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Por: LUIS GRUBERT
En nuestra sociedad hoy se enuncian profundos problemas de todo tipo, la tarea es búscale soluciones y de mil maneras buscarle soluciones en la búsqueda de alternativas planteadas, la educación aparece como olvidada, es decir, no tienen en cuenta que la educación es el medio supremo para realizar y alcanzar las grandes soluciones, ya que las personas construyen crecimiento humano con el firme propósito de enseñar a convivir, de ayudar para abrir el camino del bien, la convivencia y la verdad que tanto requiere nuestra sociedad.
La educación debemos entenderla como una tarea enriquecedora para quien la recibe y para quien la realiza. Aquí no hablamos de dinero, hablamos de otro tipo de enriquecimiento, entendiendo que los profesionales de la educación son personas de un alto grado de generosidad, porque trabajar con seres humanos encierra una enorme posibilidad de desarrollo personal y sobre todo de satisfacción espiritual.
Lo anterior nos obliga a negar el individualismo en el ejercicio de la educación, tenemos que entender el proceso educativo como un proceso integrador y de crecimiento en la construcción del tejido social.
No podemos desconocer los problemas que hoy aquejan a la profesión docente; el pobre reconocimiento social y la mezquindad de los gobiernos en el tratamiento normativo para el ejercicio laboral de los docentes.
Hoy tenemos dos estatutos, el 2277 y el 1278, es decir dos cuerpos normativos para un mismo ejercicio de la profesión docente, pero se adiciona una norma aún más precaria y es el decreto 804 donde se establecen los precarios salarios para los educadores indígenas, quienes victimas del marginamiento gubernamental, estos trabajadores de la educación nunca adquieren la propiedad en su vinculación, siempre son provisionales, así permanezcan ejerciendo la docencia por 20, 30 o 40 años y los docentes afro, tienen un hibrido en su vinculación, son regulados por el 1278 para plazas afro pero descontextualizadas de las particularidades que estableció la constitución del 91 ordeno en el reconocimiento de las poblaciones minoritarias e históricamente marginadas a las que se les da un tratamiento discriminado, marginal y no integrador en el reconocimiento cultural y ancestral de estas maltratadas y discriminadas poblaciones.
Tenemos que entender la educación como una tarea histórica, entendiendo y reconociendo que los profesores son eslabones silenciosos de la cadena que conduce a la humanidad hacia el progreso y la mejora, la educación es el vehículo por el que de la mano de la ciencia y la pedagogía se construye progreso.
Aquí cabe una pregunta ¿Qué hubiera sido del mundo, la sociedad y de la historia sin los maestros? Porque el comportamiento de los profesionales distinto a los docentes, con el conocimiento siempre tratan de utilizarlo en su propio beneficio y lo esconden a sus competidores.
Sin embargo, los profesores y las profesoras forman un grupo humano que tienen por oficio compartir todo lo que saben, trasmiten a otros su conocimiento, el propósito es despertar en otros el deseo de aprender a aprender.
Por todo ello, hago un cariñosa llamado a los profesionales de la educación para que vivan su profesión contextualizada y en el compromiso, con la exigencia y con el entusiasmo que puede suscitar a los queridos estudiantes, para que, de la mano de sus maestros, se esfuercen en recorrer el hermoso camino del saber. A las autoridades gubernamentales para que faciliten la construcción de un solo estatuto para una sola labor docente, reivindicando el derecho a la igualdad a los docentes y desde la formación inicial hasta la formación permanente y continuada, los medios y las condiciones necesarias para ejercer dignamente su profesión. A las familias y a la sociedad para que valoren, ayuden y quieran a los profesores y profesoras.
Finalizando este texto recuerdo la frase del filósofo Emilio Lledó “enseñar es una forma de ganarse la vida, pero, sobre todo, es una forma de ganar la vida de otros” No se gana la vida de otros metiendo en su cabeza datos y conocimientos inertes, sino enseñándoles a pensar y convivir, por eso recordamos la frase de quien es el excelente maestro y se ha afirmado que es aquel que, enseñando poco, hace nacer en el alumno un deseo grande de aprender.
Nota: El contenido de este artículo, es libre, espontáneo y de completa responsabilidad del Autor, LUIS GRUBERT (expresidente de Fecode)

