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Por: GASPAR HERNÁNDEZ CAAMAÑO.

“El buen periodismo no envejece: es experiencia”. Solapa.

He adquirido, para mi deleite y madurez intelectual, en el oficio de columnista dos (2) libros recientemente publicados. Son:” memorias cruzadas, Dos irónicos periodistas debate sobre la Colombia que han vivido”(Debate), con prólogo de Juan Esteban Constaín. Y “pelotas y letras“(Magisterio), el prólogo es de Hernán Peláez Restrepo. Ambos son textos que no dudo recomendar la lectura, pues no son productos de sesudas meditaciones, sino de contar la vida misma. 

Luego de revisarlos, desde portada, solapa e índices encontré que tienen un cordón umbilical que los hermana: es la memoria de sus autores, los columnistas Daniel Samper Pizano, Enrique Santos Calderón, dos cachacos amigos de lo caribeño, y el barranquillero Hugo Illera Jiménez. Entonces, decidí leerlos al unísono para ir matizando los recuerdos de la profesión que los une y les ha dado el reconocimiento que gozan, aunque han “perdido” las melenas.

Por ello, antes de avocar la reseña de estas dos publicaciones, tan necesarias para las nuevas generaciones de periodistas en Colombia, me permito recordar una de las más célebres frases del Nobel, Gabriel García Márquez, en sus memorias inconclusas “vivir para contarla“, que dice: “la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla“.

Hugo Illera Jiménez fue mi compañero, durante todos los semestres de la Licenciatura, en la Universidad del Atlántico de “20 de julio”. Conformamos un grupo de estudio con Daysi, Petra, Ana y Petro que, desde el 2do semestre, lográbamos la matricula gratuita por tener los mejores promedios. Desde el cuarto semestre Hugo se hizo columnista en Diario del Caribe, igual yo en El Heraldo. Es decir, es mi hermano, mi amigo.

No conozco, personalmente, a Daniel Samper Pizano, pero desde que desee ser cronista lo he leído en El Tiempo como en alguno de sus libros. A Enrique Santos Calderón sí. En los tiempos en que El Tiempo compró al Diario Del Caribe nos “tomamos” una Águilas, bien frías, en una tienda del Barrio Abajo. Me propusó que me fuera para Bogotá de reportero de El Tiempo e invitó, con tiquete aéreo de ida y regreso, a conocerlo. Fui. Pero deseaba ver crecer a mis tres hijos pequeños. Y en Killa me quedé. También lo he leído para aprender a ser columnista.

El libro de Samper y Santos, a los 80 años de vida compartida, es de una deliciosa lectura, no tanto por las narraciones de sus memorias, sino por la edición que lo hace ligero y fácil de manejar. Tiene 219 páginas. Y se desarrolla en 20 temas que van desde la infancia escolar, el ingreso a El Tiempo, el vil asesinato de Luis Carlos Galán Sarmiento, co-equipero, y la actual actividad de columnistas en Los Danieles, en YouTube.

Pelotas y Letras“, el libro de Hugo, también registran sus memorias. Las de él, memorias deportivas, aunque hay algunas nostálgicas, como la dedicada al padre. Hugo recuerda a algunos de sus colegas, en prensa, radio y televisión, fallecidos. Son generosas sus notas sobre “El Campeón” Edgar Perea, Fabio Poveda y Eugenio Baena. El libro, con una edición dura de difícil uso, tiene 197 páginas y contiene 7 capítulos desde historias de “El junior, tu papá!” hasta Guantes, Pelotas y Letras.

Las conversaciones de Daniel con Enrique, armónicas y temporales convertidas en libro narrado son realmente verdaderas enseñanzas periodística, no solo desde la técnica de contar y enfrentar historias diarias, sino desde el plano ético de la libertad periodística. He allí un motivo suficiente para afrontar la lectura de éste, para mí, delicioso libro de dos, hoy, viejos columnistas de El Tiempo que demuestra, como dice la solapa, que “El periodismo, cuando es bueno, no envejece: se vuelve experiencia“.

Así mismo, Hugo cuenta la lección que, sobre la esencia del periodismo, le dio el Maestro chelo de castro, la cual aprendió de “un solo porrazo”. Cuenta que Chelo (qepd) en la radio comento así: “¿Que tácito? Un imberbe periodista deportivo escribió una crónica completísima sobre el título de Atlántico anoche en el Estadio Suri Salcedo. Me la leí toda buscando cómo había quedado el marcador. ¡y no lo puso!. Se le olvidó lo principal al jovencito aspirante a ser periodista deportivo. cójanme ese trompito con la uña…” (ver pág. 96).

La lectura compartida de ambos libros, más allá del afecto por el colega y la amistad, me dejaron un magnífico esparcimiento a mis amaneceres. Pero seguramente estas páginas de memoriosos me confronto con la vergonzosa realidad nacional: seguimos registrando asesinatos, masacres, bombas Y una paz con adjetivos que no se cimiento en la convivencia y el respeto. por favor, no más muertes!

La próxima: Tres historiadores nacionales en búsqueda de la ilustración.