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Por: GASPAR HERNANDEZ CAAMAÑO
BARRANQUILLA: ¡POSEE 2 LUNAS!
“La esperanza no es lo mismo que el optimismo. No es la convicción de que algo saldrá bien, sino LA CERTEZA de que algo tiene sentido”. Václau Havel. ___
Nací en la Barranquilla Municipio -la vieja killa, la arenosa; antes había sido villa-, en la segunda mitad del Siglo XX, cuando Colombia era gobernada por un General, en respuesta política a la violencia que estalló en la Atenas Suramericana, entre rojos y azules, y, que aún incendia el campo sembrando de inseguridades a las grandes capitales de un país de regiones con diferentes culturas, climas y cocinas. Otras geografias, otros hombres.
Entonces nací mientras Barranquilla era reconocida como: “El mejor vividero del mundo”, porque nuestras batallas solo se combaten, desde antaño, con flores de múltiples colores y entre disfraces (uniformados) de Congos, Marimondas, Monocucos y Garabatos. ¡La vida acá es Carnaval!. Desde entonces, también nos otorgaron el título de “Puerta de Oro” de Colombia, por ser Puerto Marítimo y Fluvial, por ser Industria, por ser Comercio; y por ello somos Distrito Especial, por decisión constitucional.

Aquella Barranquilla, también nombrada musicalmente: “Curramba, la bella“, también “Barranquilla Linda” no existe, sino en la nostalgia del Ñero, voz reducida de barranqui-llero, el del siglo pasado. “Hola ñero“, así se saludaba en las calles y esquinas de la urbe en que los servicios públicos de agua potable, aseo, alcantarillado, energía eléctrica y telefonía eran responsabilidad de empresas municipales. Hoy saludamos por whatsaap.
“Los de entonces!”, como en el verso de Neruda (Poema 20), seguimos siendo los mismos. Seguimos viviendo la vida, la buena, como en el Carnaval que solo “quien lo vive, ¡es quien lo goza!“. Pero, la ciudad no es la misma. La killa que habito, con la alegría de abuelo de cuatro nietos, no es la misma, en la que caminaba en las noches solamente acompañado por las luces de la cantada luna de Barranquilla que dice:
“Lunita barranquillera,
Le conozco sus secretos.
Tiene amores hace tiempo
Con el río Magdalena
Los he visto besarse en la arena
Una noche de cumbia y palmera”
(autora:Esthercita Forero, la novia de Barranquilla).
Y, ahora, el Magdalena tiene otro nuevo amor vespertino, en su nicho de Barranquilla, el de luna, la reciente inaugurada rueda mecánica que, desde un espacio de El Gran Malecón del Río, prodiga diversión auténtica desde el aire a propios y visitantes. Esta verdad se logra captar, cada tarde, en las fotos que ilustran esta nota ÑERA y que me compartí una amable lectora: ella camina también enamorada de El Magdalena: afortunado amante de 2 lunas Barranquilleras.

Me formule el interrogante: “Mejoró calidad de vida del Barranquillero por desarrollo del distrito?”, viajando en taxis, por edad evito usar bus urbano, y lo planteé a taxistas de estación, con quienes diálogo durante “la carrera”. Unos son escépticos para no decir pesimistas, otros positivistas. Pero el común de las respuestas es la preocupación por la seguridad en diferentes sectores de la ciudad, aunque ninguno niega los avances en vías, turismo y el auge, como olas, del comercio.
“Ir al Centro”, expresión barranquillera, era en los tiempos de la primera juventud- siempre enamorao- ír al Paseo Bolívar. Allí todo ocurría: el carnaval y la política; así como el esparcimiento: beber agua de coco o el patillazo y dejarse “embolar” en la acera. Hoy, El Paseo Bolívar es una variada galería de almacenes con actividad gubernamental y bancaria. Ese “callejón Abello” no es el mismo de ayer. Hoy tiene más espacio para caminar, divertirse y comprar de todo, como en una Gran Ciudad. Bolívar sigue allí, blandiendo la auténtica espada de libertador.
Hace unas cuatro (4) décadas, desde la consagración territorial como Distrito, la ciudad se extendió hacia el norte y el considerado “centro” paso del Paseo Bolívar (calle 34) a la Calle 72, muy pronto Avenida Shakira, a la calle 76, luego a la calle 79. Y de ahí creció hasta la calle 98. Lo que deseo significar es que Barranquilla es un gran centro comercial, potenciando así su desarrollo urbanístico con ampliación y construcción de calles y carreras. Tenemos trans-metro de sur a norte.
En la infancia no conocí al río; Ma. Caamaño nos llevaba al Mar de Puerto Colombia, debajo del Muelle. Solo lo vine a conocer en la adolescencia cuando usábamos el Ferry y muy cerca siendo universitario, en 1974 en la inauguración con fiesta del puente Pumarejo. Pero ahora, ya abuelo, puedo ir cada vez que puedo a saludarlo, y, caminar a su costado, contemplarlo extasiado desde el Gran Malecon del Río. Esa obra nos entregó a la magdalena y ratificó el por qué la cultura universal, moderna, a Colombia ingreso por Barranquilla: Puerta de Oro. El Malecón es la ciudad cosmopolita, la nueva que hay que defender. Y disfrutar, gozar.
Desde 1813, al ser erigida en villa, Barranquilla no ha dejado de crecer, extenderse a la rosa de los vientos, rompiendo todos los límites, lo demuestra el conflicto fiscal del Distrito con el Municipio de Puerto Colombia por el corredor universitario. Más extensión territorial por su condición de Distrito Especial ha significado, no solo autonomía presupuestal, sino mayores ingresos (son superiores a los del Departamento) que Barranquilla ha invertido en desarrollo urbanístico mejorando así, quién lo duda, la calidad de vida ciudadana. ¡Eso es verdad! Solo miremos nuestro alrededor.

Para demostrar lo afirmado, lo ilustro con la inspiración del inolvidable Joe Arroyo que, en la letra del mambo “en Barranquilla me quedo“, escribió:
“Del Caribe aflora
Bella, encantadora
Con mar y río
Una gran sociedad.
(…)
Tu nombre pá mi significa
la esperanza de la vida
(…)
La mejor tierra antillana
Donde la gente es tan grata
Pa’ mi Dios que yo le pego
Quien denigre de esta raza
Y si a mi me meten preso
barranquilla a mi me saca porque
en tierra firme me quedo“(1988).
Es que el Distrito de Barranquilla, linda, es “esperanza de la vida”. vida buena. O sea, tiene sentido el desarrollo Distrital en todos los frentes de la ciudad, para mejorar la convivencia y, por ende, la calidad de vida ciudadana. ¡Seguiremos siendo “el mejor vividero…del mundo entero!”.
A próxima: El derecho fundamental al placer.

