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Por: Alfredo Felipe Martínez Agamez

Una vez, escribí un pequeño escrito en esta hermosa plataforma llamada telatiroplena.com, que la titulé: “Cada casa tiene su gotera”, la hice después de haber salido de la clínica donde me habían intervenido quirúrgicamente.

Si, cada día me convenzo con mas fuerza que “cada casa tiene su gotera”.

Me encontré con una señora amiga, que tiene más o menos la edad de mi querida y adorada madre. Esta señora a la que llamaré Juana, me saludó con una cara de tristeza y de angustia, descubrí en su mirada que algo no estaba bien y de una entendí, –ella necesita de mi, requiere que yo le presté mis oídos, mis ojos, y que le abriera mi corazón y claro mi atención–

De una me convertí en el receptor de sus quejas y lamentos y como el titulo de este escrito ¿Por qué Dios mío tantas cargas?, así arranco Juana sus descargas de lamentaciones, mis oídos de una se abrieron para escucharla con dedicación, mientras ella hablaba, me acordaba de mi madre, que también ha tenido una vida de esas que uno dice fuertes, que han llevado del bulto, que salen de una y se meten en otra, jajajajaja, mi amada madre que sigue siendo un roble, una matrona pero que ya no tiene las mismas fuerzas de hace 20 años.

Juana:–Mire Alfredo, no se que estoy pagando, es como si saliera de una y me metiera en otra, definitivamente uno viene a este mundo es a sufrir, la verdad yo no quiero volver más a este mundo, esto es muy fuerte, sabe una cosa, yo en ocasiones le reclamo a mi diosito, por qué de tanto sufrimiento–

Esta pobre Juana, es una de las millones de madres que sufren y se dan látigo del bueno, se flagelan por las tribulaciones, por la vida que les toca vivir. Juana, sufre en silencio por su hijo, quien padece de una enfermedad o alteración mental, un día esta bien, otro día entra en crisis y más de un día mal.

No es la primera ni la última que sufre por un hijo, yo mismo he derramado lágrimas por mi hermoso y bello hijo, jajajajaja, y es que como dice el pasaje bíblico, “que tire la primera piedra el que esté libre de pecado”, aquí sería, “¿quien no ha llorado por un hijo?”.

Juana, me enseñó, que nada es perfecto, que cada ser humano llegó a este mundo a vivir su propia historia, que debemos reconocer que somos diferentes y algo que vengo trabajando desde hace muchos años, la ACEPTACIÓN, que tanto nos cuesta trabajo, “Aceptar las cosas que no puedo cambiar y sabiduría para reconocer la diferencia”

Le conté parte de mis experiencias, le sugerí que debemos buscar ayuda espiritual y profesional para aprender a vivir y llevar nuestras propias cargas de la mejor manera posible, ya que son nuestras y algunas no son de nosotros, pero que por nuestra terquedad, en ocasiones queremos llevar sobre nuestros hombros cargas que no son para nosotros.

Terminé la conversación, diciéndole que no se preocupará que hay personas con cargas más fuertes de las que nosotros tenemos, le dí un fuerte abrazo y terminamos con unas carcajadas bien sanadoras.

jajajajajaja, “La vida es un carnaval” y nos toca bailar toda clase de música, hoy reímos, mañana lloramos, pero nos toca ser fuertes y bailar la vida con sus altas y bajas.

¡Disfruta de tu presente y métele ganas a vivir como si fuera el último día!