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Por: Gustavo Castro Imitola[1]

Luego de 23 días de paro nacional, de tumbar la reforma tributaria y la de salud, la renuncia de Alberto Carrasquilla y de conseguir la gratuidad en Educación Superior para estratos 1, 2 y 3, las personas se han empezado a preguntar, cual canción de Marco Antonio Solis “¿A dónde vamos a parar?” ¿Hasta cuándo se piensa mantener las movilizaciones? ¿Por qué las personas siguen en las calles?

En los últimos días se ha visto que en la ciudad de Barranquilla parece haber disminuido la capacidad de convocatoria, con cada día que pasa, las multitudinarias marchas son más difíciles de verse, algunas personas manifiestan estar agotadas física y mentalmente luego de un proceso continuo de resistencia. Es necesario que nos preguntemos en este momento hacía donde va el paro, cuál  será  su fin y como se conseguirán las garantías para el cierre de este gran estallido nacional, no con la intención de acabarlo inmediatamente sino de evaluar cuales son esos mínimos necesarios para volver a la normalidad, si es que después de todo este proceso podemos hablar de una vuelta a ella.

Aún quedan muchas banderas por las que debemos luchar: Las personas desaparecidas deben aparecer, se deben judicializar a los miembros de la fuerza pública que han asesinado a los jóvenes y violado a las mujeres, se necesita una reforma de la policía, el desmonte del ESMAD, las garantías para la protesta social y se necesita el perdón por parte de gobierno nacional y local, frente a las constantes violaciones de derechos humanos que se han presentado durante estos 23 días de paro nacional.

Si bien la coyuntura es nacional, debemos exigirle al gobierno local la resolución de algunas de las problemáticas que se presentan actualmente, el aumento de la pobreza monetaria, la inseguridad alimentaria y las garantías para la participación ciudadana en Barranquilla, solo por mencionar algunas.

¿Cómo vamos a lograr eso?

Yo pienso, que es necesario crear espacios de diálogos abiertos en donde los diferentes sectores de la ciudadanía podamos opinar, debatir y construir un pliego de peticiones eficiente, es necesario seguir haciendo pedagogía en las calles, seguir hablando con la gente e invitarlas a ejercer su ciudadanía, de este paro nacional debería seguirse en la ciudad de Barranquilla el fortalecimiento de la participación ciudadana, el fortalecimiento de la democracia, es un espacio propicio para empezar a aprender a gestionar nuestras diferencias y soñar con un modo distinto de hacer política, quizás así podríamos dejar de “caer en el mismo error, dándole siempre más valor a todo, menos al amor”, como menciona el Buki en su canción.

Nota: El contenido de este artículo, es libre, espontáneo y de completa responsabilidad del Autor


[1] Docente de ética y filosofía en secundaria, investigador junior de REC-Latinoamérica e integrante de la iniciativa ciudadana Académicos X el pacto en el departamento del Atlántico.