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Por: GASPAR HERNÁNDEZ CAAMAÑO.
“No deseo que las mujeres tengan más poder que los hombres, sino más poder sobre ellas mismas”. Jane Austen, escritora británica del siglo XVIII. _______________
Aprendí, durante mis estudios de Maestría en educación con énfasis en cognición (Uninorte 2007), que los humanos no solo somos seres racionales, característica señalada para diferenciarnos de los animales, sino que, también, somos emocionales. Aprendizaje que me permitió proponer, para ser admitido en un doctorado en educación (Uniatlántico 2009), una investigación sobre el amor, como derecho constitucional en Colombia.
He recordado tales estudios en educación superior, para atreverme a opinar o explicar, desde la pedagogía moderna, la reciente noticia que aún resuena en Redes Sociales y en las esquinas de este país pre-moderno, sobre el despido de la Televisión Nacional de dos (2) históricos y destacados presentadores de noticias, bajo la grave imputación pública de ser, presuntos, acosadores sexuales, sin medir consecuencias ni familiares ni sociales.

Portada
Lo digo con claridad mental y responsabilidad social: atreverme a opinar sobre un hecho noticioso de tan delicada e íntima naturaleza, registrado en las cordilleras feudales de una Nación que lastimosamente es, aún, “un inventario de muertos”, como en algún momento García Márquez llamó a la historia de Colombia. Es que opinar, sobre un incidente de pasiones confusas, ocultas, es atreverse a ser racional y no meramente emotivo. Bueno, opinar es fácil.
Lo primero que se siente, en la atracción sanguínea de pieles, es el deseo, luego la química construye, en el día a día y en noches sin lunas, el amor, porque además de racionales y emocionales, los humanos somos seres amorosos. O no?. Así lo expresó el biólogo y filósofo chileno Humberto Maturana, quien me enseñó, en una mañana bogotana que lo escuche, face a face, que “el deseo es la causa de los conflictos, los cuales solo se resuelven con la razón“. Y el deseo humano no se extingue en los tiempos, si la vida es buena.

La primavera
En ese orden, entonces, surge en la búsqueda de una explicación de las conductas sancionadas, en plena “picota pública”, ¿-Inquisición? -, aquel lejano recuerdo de juventud cuando ví “ese oscuro objeto del deseo“, la última película del cineasta español Luis Buñuel, cuya historia exhibe la debilidad masculina ante los encantos de una actriz como Angela Molina, bella sin atenuantes. Y frente a tales encantos, solo el deseo manda: biología pura.
Pero, luego, ¡todo se confunde cuando los franceses –oh! la la! -, interpretan y aplican las apreciaciones de Sigmund Freud y fusionan sexo con amor. Hacer el amor dicen en París, antes del grito del 68, para definir que es buen sexo, aquella lección de Epicuro, en su Jardín, para vivir feliz: como un buen salvaje, como Rey León y ser, sin discusión algunas, el manda-más de la selva. la selva que somos ante tantas guerras de emociones, del frenético deseo de ser un ser superior.
Entonces, ya no existe el amor romántico. “Según Platón, el alma es lo más digno de amarse, no el cuerpo“, anota el profesor Rafael Narbona en el libro “Elogio del amor”(Rocaeditorial). Para precisar inmediatamente: “la belleza del cuerpo es algo insignificante”. Pero eran otros tiempos en los que el filósofo ateniense planteo, en un banquete de vino y palabras, sus ideas sobre el denominado, ahora, amor Platónico. Hoy el cuerpo se exhibe y provoca ese “oscuro objeto” que exhibió y expuso Buñuel.

Nacimiento de venus
Pero, también he logrado revisar el libro “Cambia tu vida con Jane Austen, Una guía emocional para vivir con amor, valentía y libertad”(Aguilar), de Carla Gracia, profesora de la Universidad Internacional de Catalunya, en especial las páginas del capítulo “recuerda que eres un ser salvaje“, en las que aprendí que a las mujeres hay que permitirle “seguir su instinto (ese espíritu salvaje de la naturaleza)”, porque la libertad es rico alimento el amor.
Por eso, reflexiono y presumo, que en Barranquilla por efecto de su carnaval -Patrimonio Inmaterial de la Humanidad -, igual que en Brasil (Rio, Bahía, etc.) las emociones o deseo reprimidos se desnudan, se desbordan más allá de los límites del Río y del Mar, exhibiendo no solo la piel fuerte de las mujeres, sino lo más íntimo del varón transfigurado en el disfraz del personaje más popular de la fiesta del Dios Baco: la marimonda!. oh! ¡mi dios!, gritan en un relato de Héctor Rojas Herazo, poeta, novelista y pintor caribeño.
Lo público, ¡el carnaval!, libera a lo privado, para hacerlo justo. Y sí el acoso no se transformar en abuso, sino en piropo, que está prohibido en un mural callejero. Es que en el gran caribe es más emocionante vivir, porque en la tibieza del sol y la humedad: “el amor no necesita ser explicado, sino vivido“. como leí en la terraza de una casona colonial mientras contemplaba las cúpulas de las Catedrales de Cartagena, recordando las de Roma. Y ello, porque amar es la suma ideal de voluntades y reciprocidades. ¡Lo demás es abuso, nada más!
La próxima: Líderes o pupilos?

