Por: Redacción

Francia atraviesa una nueva jornada de alta tensión social, marcada por una ola de protestas estudiantiles que se ha extendido por diferentes ciudades del país y que ha puesto nuevamente al Gobierno contra las cuerdas.

Las movilizaciones, iniciadas a mediados de septiembre, comenzaron como una protesta por las condiciones de la educación pública, pero han adquirido una dimensión nacional y política. Los estudiantes denuncian escasez de profesores, aulas saturadas, infraestructura deteriorada y falta de recursos.

El martes 6 de octubre, más de 266.000 personas, según cifras del Ministerio del Interior, participaron en las manifestaciones en todo el país. Los organizadores elevaron la cifra hasta unos 450.000 participantes. (AP News⁠)

Crece la confrontación con la Policía

La jornada estuvo marcada por enfrentamientos en varias ciudades. Las fuerzas antidisturbios utilizaron gases lacrimógenos y otros medios de control para dispersar algunos grupos.

La situación se agravó después de que un adolescente resultara gravemente herido durante los enfrentamientos en Lens. Según el Gobierno, existe una fuerte posibilidad de que una granada aturdidora utilizada por la Policía haya provocado la pérdida de una mano del joven.

Ante la controversia, el ministro del Interior, Laurent Nuñez, anunció la suspensión temporal del uso de este tipo de granadas durante las movilizaciones estudiantiles. Además, existen 18 investigaciones abiertas por la inspección de la Policía Nacional relacionadas con posibles actuaciones irregulares. (Reuters⁠)

Desde el comienzo de las movilizaciones se han registrado cientos de heridos. El Ministerio del Interior reportó 761 policías y gendarmes heridos, además de 215 estudiantes y 89 trabajadores de la educación. (Le Monde.fr⁠)

Más de 450 colegios afectados

La protesta también está afectando directamente el funcionamiento del sistema educativo.

A primera hora del 7 de octubre, el Ministerio de Educación informó que 459 institutos de secundaria tenían sus clases total o parcialmente suspendidas. Además, organizaciones estudiantiles reportaron bloqueos en alrededor de 80 campus universitarios. (Le Monde.fr⁠)

El Gobierno informó también que 24 centros educativos han sufrido daños importantes por incendios o vandalismo, lo que podría mantenerlos cerrados durante semanas y afectar a unos 30.000 estudiantes. El costo de las reparaciones se estima entre 20 y 30 millones de euros. (Reuters⁠)

El Gobierno intenta recuperar el control

El primer ministro Sébastien Lecornu reconoció que la preocupación de los jóvenes es legítima y anunció cinco líneas de trabajo para responder a sus demandas.

El Gobierno pretende presentar las primeras decisiones a finales de octubre, mientras continúa un proceso de diálogo con estudiantes y comunidades educativas.

Lecornu también negó que la Policía haya recibido instrucciones para enfrentarse a los estudiantes y defendió a las fuerzas de seguridad. Al mismo tiempo, afirmó que la respuesta del Gobierno debe traducirse en medidas concretas y financiadas. (Le Monde.fr⁠)

El problema va más allá de las escuelas.

Las protestas ocurren en un momento especialmente delicado para las finanzas públicas francesas.

Francia enfrenta una elevada deuda pública, fuertes presiones presupuestarias y un Parlamento profundamente dividido. El proyecto de presupuesto para 2027 se encuentra en el centro de una disputa política, mientras el Gobierno intenta reducir el déficit sin profundizar el malestar social.

La rentabilidad del bono francés a 10 años se ha acercado al 5 %, su nivel más alto desde 2002, mientras la deuda pública ronda el 120 % del PIB. (Reuters⁠)

Una crisis que llega antes de las elecciones

La crisis social también tiene una dimensión política.

Francia se aproxima a las próximas elecciones presidenciales y el descontento con el Gobierno de Emmanuel Macron está siendo aprovechado tanto por sectores de izquierda como por la derecha nacionalista.

El movimiento estudiantil, sin embargo, nació principalmente de reivindicaciones relacionadas con la educación y las condiciones de los centros escolares. Su transformación en una protesta nacional refleja un malestar social más amplio.

¿Qué puede ocurrir ahora?

Las organizaciones estudiantiles y sindicatos han anunciado nuevas movilizaciones para los próximos días. El Gobierno busca abrir canales de diálogo y evitar una escalada de violencia, pero la suspensión de las granadas policiales no ha significado el final de las protestas.

Francia enfrenta así una combinación especialmente compleja: malestar juvenil, deterioro de servicios públicos, presión fiscal, enfrentamientos políticos y una creciente desconfianza hacia las instituciones.

El desafío para el Gobierno de Sébastien Lecornu será transformar las promesas de diálogo en medidas concretas sin agravar todavía más la crisis presupuestaria.

Francia permanece en alerta ante una nueva jornada de movilizaciones.