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Jorge Guebely

¿Usted que lee esta columna y yo que la escribo nos hemos vuelto cómplice de un Estado criminal? ¿Uno que conscientemente aniquila niños pobres, qué los deja morir de hambre como sucede en la periferia colombiana o los bombardea como sucedió en Caquetá el pasado 29 de agosto de 2019?

Tal vez usted como yo estemos alienados por la desinformación de muchos medios de comunicación masiva. Por creer ingenuamente en las palabras del presidente Duque cuando afirmó que el bombardeo al campamento del disidente Gildardo Cucho fue exitoso e impecable.

Peor aún, por creer estúpidamente que el castrochavismo internacional y las guerrillas nacionales son los enemigos capitales de los colombianos excluidos. No lo es la pobreza, ni el desempleo, ni la iniquidad, ni la corrupción, ni el paramilitarismo, … esos desafueros creados por las perversas políticas de la monstruosa elite nacional.

Tal vez usted como yo desconocíamos la existencia de niños pobres, especialmente indígenas, en el campamento de Gildardo Cucho. Pero la cúpula militar sí lo sabía según el informe de inteligencia militar obtenido legalmente por Dejusticia y Cuestión Pública. Lo sabía y sin embargo bombardeó el campamento en horas nocturnas. Asesinaron conscientemente a niños mientras dormían, ni siquiera en combate, los asesinaron cobardemente. Lo sabía también el exministro de defensa Fernando Botero. ¿Lo sabía el presidente Duque y dio la orden asesina de bombardear? ¿No lo sabía por ser un fantasma presidencial, porque el verdadero mando militar se gesta fuera del Palacio de Nariño?

¿Usted y yo somos acaso cómplices de estos asesinatos? ¿Cómplices porque pagamos honradamente impuestos para sostener un ejército, impuestos que algunos de sus miembros utilizan para bombardear niños? Tal vez estemos manchando indirectamente nuestras manos con sangre de niños doblemente victimizados por una guerrilla infame y un ejército cobarde. Niños que perdieron el derecho a ser niños, a jugar como niños, a vivir la vida de niños.

Tal vez usted y yo no seamos los únicos con las manos manchadas de sangre infantil. También la tienen salpicadas los civiles que votan por las extremas políticas, por los políticos corruptos, por las ideologías humanamente fracasadas. Manos manchadas los que ferian sus votos al mejor postor, por una teja de zinc, por un cargo miserable, incluso, por un cargo ostentoso.

En este enorme desamparo estatal sólo pidamos a la fuerza suprema del Universo que ninguno de sus hijos ni de los míos sea víctima de los ejércitos cobardes del país. Tampoco los hijos de nuestros hijos, nuestros amados nietos.

Nota: El contenido de este artículo, es libre, espontáneo y de completa responsabilidad del Autor.  jguebelyo@gmail.com