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Por: Alfredo Felipe Martínez Agamez

Respeto y admiro, a todos esos seres humanos que se arriesgan y le apuestan a la creación de empresas y desarrollos de emprendimientos, merecen todo el reconocimiento por tan loable dedicación llena de honestidad, berraquera, ética, amor y cariño por el otro.

Pero en este país, existe un alto número de mal llamados “empresarios”, que han logrado tener una reputación y un destacado crecimiento en la sociedad, a base de negocios turbios, oscuros, subterráneos y corruptos. Y hoy hacen desfiles de mega-importantes desarrolladores de la economía, fungen como impolutos y dadivosos amigos de los ángeles del cielo en la tierra. Pero en realidad, son unos despreciables luciferinos capaces de todo por seguir disfrutando de sus cómodas y maravillosas vidas de lujos y ostentaciones.

Muchos tratan a sus empleados, a los otros seres humanos como piltrafas, trapos sucios; como si fueran ellos los únicos de valor en este mundo. Son capaces de constreñir a sus empleados, de amenazar a punta de balas, de matar y desaparecer al que piense diferente a él.  

Así, estamos en este país, lleno de desigualdades, egoísmo, donde muchos se creen que por sus venas corren chorros de oro en vez de sangre, que sus heces tienen olores florales y saben al mejor aceite de oliva; donde muchos cuentan con los súper poderes que les han otorgado por ser y actuar como los representantes de Luzbel en la tierra.

Debemos estar alerta, en pleno siglo XXI, nos toca prepararnos y descubrir cuales son nuestras capacidades y habilidades, potencializarlas y ser útil a nuestra sociedad, con el fin, de no dejarnos pisotear por aquel que se cree el Rey de universo.  

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