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Por: Víctor Herrera Michel

Cuando cientos de millones de personas en todo el mundo enciendan este domingo su pantalla para ver la inauguración del Campeonato Mundial de Futbol en Catar 2022 – el primero celebrado en el Medio Oriente – se olvidarán, muy seguramente, que éste pasará a la historia como el mundial de la vergüenza.

En primer término, son varios los directivos de la FIFA – máximo organismo del futbol mundial – los que han aceptado que hubo un multimillonario soborno por la gestión desleal en la compra de votos y lavado de dinero en relación con la elección de las sedes de las Copas del Mundo de 2018 en Rusia y 2022 en Catar. Esto aunado a otra investigación por el pago de sobornos por US$150 millones a dirigentes a cambio de que ciertas firmas recibieran los derechos de transmisión, publicidad y auspicio de torneos futbolísticos en EE.UU., América Latina y el Caribe. 14 altos funcionarios del organismo fueron acusados formalmente dentro del escándalo que se conoce como “FIFAgate”.

Así mismo, y como resultado del hecho de corrupción, se modificó la fecha tradicional del certamen mundialista. Ahora se celebra por estos meses, interrumpiendo inexplicablemente los torneos de Europa y otros continentes. A su último mundial llegarán cansados Messi, Ronaldo, Neymar, Di maría y otros.

Lo más grave es que para la construcción de los estadios murieron cientos de inmigrantes edificando, en condiciones infrahumanas, los escenarios llenos de sangre que serán abarrotados por aficionados del todo el mundo.

Finalmente, es un “premio” que otorgó la FIFA a un país con un régimen autoritario que viola los derechos humanos de la gran mayoría de la población, sobre todo las mujeres.

Colombia no se escapa del “FIFAgate”. Recordemos que quien fuera el presidente de la Federación Colombiana de Futbol (FCF) en su momento, Luis Bedoya, envió su carta de renuncia al organismo desde los EEUU en donde se declaró culpable ante la fiscalía de Nueva York de conspiración, soborno y fraude. La acusaciónasegura que los dirigentes de las federaciones de Suramérica, entre ellos Bedoya, habían recibido sobornos para entregar a la firma Datisa los derechos de televisión de cinco ediciones de la Copa América; también se indica que hubo pagos ilegales de parte de torneos y competencias para favorecer la entrega de los derechos de la Copa Libertadores.

Para rematar, el mismo Bedoya, además de ser destituido de por vida por la FIFA, fue sancionado por la Superintendencia de Industria y Comercio en Colombia, junto con otros 16 dirigentes de la FCF – entre ellos los poderosos Ramon Jesurún Franco y Álvaro González Álzate – con $18.000 millones, por «cartelización en la comercialización de la boletería para los partidos de fútbol» desviando miles de boletas hacia el mercado negro, cuando la  Selección Colombia jugaba en Barranquilla las eliminatorias al Mundial Rusia 2018.

Colombia no estará en este mundial. Entre otras, por las intrigas y caprichos personales de los dirigentes al designar los técnicos de la selección. Es como la culminación de su pésima tarea. El futbol masculino se ha venido a menos en el concierto internacional. Hace rato que no figuramos en los primeros lugares de los certámenes internacionales ni con selecciones ni con clubes. El mundial de Brasil en el 2014 fue nuestra última buena actuación. La mediocridad es el plato diario de los encuentros de la liga nacional.

La excepción ha sido el futbol femenino que, a pesar de su maravillosa actuación internacional de los últimos años, no tienen liga.

Otra razón para que los directivos de la FCF den un paso al costado.

Nota: El contenido de este artículo, es opinión y conceptos libres, espontáneos y de completa responsabilidad del Autor. Víctor Herrera Michel, Colaborador, @vherreram