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Por: Alfredo Felipe Martínez Agamez.
“Nos toca llegar a vender, aquí está nuestro sustento” Vendedor del centro de Barranquilla.
Le cumplimos la cita al señor Pedro Ramírez Gamboa, presidente de ACUBAR (Asociación de comerciantes unidos por Barranquilla) y que también hace parte de la Veeduría ciudadana multifuncional, a recorrer las entrañas de lo que son varios mercados de la ciudad, ubicados en el centro, nos percatamos, de la terrible, nefasta y precaria situación que viven los comerciantes, que bien tendríamos que llamarles unos “berracos” unos corajudos, que día tras día se levantan para ir a vender productos a los que valerosamente, llegan hasta estas zonas a comprar.
“Por aquí no llegan los de la alcaldía, uno que otro cuadrante hace su ronda por estos lugares, pareciera que estamos solos, luchando por trabajar y por nuestro sustento” Comerciante de la zona.
Los habitantes de calle, y al parecer los “jibaros” de algunas zonas de la “cachacal”, se han mudado para los distintos mercados del centro, ocasionando una terrible situación que se sale de las manos y de control.
Iniciamos el recorrido, por lo que se denomina mercado del Playón, que, de verdad, hace falta mucha inversión, vigilancia y control de los entes encargados que representan a la alcaldía. Nos sorprende que una de las comerciantes manifieste su preocupación, por la proliferación de cantinas, ventas de licor y droga, sin que nadie vigile, e imponga los correctivos del caso.
El sector de la venta de naranja, es algo sin precedentes, es terrible lo que nuestro lente pudo captar, ni hablar de la zona de Miami 1, la tapa de la olla es el mercado de Granos, donde no se ve por ningún lado la mano amiga del estado.
Definitivamente, los comerciantes de toda la zona del centro, luchan todos los días por sobrevivir, contra viento y mareas, aceptando las estigmatizaciones, la desidia y abandono estatal, la falta de apoyo, los factores psicosociales que actúan como agentes contaminantes y como si fuera poco, las incidencias de bandas criminales organizadas, que imperan e imponen el control del territorio.
Una cosa es decirlo y hablar, desde las comodidades de las oficinas, y desde la opulencia de los flamantes apartamentos ubicados en las zonas llenas de privilegios y elegancias, otra muy diferente es vivir y conocer las verdades ocultas de nuestra efímera, maquillada y dibujada ciudad.
En otras latitudes, los mercados son la esencia, las riquezas vivas, es donde se viven las maravillosas experiencias de los propios y extraños. En Barranquilla, pareciera que se quiere acabar con la historia reciente, y construir una nueva, borrando y aniquilando la propia historia.
En mis viajes por los rincones de Colombia, llegué hasta Turbo, en el Golfo de Urabá, obligatoriamente hay que visitar el puerto de Wafer, donde se mueve la economía de esa zona hacia el departamento del Choco, Panamá, y hasta la ciudad de Cartagena, todo a través embarcaciones de madera, encargadas de recorrer los ríos y el mar caribe. Así era la zona de barranquillita y sus distintos mercados. Waoooo, era el verdadero comercio entre departamentos por el gran Río Grande de la Magdalena.
“Lo que el viento se llevó, El olvido que seremos”, si seguimos dándole la espalda al centro de la ciudad, solo nos quedará gritar a los cuatro vientos estos dos títulos de películas.
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