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Por: Jaime Colpas Gutiérrez, cronista e historiador, profesor pensionado de UniAtlántico
Estimado Leónidas Castillo, alias Tribilin. Acabo de leer este fin de semana en medio de mi convalecencia dental, tu ensayo publicado en México sobre “Freud. La cocaína. Dios y el sexo”.
El cual despertó un interés inusitado en la tematica, ya que era un neófito y desconocía que Freud fue uno de los pioneros en el uso medicinal de la cocaína, junto con su amigo oftalmólogo doctor Keller que lo introdujo a la investigación ocular.
Por lo que me leí incontables ensayos y artículos academicos sobre Freud y la cocaína en los navegadores web, permitiéndole llegar a la conclusión que, tu ensayo elaborado con rigor conceptual, imaginación creadora y prosa diestra, es un aporte significativo al conocimiento de la vida del gran genio que tú consideras como “uno de los hombres más influyentes de la cultura humana”.
Tu impactante escrito se divide en dos partes.
La primera en 11 párrafos, narrados en tercera persona con un orden cronológico, iniciado en 1884 cuando el joven neurólogo Vienes de 28 años comienza sus experimentos personales y estudio sobre el uso y antecedentes de la cocaína como sustancia anestésica, popularizado en el mundo médico y familiar de la época el consumo de la cocaína para fines terapéuticos y curas de enfermedades del alma.
En este apartado concluyes que Freud es “el primer cocainómano de la historia”.
Pero además haces una digresión temporal al sostener que el Regenerador de Colombia Rafael Nuñez Moledo, padre de la constitución del 86 y cuatro veces presidentes, pudo “ser el primer cocainomano de la república” (Véase: Soledad Román, “los últimos días del doctor Nuñez”).
La segunda más corta de cinco párrafos trata sobre la antinomia entre la teoría homosexual de Freud y la entrada fálica del cuerpo de cristo durante la homilía cristiana.
Finalizas el ensayo con la eutanasia complice del padre del psicoanálisis el 23 de septiembre de 1939 a manos del doctor Schur, quien le inyectó una sobredosis
de morfina para acallar para siempre el sufrimiento salvaje por un degenerativo cáncer en la boca, quien además había soportado 37 operaciones por esta misma causa.
Mientras trataba de comprender a tu fascinante ensayo, leí con avidez un artículo periodístico de la BBC de Londres sobre Freud y la cocaína, que concluye que: “Así que si alguna vez te encuentras en la silla del dentista soportando alguna potencialmente dolorosa operación, recuerda con agradecimiento a Sigmund Freud y al Dr. Koller O Coca Koller (Véase: “Como Sigmund Freud Introdujo la Cocaína en la medicina europea. Redacción BBC New Mundo)”.
Sin duda, esto lo comprobé en el atardecer del viernes 31 de octubre cuando el cirujano maxilofacial Saulo Pinedo me extrajo sin ningún dolor a mis dos carcomidas cordales.

