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Por: Raúl Donado Osío
La situación que está afrontando la industria del transporte aéreo a nivel mundial es inesperada, inédita e insostenible y no existe una fórmula salvadora que un Estado solo pueda aplicar sin la intervención de otros países. En los cien años de existencia del transporte aéreo comercial es la primera vez que todas las aerolíneas del mundo están perdiendo millones de dólares y un 95% de ellas en verdadero peligro de desaparecer con gran perjuicio para nuestras economías.
Ahora es cuando la OACI – Organización de Aviación Civil Internacional debe intervenir para volver a salvar a la aviación comercial en el mundo. Recordemos que éste organismo se creó como un ente especializado de la ONU para regular y controlar las relaciones entre las diferentes autoridades aeronáuticas de sus miembros y que, con la firma en Chicago del 7 de diciembre de 1944, nació el más reconocido convenio sobre aviación civil internacional que terminó siendo el tratado normativo más importante en relación al Derecho Público Internacional Aeronáutico.
En plena II Guerra Mundial, Estados Unidos promovió una conferencia con el fin de actualizar los acuerdos internacionales sobre aviación civil, acuerdos que no se habían vuelto a revisar desde la convención de París de 1919 Ésta reunión se llevó a cabo del 1º de noviembre hasta el 7 de diciembre de 1944 y a ella asistieron delegados de 52 Estados quienes, durante cinco semanas se dedicaron a encontrar fórmulas para salvar a la aviación mundial bajo los principios de igualdad, equidad y reciprocidad
Ese histórico encuentro se dio cuando todos los países ya esperaban el final de la II guerra mundial para relanzar la aviación comercial y cuando se habían logrado grandes avances tecnológicos en la aeronáutica pero con un potencial económico de los Estados Unidos, país que estaba en pleno auge, mientras que las potencias europeas, la URSS y Japón estaban endeudadas y con una industria aeronáutica civil prácticamente destruida.
Los Estados Unidos, con su posición económicamente más fuerte, pretendían una política de libre mercado aéreo internacional mientras que, el resto de los países, querían adoptar una política proteccionista para reconstruir sus industrias aeronáuticas y sus economías, posiciones intransigibles que frustraron un mejor acuerdo y que finalmente arrojaron un convenio que reguló los aspectos de navegación y de tráfico aéreo, junto con las operaciones aéreas sin remuneración (sobrevuelos, escalas técnicas, aterrizajes por emergencias) mientras el transporte aéreo oneroso quedaba al arbitrio de acuerdos bilaterales entre Estados, que serían registrados en la OACI.
Desde la II Guerra Mundial no se había presentado una crisis global de ésta magnitud en el sector aéreo y las cifras que la misma OACI nos entrega reflejan la gravedad de este asunto y la urgente necesidad de convocar a una nueva conferencia o asamblea para buscar soluciones y volver a salvar a la aviación. Este organismo pronosticó sobre el impacto del covid-19 en el transporte aéreo internacional en 2020, y señaló que se esperaba una reducción de hasta 2.947 millones de pasajeros transportados tan solo este año. De igual forma, la OACI pronosticó que las pérdidas operativas para las aerolíneas serían de hasta USD$390.000 millones y estima que en lo que resta del año, las aerolíneas a nivel mundial podrían reducir su capacidad de asientos internacionales entre un 55% y 67%, que en términos de pasajeros se traduce a una caída de entre 1.212 millones y 1.451 millones de pasajeros. En cuanto a pérdidas en los ingresos brutos, el órgano de las Naciones Unidas apuntaba en mayo a un impacto de USD$273.000 mil millones.
En esta oportunidad la guerra es de todos contra un virus y no existen países ganadores con ímpetus de triunfalismo que quieran imponer condiciones dominantes. Absolutamente todos estamos volando dentro de una misma y peligrosa tormenta pero cada país con aviones diferentes, unos en aerolíneas solventes y con la flota más moderna, segura y eficiente y otros con aerolíneas pobres y en aviones obsoletos e inseguros. La economía se globalizó y la demanda de pasajeros y carga hoy proviene de todos los países lo que tal vez puede motivar a los miembros de la OACI a actualizar los derechos internacionales de tráfico pensando más en la conectividad, en el desarrollo económico y la generación de empleos que en la protección de su espacio aéreo. Este vuelo lo debemos abordar todos, gobierno, acreedores e inversionistas públicos y privados y, por su parte, la OACI debe entrar a organizar el tráfico aéreo bajo la tormenta Covid regulando cada situación y tratando de que todos los aviones aterricen de manera segura y puedan seguir operando.
Analizando el entorno de Latinoamérica nos encontramos con tres empresas que lideran el mercado, Avianca, Copa y Latam. Ser indiferentes ante lo que está ocurriendo, puede significar que nuestras aerolíneas banderas/insignias se quiebren y perdamos conectividad y quedemos sometidos a Mega Carriers de las grandes potencias que entrarían a suplir las necesidades de transporte aéreo doméstico e internacional bajo sus términos y condiciones y dejando a las autoridades aeronáuticas de nuestros países y a nosotros como usuarios del transporte con muy pocas o nulas posibilidades de negociación. Por otra parte, aeropuertos como Eldorado de Bogotá, Tocumen de Panamá y el Arturo Merino Benítez de Santiago de Chile son HUB de operaciones de las tres aerolíneas y consecuentemente se verían seriamente afectados al perder el volumen de pasajeros y cargas en tránsito.
Nuestros gobiernos de manera independiente deben intentar sacar a flote a sus aerolíneas y los colombianos debemos dejar esa mentalidad mezquina de oponernos a los préstamos ofrecidos bajo el argumento que Avianca no es de colombianos sin considerar lo importante que esta empresa es para el desarrollo del país, para nuestra conectividad, para la hotelería y el turismo y para la generación de empleos directos e indirectos. Además porque hoy en día y gracias a la globalización, la nacionalidad de las aerolíneas depende de varios factores, como el lugar de constitución, la nacionalidad de quien las controla y la sede principal de sus negocios. Avianca es de nosotros los colombianos y necesitamos que, al igual que Copa y Latam, siga operando y cubriendo de manera regular todas sus rutas. La conectividad del transporte aéreo en todo el mundo estimula las economías a través del empleo, el comercio y el turismo y la falta de liquidez de Avianca, Copa y Latam las puede llevar a desaparecer en un corto plazo y estas tres aerolíneas son esenciales y decisivas para la reactivación de la economía en Latinoamérica.
El transporte aéreo internacional cumple un rol muy importante y necesario como facilitador global y, en esta época de crisis, ha demostrado su presencia y utilidad con los servicios de carga aérea para ayudar a sostener las cadenas mundiales de suministro de bienes y el trasporte de equipos y elementos de bioseguridad y con los servicios de pasajeros con la repatriación de nacionales varados en el exterior, respuesta a emergencias médicas y vuelos humanitarios. El Consejo de la OACI instó a los Estados Miembros y a las instituciones financieras a estudiar la mejor manera de apoyar a sus aerolíneas y a las otras partes que participan en el sector, como los aeropuertos, los proveedores de servicios de navegación aérea y los fabricantes, sin menoscabo de la competencia leal y velando por la transparencia.
En las dos últimas décadas se ha venido imponiendo una liberalización de los derechos de tráfico aéreo basada en acuerdos bilaterales y multilaterales que han demostrado su efectividad y han permitido que las aerolíneas suscriban alianzas horizontales con empresas pares de países vecinos para ampliar su cobertura de rutas y para brindarles más destinos a sus usuarios. Desafortunadamente y al ser empresas similares todas están atravesando una grave crisis financiera con alto riesgo de desaparecer. Es por esto que se deben plantear alianzas más robustas o flexibilizar y liberal totalmente los derechos de rutas para garantizar transporte aéreo en nuestros territorios.
Para nuestro criterio, la actuación de la OACI hasta ahora ha sido insuficiente, pasiva y más bien observadora pues se ha limitado a aconsejar a sus miembros sobre cómo deben los gobiernos apoyar a sus aerolíneas y como deben cumplir éstas los protocolos de bioseguridad para disminuir el riesgo de contaminación del virus.
La disyuntiva está entre lograr la conectividad aérea y todo lo positivo que ella acarrea y proteger a nuestras aerolíneas locales. Indudablemente apoyamos la industria nacional y queremos protegerla de la amenaza que sería competir con mega carriers que, gracias a sus músculos financieros y a sus economías de escala, pueden entrar ofreciendo tarifas difíciles de igualar. También somos conscientes que solos no podemos sacar adelante a nuestras aerolíneas y que vamos a necesitar de la solidaridad y cooperación de terceros,
Esta disyuntiva no solo la tiene Colombia y con seguridad se está presentando en muchos otros países miembros de la OACI. Por eso es que debemos promulgar una urgente asamblea – hoy en día más fácil de convocar y realizar gracias a las ayudas tecnológicas lo que permitiría ir adelantándola de manera virtual – para que se estudien cambios en las políticas y derechos de tráfico aéreo, políticas que deben ser más flexibles y abiertas y logren proteger la conectividad domestica e internacional, permitiendo la contratación de tripulantes, load master y mecánicos extranjeros, honrando las licencias otorgadas a ellos por autoridades aeronáuticas miembros de OACI, regulando de manera equitativa los acuerdos interlineales, cabotajes, doble registro o abanderamiento de aeronaves y demás figuras que permitan darle viabilidad y celeridad a los procesos y permisos de operaciones aéreas.
Tal vez los países miembros que conocen sus debilidades y desventajas (económicas y tecnológicas) entre los cuales está Colombia, le temen a un nuevo acuerdo internacional de aviación civil por temor a perder soberanía y a desproteger a las empresas nacionales pero hoy se debe pensar en la globalización y en la conectividad como estrategias y herramientas para el desarrollo de la industria y el comercio y para la generación de empleos. En el Convenio de Chicago existía esa misma disyuntiva pero con otros actores y cuando no se contaba con la política económica de la globalización.
La OACI está en mora de convocar a sus miembros para ayudar a sacar adelante la aviación mundial de una manera ejemplar y, bajo los principios de solidaridad, cooperación, igualdad, reciprocidad y respeto, logre conciliar una nueva política aérea internacional que apoye y aporte a la recuperación y salvación de nuestras aerolíneas.
Nota: El contenido de este artículo, es libre, espontáneo y de completa responsabilidad del Autor. @rauldonadoosio Raúl Donado Osío

