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Por: Alfredo Felipe Martínez Agamez

Me sorprendió un día el mensaje de Uriel Ávila, que, si le podía hacer una entrevista para que yo conociera sus propuestas, este joven de 26 años que aspira a la Cámara de Representantes de Colombia. Es un estudiante de derecho en la universidad Libre de Barranquilla, con una adrenalina y velocidad insuperable, manifiesta que es creyente de un Dios todo poderoso, y esta segurísimo que será congresista de este país.

Su acento y desparpajo, es de una persona del campo, y es que el es de Manatí, municipio ubicado en el departamento del Atlántico, “Soy campesino, defiendo el campo, sufro todo lo que la gente campesina sufre” afirma Uriel.

Le pregunté, por esa locura de ser candidato, y me dice: “Hermano, ya esta bueno de tantos corruptos, yo he denunciado a esos sinvergüenzas que engañan a la gente y utilizan la política para su beneficio, todos tenemos derecho de aportar a la construcción de un mejor país” puntualiza Uriel.

Este muchacho, no tiene plata, ni camionetas, y mucho menos opulencia, lo que tiene es un coraje, una berraquera y una fuerza combinada con ganas de servirle a su gente.

Por todo lo anterior, me reuní con él, escuché sus propuestas y me sorprendió su tenacidad.  

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