personaje cívico, por medios como la BBC, Time Magazín y The Independente. Le otorgaron la Legión de Honor y un Rooselvelt Four Freedom Awards: El Freedom From Fear. Su historia, “Mi historia“, ha sido publicada en 20 países.
También leí la noticia, en el bocadillo de El Espectador “el rincón de la academia”, sobre la publicación, en Colombia, del libro “Un nuevo contrato sexual: placer y poder en la industria del deseo femenino“(Ariel), de la antropóloga española Andrea García-Santesmases, profesora de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), quien sostiene que tal industria no ha contribuido a superar desigualdades, sino aumentar el consumo.
Tales noticias, ambas provenientes de Europa, una crónica judicial y otra de vida universitaria, provocaron que “visitará” la biblioteca submarina a mirar que tenia sobre SEXO Y EUROPA. Y encontré los siguientes libros: “Amor y Occidente“(Cien del mundo) de Denis de Rougemint – un clásico -, “Deseo. Una historia de la sexualidad en Europa“(Ediciones Catedra) de Anna Clark.
Ademas, “La sexualidad humana, un estudio comparativo de su evolución“(F.C.E.) de Herant a. Katchadourian, compilador. Y “la imagen del sexo en la antigüedad“(Tusquets editores), de varios autores, con edición y prólogo de Sebastián Celestino Pérez. Son libros adquiridos, entre otros cientos, durante los estudios del Doctorado en Educación en la Universidad del Atlántico para fundamentar una investigación sobre “el amor como derecho fundamental“.
En la página 335, del libro Denis de Rougemont comenta lo siguiente:
“El concepto del ‘amor’ no existe en china. el verbo ‘amar’ se emplea únicamente para definir las relaciones entre la madre y el hijo“.
Para el budismo eso que nosotros llamamos AMOR, es com-pasión. Entonces, es en la antigua Atenas donde se configuran las ideas occidentales del erotismo humano.
Europa, o las Europas, desarrolla en la historia las formas fundamentales del concepto amor:
1) Eros, o “la carencia, la pasión amorosa, el amor que enciende,
2) Philia o la amistad, el amor que se goza y comparte. Y
3) Agape, la caridad, el amor que da, que perdone, acoge y recoge (ver “La vida humana” de André Comte-Sponville. Paidós). Pero, el vienes Sigmund Freud al estudiar la tragedia griega, mezcla o funde los conceptos y práctica del amor con el sexo.
Por ello, a Europa, en toda su extensión, la cultura occidental de la modernidad debe todo lo bueno y todo lo perverso o/y malo de la sexualidad humana. A ella pertenece el Sado-Masoquismo. Concepto que me recuerda la película del italiano Pier Paolo Pasoline, “Salo o los 120 días de sodoma“, y ví en un Festival de Cine de la Cartagena amurallada. También surgieron personajes como Giacomo Casanova o Don Juan, eternos seductores de damas imposibles.
En otros tiempos leí sobre la historia de la vida amorosa y sexual de Jean Paul Sastre y Simonee de Beauvoir, la pareja más famosa en la Europa de la post-guerra, tanto que en el libro: “Un himno a la vida“, Giséle Pelicot ayuda a la lectura del “segundo sexo“(ver pág. 50, opus cite), la obra que convirtió a Madame Beauvoir en autora famosa y precursora del feminismo, acuñando la célebre frase:”no se nace mujer, se hace“, parodiada por la nuestra Shakira en: “Las mujeres no lloran, facturan!“.
Frente a esas anotaciones de historia, la emprendida lectura de lo sucedido en la vida de Giséle Pelicot, reconocida con figura del feminismo europeo, demuestra que nuestra sexualidad social o pública, no deviene de los bononos, sino de la herencia francesa de la que no sólo hemos descendido para hablar de revolución y libertades, sino que París sigue siendo una fiesta, como nos la contaron los gringos Ernest Hemingway y Woody Allen. Quién lo duda?
La próxima: El arte de gobernar bien.

