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Por: Jairo Eduardo Soto Molina, Doctor en Ciencias Humanas

“Donde se calla lo esencial y se grita lo accesorio, la comunicación se convierte en poder y no en derecho.” Yotito Sabater

En los últimos años, la comunicación ha dejado de ser vista únicamente como una herramienta para interactuar con los demás y ha comenzado a entenderse como un activo estratégico en los entornos profesionales, especialmente en sectores como la educación superior. En el contexto colombiano, donde las universidades enfrentan desafíos como la transformación digital, la internacionalización, la calidad académica y la democratización del conocimiento, cuidar la comunicación no es solo una opción deseable, sino una necesidad urgente para la construcción de comunidades académicas coherentes, participativas y éticas.
La comunicación en la educación superior cumple una doble función: por un lado, posibilita la gestión organizacional eficaz, y por otro, fortalece los vínculos entre los diversos actores de la comunidad académica: estudiantes, docentes, administrativos, directivos y sociedad civil. Un entorno universitario que cuida sus canales y formas comunicativas promueve el respeto, la transparencia, la participación y la confianza. En cambio, cuando se descuida, surgen conflictos innecesarios, desinformación, fragmentación institucional y desmotivación.
En el ámbito docente, la comunicación clara y empática con los estudiantes es esencial para generar un ambiente de aprendizaje significativo. Un profesor que comunica con precisión sus expectativas, que escucha activamente a sus estudiantes y que adapta sus mensajes según el contexto, favorece no solo el rendimiento académico, sino también la formación crítica y humana de los futuros profesionales. Del mismo modo, la comunicación entre colegas, cuando es abierta y constructiva, fortalece la colaboración interdisciplinaria, la innovación pedagógica y el trabajo en equipo.
Desde una perspectiva institucional, la comunicación interna es clave para alinear los objetivos misionales con las prácticas cotidianas. En muchas universidades colombianas, los problemas de gestión y clima laboral no provienen de una mala intención, sino de una deficiente comunicación entre niveles jerárquicos, facultades, departamentos y unidades administrativas. Cuidar la comunicación implica garantizar que la información fluya de manera oportuna, clara y bidireccional, y que las decisiones se tomen con base en procesos dialogados y participativos.
La comunicación también tiene un valor fundamental en el posicionamiento externo de las universidades. En un país como Colombia, donde muchas instituciones compiten por recursos, estudiantes, visibilidad e impacto social, una estrategia de comunicación institucional efectiva puede marcar la diferencia entre una universidad cerrada en sí misma y otra abierta al mundo, capaz de proyectar su identidad, sus logros y sus compromisos con la sociedad. Aquí entran en juego no solo los medios tradicionales, sino también las redes sociales, las plataformas digitales, la producción académica divulgativa y las alianzas con medios de comunicación.
Otro aspecto esencial de cuidar la comunicación es su vínculo con la ética institucional. En un país marcado por la polarización, la desinformación y la pérdida de confianza en las instituciones, la universidad debe ser un ejemplo de comunicación responsable, crítica, ética y formativa. Esto implica evitar el lenguaje excluyente, los mensajes contradictorios y las decisiones sin justificación pública. Implica también formar a los estudiantes como comunicadores críticos, capaces de leer, interpretar y producir información desde un compromiso con la verdad, el diálogo y la transformación social.
En conclusión, la comunicación en la educación superior colombiana no es un simple canal de transmisión de datos, sino un espacio de construcción de sentido, de identidad, de cultura organizacional y de transformación social. Cuidarla implica asumirla con responsabilidad, con estrategia y con humanidad. Las universidades que entienden este principio están mejor preparadas para enfrentar los desafíos del presente y para formar ciudadanos comprometidos con un país más justo, dialogante y plural.
Tomémonos un tinto, seamos amigos, Sigan siendo felices Jairo les dice.