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Por: César Gamero De Aguas

Yimi Rafael mi hermano mayor disfrutaba a plenitud de la final del fútbol profesional colombiano disputada en el estadio Pascual Guerrero entre el América de Cali y el Junior de la ciudad de Barranquilla, aquella tarde aciaga un siete de diciembre de 2019, todo era festejo, alegría en medio del goce del inicio de las fiestas de fin de año. El final del partido fue inesperado el Junior perdió, sin embargo, mi hermano pese a estar a menos de 48 horas de su infarto fulminante que lo condujo finalmente a su muerte, disfrutó de aquel fin de semana lleno de algarabías. Con 59 años de edad mi hermano partió de este mundo dejándonos un fuerte dolor. Un día de estos revisando su Facebook, ¡alguien!, quizás alguno de sus pacientes colocó en su muro: “Felicidades, doctor, fue un placer haber compartido con usted, aun sigo el tratamiento sugerido y mi condición de salud es estable, R.I.P.”. Haber leído esta pequeña nota me hizo revivir momentos cargados de mucha nostalgia. Pues sí, Yimi tenía su Facebook abierto, su foto de perfil lo presentaba sonriente como siempre, sentado en su escritorio, vestido con una camisa manga larga azul claro, un bolígrafo en su mano derecha y el estetoscopio colgado en su cuello. Me pareció interesante y al mismo tiempo inusual que alguien al que no conozco después de casi seis años de su desaparición le estuviera escribiendo aún. Lo ultimo que escribió mi hermano en su muro horas antes de su muerte fue: “Los payasos defraudaron a Barranquilla”, 16 personas replicaron aquella apreciación. Sin embargo, hoy mi sorpresa fue mayor pues el Facebook me recordó una vez más, que mi amigo Jorge Medina, y quien falleció una tarde del mes de abril del año 2022, cumplía años. No tuve de otra, lo felicité. Me dio nostalgia ver su foto recibiendo un diploma con una sonrisa espontanea, con unos tenis bancos, pantalón gris y un suéter rojo cardenal que resaltaba su tez morena. La relación de Jorgito como le decíamos con mi hermano, no es otra que este falleció también de un infarto fulminante al intentar ingresar al estadio de fútbol para ver a su equipo preferido el Junior. Su hermano menor luego escribió en su muro al mismo tiempo: “Feliz cumpleaños Jorge Luis, bendiciones”. Pareciera que al Facebook le interesara y no le interesara al mismo tiempo, la nostalgia que despiertan estas acciones, pues las cuentas de ambos seguirán abiertas hasta que alguien acierte con la clave personal de los que ya no están y de por fenecido el contrato, de lo contrario seguiremos acostumbrándonos a estas publicaciones que revuelven sentimientos y nos permiten vivir una serie de catarsis indescriptibles en una sociedad de paradigmas sorprendentes.

En Colombia existen alrededor de 36,8 millones de usuarios, según datos presentados por el DANE en el 2025, es decir más del 69,2% de nuestra población tiene una cuenta Facebook, alrededor del 14,3% se encuentran los usuarios entre los 35 y 45 años de edad, que dentro de 30 años muy seguramente dejaremos de existir dejando no solo una estela de dolor familiar, sino un álbum resumido de los eventos más destacados de nuestras vidas en los últimos años. No me imagino ver a mis futuros nietos, si es que vendrán, viendo a su abuelo sonriente o tal vez bailando y que estos coloquen cuando ya sepan escribir: “Hola abuelito, no te conocí, pero te extraño”.

El mundo transcurre entre cosas como estas que nos permiten adaptarnos o no a un contexto cada vez más excepcional. Mientras tanto los periodistas seguirán escudriñando cuentas en Facebook de aquellos que son tendencias noticiosas en el momento, para colocarlos y adornar sus textos, mientras el Facebook seguirá alimentándose eternamente de nuevos usuarios y solo Dios sabe hasta cuando mantendrá las cuentas sin dueños de unos fallecidos con vida virtual, en este nuevo mundo lleno de fascinantes paradojas y atrevidas sorpresas.