Telatiroplena.com, periodismo serio, social y humano.
Por: GASPAR HERNÁNDEZ CAAMAÑO.
EL AMOR ALIMENTA: SI SE VIVE Y SE GOZA.
“Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”. Julio Cortázar. _______________________________
Presumo la no existencia de norma jurídica, ética o religiosa que consagre, objetivamente, el derecho al placer, aunque la vida humana, como la del animal que, también, somos como mamíferos y la de los de la fauna natural, no se explican sin ese ingrediente: lo placentero. Pero, para existir -como Derecho- se debe satisfacer y no solo enunciar en códigos o estatutos, por ello, solo por ello, debe considerarse un derecho fundamental. ¿Les parece?
Ahora bien, que no haya en la normatividad anotada, de manera explícita, una prescriptiva no niega la posibilidad de dar satisfacción a tal Derecho. Así, lo provee el artículo 94 de nuestra actual Constitución Política (aún vigente) cuya letra dice:”La enunciación de los derechos y garantías contenidos en la Constitución y en los convenios internacionales vigentes, no debe entenderse como negación de otros que, siendo inherentes a la persona humana, no figuren expresamente en ellos“.

Ese sentido constitucional avala, en mi entender, el criterio de Derecho Fundamental con que deberíamos concebir y satisfacer el placer, ya que es inherente a la persona humana, pues los avances de la neurociencia, como de la sicología cognitiva y filosóficos, nos han permitido identificar que además de seres racionales somos seres emocionales. Recordando al chileno Humberto Maturana diría seres amorosos.
Siendo así las cosas humanas, tanto mamíferas como biológicas podría afirmar, entonces, que el placer es el derecho de nacer, nacimiento a la vida. Si. A la vida buena. La que enciende la piel ante: un buen alimento, ante una buena bebida, ante un dormir bien. Ante el magnético sexo (Octavio Paz lo llama:(la llama doble). Ese derecho que complace al animal que también somos. Que al satisfacerse nos hace HUMANO: siempre en búsqueda de ser feliz.
Por ello, no es fácil expresar públicamente, más allá de la poesía, una reflexión mínima sobre el placer como Derecho fundamental. Y nos atrevemos por el soporte cultural que existe –sí, existe– desde la antigüedad hasta lo contemporáneo. Basta una pasadita desde el enigmático Oriente, la Atenas de El Banquete, el París que es, lo dijo Hemingway, una fiesta y todas aquellas disertaciones prudentes que vemos en las Redes Sociales. Miremos.

Conservo, desde los estudios doctorales sobre el amor como derecho fundamental, un hermoso e ilustrado ejemplar “de los siete libros del kama-sutra, aforismos de amor“(grijalbo) que considero un Manual de Educación del placer -y no es el texto pornográfico en que lo convirtieron los gringos-. En una de sus páginas se lee: “La decencia, la propiedad y el amor; mantenidos en perspectiva y conocidos de acuerdo al statu quo. Aquel que conoce el Kama-Sutra es, en verdad, amo de los sentidos”(pág 26).
Epicuro es el filósofo de la Grecia Clásica considerado el fundador del vivir con placer, en su célebre escuela El Jardín. Lo poco de su obra se conoce por fragmentos. Una de sus máximas capitales dice:”Es imposible vivir placenteramente sin vivir con prudencia, bondad y justicia, así como tampoco es posible vivir con prudencia, bondad y justicia sin vivir placenteramente. El hombre para quien esta última condición sea imposible no puede vivir con prudencia, bondad y justicia; el hombre para quien lo primero sea imposible no puede vivir con placer”(pág 55 del libro “el arte de la felicidad“(Domo) de Epicuro). Tremenda dialéctica.
A sus 104 años de vida Edgar Morin, educador francés y autor de numerosos libros, como el ensayo “amor, poesía y sabiduría“. En enero pasado, concedió declaración a la prensa y dijo: “El exceso de sabiduría lleva a la locura, por ello hay que acudir al AMOR, que concebimos punto común entre la sabiduría y la locura”. Definitivamente el longevo Morín nos regresa al Platón del diálogo el banquete donde Sócrates afirmo que el amor era frenesí. Locura placentera.

También indague en las páginas del libro “El placer de vivir“(Paidós), del filósofo francés André Comte-Sponville, quien al igual que Morin vive (1952), jubilado. El libro recoge más de 100 artículos breves publicados en distintos medios. Y en el queda el título el autor dice: “No porque la vida sea buena, tenemos que amarla, sino que debemos hacerlo para que lo sea. El hombre es una bestia extraña: La única que ha de transformar sus pulsiones en amor“(pág. 248).
Nuestro recorrido epistemológico, permite precisar el alcance de considerar al placer como Derecho Humano Fundamental y valorar, más allá de nuestra animalidad (instinto), al amor como el ejercicio para la vida buena cuando se concibe, se da y se recibe como un carnaval para vivir y para gozar. Así alimenta. Sana. Es la conexión de pensar y sentir placenteramente: experimentar, ver, hacer y existir tanto humano como animal. El placer de vivir feliz consigo mismo y con el otro: compartir.
La próxima: El estado social de derecho no admite división en clases sociales, ni ricos ni pobres.

