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Por: GASPAR HERNÁNDEZ CAAMAÑO.
“Dime cómo juegas y te diré quién eres”. Eduardo Galeano.
Aquella tarde, mientras disfrutaba de la variedad de una arepa venezolana -con todo-, vi acercarse al amigo Norberto Abello Ramos, exfiscal, a saludarme. Entonces recordé que él me había sugerido escribir otra columna sobre el libro “el futbol y su filosofía, grandes ideas detrás del juego”. Así que le prometí que lo haría. Y acá le cumplo y completo la reseña a tan entretenida y dateada obra de Martí Perarnau.
Aún con el entusiasmo emocional de presenciar, en pantalla grande y bien acompañado, la cinematográfica conquista del equipo de fútbol Junior, Tú Papá, de la undécima estrella, “ataviado” con la camiseta rayada de los tiburones – adquirida para la ocasión- decidí y comencé la redacción de esta nueva reseña y, así, com-plácer al amigo-lector. Como también satisfacer la curiosidad intelectual de regresar a las subrayadas páginas del libro citado.
No se escriben con emoción, amen que sean cartas de amor. Por ello, después de deliberar conmigo, escogí el presente título: Futbol, Fantasía y/o Guerra a objeto de intentar describir, en sus orígenes históricos, los más conocidos sistemas del deporte que más pasiones despierta globalmente, muy a pesar de la humilde cuna, pero con la arrogancia contemporánea que exhibe el llamado “deporte de multitudes”.
No existe discusión sobre el origen inglés del futbol. Al respecto Perarnau, en el prólogo del libro “el futbol y su filosofía“(Rocaeditorial) precisa: “Desde los orígenes, este deporte ha sido un constante enfrentamiento de ideas ejecutadas por equipos humanos”. Para anotar seguidamente:” A la idea del juego directo inglés, nacida en los campos de batalla del imperio, se opuso la de los pases de los escoceses, nacida de su cultura cooperativa”


En el capítulo “se juega como se vive“, el autor explica su tesis, así: “Los ingleses practicaban el juego directo porque sus primeros futbolistas fueron los nietos de quienes construyeron el Imperio Británico, aquellos jinetes suicidas que protagonizaron la carga de la brigada ligera en Balavlava, al galope, espada en rastrear y a pecho descubierto…! Cómo no iban a ser los primeros futbolistas hechos a imagen y semejanza de sus héroes!. Para el delantero inglés, cada ataque era una carga al galope, a vida o muerte”.
Contrario a ello, señala Perarnau, “Los escoceses habían desarrollado comportamientos muy diferentes: en vez de priorizar el individualismo…promovieron la cooperacion entre iguales y el asociacionismo. De ahí, cuando comenzaron a jugar, lo hicieron con el mismo espíritu colectivo, lo que se tradujo en el juego de pases, una manera especial de concebir el futbol“.
Dentro de la coherencia del relato histórico y a la idea de jugar como se vivía, el libro aporta el siguiente dato: “Los vienesas llamaron a su estilo scheiberlspieL, que debemos entender como “bailar un vals con el balón en los pies“. Correspondía entonces con “la identidad vienesa, alegre, despreocupada y feliz, que por encima de todas las cosas daba prioridad a un baile, un buen vaso de respingada y muchos chistes de doble sentido“.
Y bien. El antecedente histórico acá contado permite demostrar, con un buen nivel de contundencia, el perfomance exhibido por “el equipo del alma” al conquistar, contra viento y marea, las once estrellas que hoy enarbolamos, enamoradamente, en nuestro cielo acompañando a la luna de Barranquilla. Junior, Tú Papá, fue ” juego directo” Y, a la ves, ballet. ¿Quién me prueba lo contrario?
Entonces los tiburones, en su salsa de Bocas de Ceniza, jugando como bailando “La danza del garabato” ganaron tres goles a cero. Después en tierra de los pijaos exhibiendo un “juego directo”, como el que lanza “La danza del Congo Grande”, derrotaron con un soberbio golazo al rival en su propio patio. Ese triunfo confirma, una vez más, que en Barranquilla el futbol es una fiesta… un carnaval. También, un combate por la vida alegre.
Es evidente concluir que acá, en la tierra del río y del mar se juega el futbol como se vive!. Riendo, Gozando y Sufriendo por la extraña muerte de Joselito Carnaval. Eso, por qué no decirlo, los “cachacos” no lo entienden. De ahí que sea inevitable expresar el santo y seña: Junior…Tú Papá! lo demás vale mon dei!. Viva el Junior de Curramba y sus once estrellas.

