“LA CUEVA” Y “LA TIENDECITA”: SITIOS PARA MAMARGALLO EN VIDA DEL CABELLÓN Y DE GABO.  ¿EN “LA TIENDECITA” NACIÓ EL FESTIVAL VALLENATO?

Más tarde, GABO, al enterarse del asunto dijo categóricamente: “Como ninguno de ustedes se toma el trabajo de escribirlo, EL AHOGADO ES MIO“. Cepeda Samudio en “Los cuentos de Juana“. (pág. 38).__________

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Por: GASPAR HERNÁNDEZ CAAMAÑO.

Ingresamos a aspectos de la creación artística de Cepeda Samudio como de García Márquez, en la Barranquilla de los años 50s, decidiendo abandonar el título de Plutarco, y acoger la titulación caribe, cubanísima, del crítico cinematográfico y novelista Guillermo Cabrera Infante de su libro “Vidas para leerlas“, por  sugerencia del crítico literario Ariel Castillo Mier,  y por su identidad al ámbito caribeño de estas notas sobre el periodismo, la literatura, el cine y las vidas, de un par de mamadores de gallo geniales, sin ninguna pretensión historicista.

En el preámbulo de “Vidas para leerlas“(Alfaguara), Cabrera Infante anota que el libro “es, desde el título, una visión paródica sobre un tema de Plutarco, el primer historiador que basó sus historias en el chisme de salón y en los rumores de la corte”. Aspiramos, en estas columnas exclusivas de TELATIROPLENA.COM, contar con suficientes chismes y rumores para irlos relatando, mes a mes, a nuestros lectores hasta los idus de marzo del 2027. He ahí la cuna de la variación.

La Cueva. Para Teresa Manotas Llinas, la conocida “Tita Cepeda”, fue su esposo, Alvaro Cepeda Samudio, quien transformó, para la década de los años 50s del Siglo XX, la tienda “El Vaiven“, situada en una de las esquinas de la Cra 43 (Veinte de Julio) con Calle 59, pleno barrio Bostón de la Vieja Barranquilla, en “La Cueva” como centro o salón para tertulias literarias,  culinarias, como etílicas, de cazadores de monte, periodistas y escritores, todos mamadores de gallo, a lo barranquillero, auténticos, arrebataos. Es decir, curramberos.

En ese apunte, Tita tiene la razón histórica, ya que para entonces El Cabellón Cepeda era un importante ejecutivo de la Cervecería Aguila, patrimonio del padre de Julio Mario Santodomingo que, además de empresario cervecero (como Embajador de Colombia en China, propuso vender una “fría” diaria a cada chino), fue un asiduo contertulio literario en La Cueva. Julio Mario escribía cuentos.

La tiendecita. A poco metros de “La cueva“, a tres cuadras, en la isla del mismo barrio Bostón ubicada en la calle 62 con esquina de la carrera 44 (Cuartel), funcionaba entonces una “tiendecita” donde, la difunta madre de “Monchy” Blanco vendía guineos verdes para el cayeye y maduros para el arroz al “puente”(un guineo atravesao sobre el plato); además solo se vendía  “Germania“, la  competencia de “Aguila”, -“la sin igual y siempre igual!”-. La propia “fría” de Barranquilla -la original-

Cuenta Monchy que un día, sin precisar mes o año, apareció El Cabellón Cepeda, se sentó en uno de los “bancos” donde concurría la clientela. Los días siguientes volvió y pidió una cerveza. Le ofrecieron “Germania”. Entonces, con desparpajo, se comunicó con la Cervecería donde laboraba, ordenando enviar un camión con canastas de AGUILAS, por montón. Las regaló a la dueña diciéndole: “acá solo vas a vender águila. y la tienda se llamará “La tiendecita”!. Esa es la historia.

Sigue contando Monchy que Cepeda Samudio se mudó a “La Tiendecita”, no solo para mamargallo y tirar frías, sino porque en “La Cueva”, donde se armaban “unos mierderos”, invadida por tantos parroquianos, no le era posible hablar con García Márquez, con calmita, sobre sus lecturas, sus creaciones y aventuras artísticas, literarias y de guapos de barrio. Con el tiempo, Gabo se hizo frecuente contertulio en los “bancos” de la tienda de su mamá. Hey!, loco, hay ahí otro dato para la historia?.

Otra historia brevísima que nos contó Ramón Blanco, el popular Monchy, es que en “La Tiendecita”, Cepeda Samudio, García Márquez, Rafael Escalona y otros patriarcas se idearon, “cranearon”, la creación del Festival Vallenato, célebre evento que anualmente se celebra en Valledupar, la capital mundial del Acordeón. Exhibe una foto de estos personajes, como evidencia del relato. La imagen ilustra, entre otras, esta columna.

En el presente de nuestra vida urbana, “La Tiendecita” es un icono de la gastronomía currambera, que se ha crecido, como un rizoma, en diversos sectores del norte. Mientras tanto “La Cueva”, por iniciativa del apreciado Heriberto Fiorillo (qepd), revivió transformada en una Fundación para preservar, desde la nostalgia, la memoria, tanto culinaria como artística, del llamado “Grupo de Barranquilla“, como se conocen a los amigos de Cepeda Samudio y García Márquez. Tanto la una como la otra son patrimonio cultural del barrio Boston y de la vieja y nueva Barranquilla. 

Portada del libro de Cabrera Infante

La próxima: Vejez: Lo ético y lo estético del buen vivir.