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Por: Jorge Guebely

Poco importan las mentiras del poder. Igual si las lanzan desde ocultas bambalinas y las amplifican medios masivos de comunicación, sindicatos empresariales, políticos corruptos y periodistas domesticados. No lograr ocultar el colapso de nuestras instituciones; menos aún, las de nuestras EPS. No sirve hiperbolizarles el puesto en un ranquin para neutralizar la necesidad de superar su fracaso. Imposible tapar con artificios su instinto comercial, su inhumano y lucrativo negocio con las enfermedades colombianas.

Grandes beneficios económicos reciben sus intermediarios, sus dueños; empresarios no menos dañinos que los del mercado negro. Acaparan grandes cantidades de dineros del Estado, de patrones y empleados, para robustecer el mezquino lucro comercial. Fortunas administradas a través del grupo Aval y el Sindicato Empresarial Antioqueño. Negocios financieros y empresariales privados por cuenta del erario público. Empresarios y banqueros, sanguijuelas comerciales vaciando la escasa sangre de un anémico Estado, de un pueblo macilento.

Negocio voraz neoliberal, implementado por Álvaro Uribe, gran conservador-neoliberal, y César Gaviria, gran presidente de la astucia corrupta. Empresas avaras con escasos intereses por prestar auténticos servicios sociales, por reconocer derechos fundamentales de la salud. Sólo los transporta el insaciable deseo de maximizar rentas, multiplicar ingresos al infinito. Sólo el dinero los mueve y conmueve, no los seres humanos, aún si los abaten penosas enfermedades. Monstruosa alienación capitalista.

Por codicia, más del 60% de sus trabajadores se vinculan con prestación de servicios, tampoco pagan lo debido a las IPS desmejorando notablemente el servicio, quiebran impunemente microempresas cuando se declaran en bancarrota llevándose los dineros ajenos. Horrorosa cultura de pirámides.

Por codicia, crean innumerables obstáculos burocráticos para eludir los servicios de salud, a un campesino pobre le trataron cáncer estomacal con ranitidina, un anciano murió del corazón esperando una cita durante varios meses, los pudientes son inducidos a adquirir costosa medicina prepagada para que paguen lo que ya está pagado. Robusto negocio privado dentro del jugoso negocio público. Mucho sistema para enriquecer mercaderes, mucho menos para curar enfermos.

Horrorosa moral empresarial. Instituciones de salud sin pacientes, pero con muchos clientes. Con mentalidad clasista: cada enfermo porta su precio en el rostro, su nivel de riqueza marca su nivel de atención. Medicina pobre para pobres y medicina rica para ricos. Sin embargo, todos humanamente desfalcados.

Sin importar el puesto ocupado en el ranquin mundial o regional, la salud colombiana se comporta como un sistema de tortura. Infierno creado para satisfacer la codicia de insaciables mercaderes, otra vergüenza capitalista. “No existe lucro… sino a costa del otro”, afirmaba Montaigne, Aquí, ese otro, son los enfermos.

Nota: El contenido de este artículo, es opinión y conceptos libres, espontáneos y de completa responsabilidad del Autor.