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Por: GASPAR HERNÁNDEZ CAAMAÑO.

Álvaro Cepeda Samudio no ha permanecido quieto más de una hora en toda su vida“. Gabriel García Márquez. ___

No conocí, en persona, a Alvaro Cepeda Samudio, de quien celebramos los 100 años del natalicio. Solo vi la fotografía donde aparece con las piernas encima del escritorio, en la época de Director o Editor del recordado Diario del Caribe, cuando funcionó en el barrio San Roque. “El Nene” o “El Cabellón”, como le llamaban, murió a temprana edad, en 1972. “No se peluciaba”, dijo la viuda.

El nene o el cabellon Cepeda

Pero, para el tiempo del fallecimiento en un hospital gringo, si conocía de su obra “La Casa Grande“, porque el profesor de literatura, en el bachillerato del Instituto “Agustín Nieto Caballero”, en la sede del Barrio Abajo – a una cuadra del entonces diario del Caribe-, ordenó la lectura obligatoria como parte de las novelas del boom latinoamericano, a la par de obras de Juan Rulfo y otros novelistas nuestros y famosos.

Entonces, sin ser bachiller en filosofía y letras, había leído en la biblioteca del “Agustín Nieto” y, de noche, encima de los pupitres – no eran tiempos de “billetico”-, la novela no solo de Cepeda Samudio sino las de su partner, Gabriel García Márquez a quien vi, una tarde de 1971, “mamando frías” con el Maestro Alfonso Fuenmayor, en la esquina de la Carrera 50 con calle 41 pleno corazón bajero. Lucía un semi-afro y una camisa de flores amarillas. Conversaban de pie.

GABO en Barranquilla en 1971

Un tiempo después, cuando estudiaba la Licenciatura en la Universidad del Atlántico, ingrese al grupo de teatro de la Facultad de Arquitectura, que dirigía el Maestro Orlando Jiménez (qepd). Era los tiempos de la llamada creación colectiva.  Se propuso adaptar “la casa grande“, por el tema: “La masacre de las bananeras”. Fuimos a Ciénaga a conversar con “sobrevivientes”. Y colabore con la redacción del libreto. El montaje fue un éxito y lo presentamos en todo Festival de Teatro Universitario que nos invitaba; eran los años 70s del siglo pasado.

En esos tiempos de vida universitaria intensa, ya era columnista de El Heraldo. Y conocí a los periodistas Gilberto Marenco Better y Sigifredo Eusse Marino, redactores del diario; con mi amigo de siempre Lacides García Detjen (qepd), creamos el grupo la esquina con el apoyo del Jefe de Redacción, José Orellano, editamos una página cultural denominada: “La esquina del viernes“, dedicada al cine, a la poesía y a la literatura.

Por eso, Marenco, a quien le pedí colaboración, cuenta que: “Mi relación con Cepeda Samudio se dio en las aulas de la Uniautónoma, donde estudié comunicación; un profesor nos llevó a las instalaciones de Diario del Caribe, en la calle 34 con carrera 35. Allí el jefe de Redacción nos mostró donde se sentaba, a trabajar, Cepeda. Posteriormente, vinculados al diario, hice amistad con su viuda, Tita Cepeda y sus hijos Alvaro Pablo y Patricia.”. Para precisar recuerda: “Cuando Carlos Valencia Editores, lanzó el libro “Los cuentos de Juana“, Gaspar me regaló un ejemplar con esta dedicatoria: “para Gilberto, y que no olvide que es “Cepedi…ta” de última hora. con la verdad de la amistad. Gaspar H. Caamaño, en la navidad del 80″.

Cepeda no fue un escritor prolífico. Además de “La Casa Grande” y “Los cuentos de Juana”, también es autor de “todos estábamos a la espera“. Pero sí de un espíritu inquieto. Además de periodista, fue publicista, cineasta, impulsor de cultura y destacado miembro del grupo barranquilla, y uno de los cuatro discutidores de Macondo, amigos de Aureliano Buendía en “cien años de soledad“. 

En la página 259 del libro “Las cartas del boom“(Alfaguara), aparece un píe de página que dice: “Periodista colombiano, parte del legendario Grupo Barranquilla, al que pertenecieron Germán Vargas, Alvaro Cepeda Samudio y el “sabio catalán” Ramón Vinyes. GGM los transfiguró en personajes de Cien Años de Soledad”. No miento si dijo: Cepeda fue Fundador de la cueva, en su conversión de tienda de esquina del barrio Bostón a bar de cazadores e intelectuales. Tiradores de águila, bien fría.

Cepeda con German Vargas y García Marquez

Mientras avanzaba en la redacción, leía capítulo a capítulo, el libro “Biografía de un genio mamagallista, Alvaro Cepeda Samudio“(Ariel), autoría de los investigadores colombianos Juanita Samper Ospina y Mario Jaramillo, ambos residentes en España. El libro tiene 222 páginas y un contenido de 35 capítulos, incluyendo una trayectoria de vida y bibliografía recomendada. ES, no lo dudo, una obra para conocer la arqueología de la vida tumultuosa del “nene” cepeda

Con motivo de los cien años de Cepeda Samudio, el Museo de Arte Moderno de Barranquilla, MAMB, con la curaduría del crítico Alvaro Medina, tiene abierta una exposición de su vida y de su obra creativa. En la apertura de tan interesante exposición, el periodista bogotano, Daniel Samper Pizano pronunció una charla, en la que afirmó que:”El cabellon trajo a Colombia la tendencia del nuevo periodismo norteamericano“. También participaron el catedrático Ariel Castillo y la viuda de Cepeda.

Respecto a lo afirmado por Samper Pizano, creo oportuno compartir una declaración de los principios periodístico expresados por Cepeda Samudio, de 1953, en una columna del diario el nacional (otro difunto). Escribió:

“Su misión primera es informar de los hechos como los hechos se suceden. Porque creemos firmemente en la capacidad de nuestro pueblo para sacar sus propias conclusiones. No creo que el verdadero periodista tenga más deberes que los de informar y orientar a las colectividades en la medida que su inteligencia y su criterio le señalen, ni más derechos que el de exigir una total libertad para cumplir este su trabajo”(ver pag 99 de Biografía de un genio mamagallista). Una autentica lección de periodismo.

El “cabellon” y Gabo en el aeropuerto. Par de mamadores de gallo

Cepeda Samudio, según sus biógrafos de nuevo cuño, fue un ser: “Generoso, imprevisible, estrambótico, genial, exagerado, bondadoso“. Definitivamente, me hubiera gustado mucho conocer a una persona, como “El Nene” o “El Cabellon”, como lo llamaban. Enhorabuena lo recordamos en sus cien años. Amen.

La próxima: Deseo y amor ante el acoso.