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Por: GASPAR HERNÁNDEZ CAAMAÑO.

“No respondas al necio según su necedad, no sea que te vuelvas como él”. Proverbios 26:4. _______________.

Aristóteles, considerado por historiadores como el gran pilar de la filosofía en la antigüedad, redactó “La Constitución de Atenas”, por lo que sus postulados en  Filosofía Política, muy a pesar de los tiempos de creación, son considerados de permanente actualidad. Por ello, he aprendido y siempre recuerdo los textos de “La ética nicomáquea“(Gredos), en relación con la justicia y, por ende, con la política de lo justo.

En el libro V de la Ética citada, líneas antes de la afirmación sobre la justicia política como “la virtud entera“, porque el gobernante está en relación con los otros, Aristóteles recuerda la siguiente expresión de Bías, uno de los 7 sabios: “el poder mostrará al hombre“(pág. 239, edición Gredos). He ahí, entonces, el origen de la presente reflexión sobre el ejercicio del poder por el hombre en “El País de las emociones tristes”(Ariel),  título del libro del profesor de la Universidad Nacional de Colombia, Mauricio García Villegas.

En ese sentido, es oportuno recordar lo consagrado en el Título III “de los derechos, las garantías y los deberes“, de nuestra vigente Constitución Política del 91 -conmemoramos 35 años de su proclamación -. En especial el artículo 40 expresa:

Todo ciudadano tiene derecho a participar en la conformación, ejercicio y control del poder político“.

La Carta Política señala que para hacer efectivo este derecho, el ciudadano puede ejercer, entre otras, las siguientes acciones: 

Elegir y ser elegido, participar en elecciones, constituir partidos, movimientos y agrupaciones políticas sin límites, revocar mandatos, tener iniciativas legislativas, instaurar acciones públicas y acceder a cargos públicos. Es decir, en nuestra Democracia Constitucional todos nacemos con vocación de poder político, como diría Fernando Savater.

Coherente con esos derechos, el artículo 191 de la Constitución del 91, establece que:

Para ser presidente de la república se requiere ser colombiano por nacimiento, ciudadano en ejercicio y mayor de treinta años“. O sea, ser un ciudadano de “mayoría de edad”, Mayoría de edad kantiana?. No, pues la historia reciente nos enseña que señalados pupilos (seres heterónomos) han aspirados y ejercidos la Presidencia de la República.

Una de las instituciones intangibles de la voluntad popular que cimienta la democracia constitucional, es la denominada opinión pública que tiene en la prensa uno de sus bastiones, para ejercer control social al poder. Por eso reseño opiniones de columnistas sobre el hombre que entregará el poder, en días próximos. En El Tiempo, Mauricio Vargas, en su “Tiro directo”, expresó:  “Fue un gobierno para delinquir“(6/28/26). En El Espectador, Felipe Zuleta escribió:

Petro les entregó el país a las mafias“(6/27 y 28/26). Mientras tanto,  el  exalcalde Hoyos arengó: “Yo me río de los malditos politiqueros que en nombre de la izquierda viene a joder a  la gente. Y comprando votos para el Pacto Histórico…A mi no me digan que no compraron, yo sé que compraron”(El Heraldo. 6/30/26).

García Villegas propone, en la página 286 del libro referenciado, lo siguiente para Colombia: “Una parte esencial de nuestro progreso como sociedad depende que podamos atenuar nuestras emociones tribales (de patria, partido, clase, religión) que son las más tristes, y sensibilizarnos más con las emociones humanistas que son las más plácidas“. Es decir, propone “una mejor educación sentimental”.

En el libro “El hereje: Carlos Gaviria“(Ariel), de la periodista Ana Cristina Restrepo Jiménez, un reportaje semí-autobiográfico del ex-candidato presidencial por la izquierda, se anota en la página 203, lo siguiente: 

“El 10 de febrero de 2018, casi tres años después del funeral de Carlos, Héctor Abad Faciolince publicó en su cuenta de Twitter:

“Recuerdo cuando mi amigo Carlos Gaviria me contaba, con ira, de cómo Petro cambiaba las actas del Polo, por la noche, para poner lo que no se había resuelto. Un tramposo”.

Entonces, cómo olvidar las enseñanzas de Aristóteles sobre la virtud tanto en la política como en la justicia. Enseña que:

“la justicia es la única, entre las virtudes, que parece referirse al bien ajeno, porque afecta a los otros: hace lo que conviene a otro, sea gobernante o compañero. Esta clase de justicia, entonces, no es una parte de la virtud, sino la virtud entera“.(opus cite, pág. 239). Pero, cuán virtuosos son nuestros recientes Presidentes.

No he deseado hacer una evaluación ni un retrato de quien se despide del poder ejecutivo, sino evocar que si todavía tenemos Constitución Política, embarcación de la navegación nacional, es por la existencia de un poder judicial que, en buena hora, asumió el deber de ser guardián, no solo de la Constitución misma, sino de garantizar la democracia, como forma de gobierno. Afortunadamente, a mi entender, el último “Aureliano Buendia” perdió la 33 de las batallas. Sin olvidar que los Buendía de la ficción no aprendieron a amar.   

La próxima: en Santa Marta: III Congreso Caribe de la Justicia Contenciosa Administrativa.