NI CEPEDA SAMUDIO NI GARCÍA MÁRQUEZ HABLARÓN EN “LA CUEVA” DE LITERATURA.

Por: GASPAR HERNÁNDEZ CAAMAÑO.

“En La Cueva nunca se habló de literatura”. Quique Scopell_________.

Vea el video en YOUTUBE: https://www.youtube.com/watch?v=og9c2CtUHjg

Heriberto Fiorillo, amén de haber sido un excelso reportero y cronista tanto de prensa, radio, televisión y cine, como de cuentista sutil, fue un reconocido promotor cultural. Creó, impulsó y sostuvo – contra viento y marea -, año a año, el carnaval de las artes, evento de talla internacional, que declinó en su realización, luego de su temprano y lamentado fallecimiento.

Pero, solo a la inventiva y tenacidad de Heriberto, “El Fiori“, para cercanos e íntimos, se debe atribuir la conservación de la memoria del “Grupo de Barranquilla“, en la vida y la obra literaria de los escritores caribeños,  Álvaro Cepeda Samudio y el Nobel Gabriel García Márquez, al constituir, la Fundación  “la cueva” y revivir la historia urbana que convirtió la tienda del Barrio Boston “El Vaivén” en “La Cueva“, hoy resto-bar semí cerrado, solo abre de jueves a domingo.

Para el libro “Soledad & Compañía“(Planeta), la periodista barranquillera Silvana Paternostro entrevistó al fotógrafo Quique Scopell, quien con desparpajo le dijo:

“Tu tienes que desligar la cueva de lo que llaman el grupo de barranquilla. Son dos cosas diferentes. Es la misma cosa, pero son dos cosas distintas…en la cueva nunca se habló de literatura”(ver pág. 98). 

Tesis que coincide con la que nos contó “Monchy” Blanco sobre la mudada de El Cabellón a “La Tiendecita”, porque quería beber y promover la cerveza Aguila, la nuestra, y hablar de literatura norteamericana, uno de sus fuertes cognitivos.

Precisado, a lo Heraclito de Efeso, que una cosa no es la otra, pero es la misma cosa, hay que anotar que la tienda “El Vaivén” se transformó en “La Cueva” en 1954. Para entonces gabito estaba en Bogotá ejerciendo la reportería en el diario El Espectador. Aunque “El Grupo de Barranquilla“, es decir, Cepeda, Gabo, Germán Vargas, Alfonso Fuenmayor y el sabio catalán de “Cien Años de Soledad”, Don Ramon Vinyes, se reunían para beber y hablar de literatura:

“en distintos sitios de la ciudad de entonces, como: el Café Colombia, el Japi, Los Almendros, El Tercer Hombre, El America-billares”, así lo cuentan los biógrafos del NENE, Juanita Samper & Mario Jaramillo (esos apellidos “no son de por aquí”), en la página 126 del libro “Biografía de un genio mamagallista Álvaro Cepeda Samudio (Ariel). 

Estos biógrafos “cachacos” del Cabellón anotan que, a la cueva, para entonces, iban asiduamente:

 “Álvaro a la cabeza de todo, Alejandro Obregón, Germán Vargas, Juancho Jinete, Juan B. Fernández, Ricardo González Ripoll, Quique Scopell, Luis Ernesto Arocha, Orlando Rivera, Julio Roca Baena, Bernardo Restrepo Maya, Francisco Posada de la Peña, Luis Felipe Santodomingo, Pablo Obregón, Rafael Bornacelli (el padrastro de Cepeda), Carlos de la Espriella y Jaime Dieppa”.

Y agregan que ocasionalmente también acudían a “La Cueva

“el compositor Rafael Escalona, el poeta Álvaro Mutis, el pintor Juan Antonio Roda y el periodista Ramiro de la Espriella”(ver pág. 128 opus cite).

Este listado de parroquianos de “La Cueva“, en el siglo XX, lo elaboró el maestro Alfonso Fuenmayor, filósofo y columnista, autor del libro “El Grupo de Barranquilla“(Colcultura), ganador del Premio de Periodismo “Simón Bolívar”  de Seguros Bolívar.

Para dejar precisado que en “La Cueva”, no se hablaba  de literatura, nos resulta oportuno el testimonio de “Tita” Cepeda, viuda de Álvaro, que rindió a los autores de  la Biografía del  esposo difunto, al decir: 

“Nunca convertimos nuestra casa en antro de fiestas, para eso estaba “La Cueva”(ver pág 129).

La contundencia de la declaración de Tita solo contribuye a preguntarnos: dónde El Cabellón y Gabito hablaban de literatura?

Años antes de la conversión de “El Vaivén” a “La Cueva”_, con El Cabellon a bordo, los amigos de Don Ramón Vinyes, entre ellos Cepeda, Vargas, Fuenmayor y Gabito, que había regresado a Barranquilla, luego de El Bogotazo (1948), visitaban las librerías  situadas en el Centro de la urbe de entonces, bucólica y arenosa, cercanas al Paseo de Bolívar. En esas librerías sí se hablaba de literatura.

Jaime Abello Banfi, periodista barranquillero y director de la Fundación Gabo cuenta, en el libro de Paternostro, que: 

Plinio y Gabo

“En el año 94, Gabo estuvo en Barranquilla(…) y entre otras cosas me tocó acompañarlo en ese recorrido por el centro. Y el recorrido era buscando (aquí queda tal cosa, el edificio tal, aquí quedaba la librería, aquí estaba esto, aquí estaba lo otro), y tomando nota. Era de día. Un sábado. Sábado a las once de la mañana. De vez en cuando bajaba el vidrio y la gente veía y decía: “Aja, Gabo”. “García Márquez!“.(ver págs. 107 y 108).

Pero quien, definitivamente, decidió con precisión de relojero suizo el eventual conflicto sobre en qué lugar hablaban de literatura los amigos de Gabito y el nene, fue el propio García Márquez al recordar las conversaciones en el Bar Jappi, así:

“Bebíamos hasta el amanecer hablando de literatura. Cada noche surgían en la conversación al menos diez libros que no había leído y al día siguiente me los prestaban”. (ver pág 57 del libro “García Márquez en 90 minutos“(Siglo XXI) de Paul Strathern).

Esta precisión histórica de Gabo es pertinente para aclarar lo que, equivocadamente, afirma el diario el heraldo al referir la presencia del difunto, Plinio Apuleyo Mendoza, en Barranquilla al afirmar que:

 “(…)compartió interminables tertulias en el Bar La Cueva…allí se forjó buena parte del espíritu creativo que luego marcaría la literatura en esta parte del mundo”(ver Editorial del 1/8/26).

Llama la atención que, en el listado de Fuenmayor, sobre los contertulios de “La Cueva”, no aparece Plinio Apuleyo. Lo que evidencia el equívoco de El Heraldo en el editorial In Memorian. Pero como ven,  Gabo vino a buscar en el Centro de la Vieja Barranquilla los sitios donde sí hablaba de literatura, lo que no se hacía en “La Cueva”7 de Boston. Allá, según los biógrafos, “Cepeda tenía dos preocupaciones en mente su futura novela y sus parrandas en la cueva“(ver opus cite pág. 138).

Conocí, por los años 80s, que en ese barrio existió un lugar que llamaban “la cuevita”, ubicado en la calle 65 entre Olaya Herrera y Líbano, al que asistía el Maestro Fuenmayor. Además, el salón donde Gabo escribió “Cien años de soledad”, en el Distrito de México, se llama “La cueva de la mafia“. Recientemente leí que amigos intelectuales llaman “La nueva cueva”, al tertuliadero de los Harodls, “Baracuda“, situado al lado de la Librería Nacional de la 54. Será por el resplandor del recuperado mural del maestro Alejandro Obregón?. Que lo averigüe Vargas!.

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Bonus track. Plinio Apuleyo Mendoza murió en julio pasado. Fue gran amigo y compadre de García Márquez. Esposo de nuestra reina del Carnaval 1959, Marvel Moreno, autora de la novela “En diciembre llegan las brisas”. El libro de plinio, “El olor de la Guayaba“, es un referente para conocer de la vida y obra del Nobel. Paz en su tumba.

La próxima: Mis bibliotecas y mi Yo.