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Por: Jairo Eduardo Soto Molina, Doctor en Ciencias Humanas, Post Doctor en Alta Dirección y tecnología, Investigador social
Cuando la geopolítica se confunde con profecía y la narrativa reemplaza al análisis.
En medio de la creciente tensión entre Irán e Israel, una idea se ha instalado con fuerza en la opinión pública: que este conflicto ya había sido anunciado. Videos virales, fragmentos de Los Simpson y análisis reciclados circulan como si fueran pruebas de una profecía cumplida. Sin embargo, lo que estamos presenciando no es la confirmación de un destino inevitable, sino el resultado de una narrativa que ha sido construida, repetida y finalmente creída.
El conflicto entre Irán e Israel no nació ayer. Sus raíces se remontan a la Revolución Islámica de Irán, momento en el cual se redefinieron las relaciones de poder en Medio Oriente y se instauró una ruptura ideológica profunda. Desde entonces, ambos países han desarrollado una confrontación indirecta sostenida, en la que actores como Hezbolá y Hamas han funcionado como extensiones estratégicas de una guerra que rara vez se declara, pero que nunca cesa.
Lo que hoy parece una escalada repentina es, en realidad, la manifestación visible de tensiones acumuladas durante décadas. Analistas internacionales, académicos y organismos multilaterales han advertido durante años sobre la posibilidad de un enfrentamiento mayor en la región. Pero advertir no es predecir. Comprender las condiciones de posibilidad de un conflicto no equivale a anticipar su desenlace.
Aquí es donde el problema se vuelve más profundo. Como planteó Michel Foucault, el poder no solo actúa sobre la realidad, sino que la produce a través de discursos. Cuando durante años se repite que una guerra es inevitable, esa idea deja de ser una hipótesis para convertirse en una verdad asumida. La llamada “profecía” no es más que el efecto de una narrativa insistente que termina por naturalizar lo que, en esencia, es contingente.
Desde la mirada de Pierre Bourdieu, esta dinámica puede entenderse como una lucha por el control del campo simbólico. En el conflicto entre Irán e Israel no solo se enfrentan ejércitos, sino también relatos. Cada actor busca imponer su versión de los hechos, legitimar sus acciones y posicionarse moralmente ante la comunidad internacional. La guerra, en este sentido, también se libra en los medios, en las redes y en la percepción global.
A su vez, la perspectiva de Enrique Dussel permite ampliar el análisis hacia una dimensión histórica más profunda. Este conflicto no puede desligarse de las estructuras de poder que han configurado el sistema internacional, donde las tensiones entre centro y periferia, entre proyectos políticos y culturales, siguen marcando el rumbo de la geopolítica contemporánea. No se trata solo de dos países en conflicto, sino de visiones del mundo en disputa. Es la tensión entre el colonialismo y la decolonización del poder.
En este contexto, el enfrentamiento actual adopta la forma de una guerra híbrida: ataques selectivos, operaciones encubiertas, ciberataques y una intensa batalla mediática. No hay una declaración formal de guerra, pero sí una confrontación constante que trasciende los límites tradicionales del campo militar. La guerra se ha vuelto difusa, omnipresente y, sobre todo, profundamente narrada.
La sensación de que “todo estaba escrito” surge precisamente de esa saturación narrativa. Confundimos análisis con predicción, repetición con evidencia, discurso con destino. Pero la historia no funciona así. Los acontecimientos no se desarrollan porque hayan sido anunciados, sino porque existen condiciones materiales, políticas y sociales que los hacen posibles.
El verdadero peligro de esta ilusión no es su falta de rigor, sino su capacidad para inmovilizar el pensamiento crítico. Si creemos que los conflictos son inevitables, dejamos de cuestionarlos. Si asumimos que el futuro está predeterminado, renunciamos a la posibilidad de transformarlo. Y ahí radica el punto más inquietante: no es la guerra lo que más debería preocuparnos, sino la forma en que la estamos entendiendo. Porque cuando la geopolítica se convierte en espectáculo y el análisis en profecía, el ciudadano deja de ser un sujeto crítico para convertirse en un espectador pasivo de la historia.
En este sentido, el profesor Arteta (Ripoll, (2016) señala la perentoria necesidad de reflexionar, desde la academia, sobre un tema cada vez apremiante por el interés que genera el peligro de una nueva guerra a escala planetaria y que podría destruir lo que con tanto esfuerzo el hombre ha construido, e inclusive, acabar con la existencia de la vida misma. El tema de la guerra y su contrapartida, la paz, siempre ha sido objeto de reflexiones desde la sociología, la historia, la filosofía y otras disciplinas tanto de las Ciencias Sociales y Humanas como las denominadas Ciencias Básicas. Pero ha sido la perspectiva filosófica, por la trascendencia que le es propia, la que ha permitido mostrar su antinomia como factor de progreso y destrucción. De esta esencia contradictoria y desde los tiempos más remotos en Grecia y en otras latitudes, los pensadores han dado cuenta en sus escritos. Hoy, es más urgente y necesario que la filosofía lo aborde y dimensione con la profundidad que solo ella puede lograr. En esta dirección su artículo se convierte en un pequeño aporte, pero muy significativo para la época actual
Una sociedad que observa sin cuestionar es, quizás, el terreno más fértil para que cualquier conflicto —predicho o no— termine por hacerse realidad.
Referencias:
Bourdieu, P. (1991). Language and symbolic power. Harvard University Press.
Dussel, E. (1998). Ética de la liberación en la edad de la globalización y la exclusión. Trotta.
Foucault, M. (1977). Discipline and punish: The birth of the prison. Pantheon Books.
Hall, S. (1997). Representation: Cultural representations and signifying practices. Sage.
Quijano, A. (2000). Coloniality of power, eurocentrism, and Latin America. Nepantla: Views from South, 1(3), 533–580.
Ripoll, C. A. (2016). Saber, razón y guerra. Amauta, 14(28), 69-78.
Walsh, C. (2009). Interculturalidad crítica y educación intercultural. Revista Educación y Pedagogía, 21(55), 25–35.

