“VIDAS PARA LEERLAS” (5). Septiembre.

Por: GASPAR HERNÁNDEZ CAAMAÑO.
“Las tres de la tarde, hora ideal para ver cine“. García Márquez. _____
Guillermo Cabrera Infante, nuestro cómplice para estas anotaciones sobre los dos genios caribeños que recordamos, en los centenarios de sus nacimientos, es autor del libro “Un oficio del siglo XX“, gruesa recopilación de artículos sobre cine publicados en distintos medios de Cuba, antes y después de la Revolución que terminó “expulsandolo” de la Isla por su escritura y postura contra el “stalinismo” en la cultura.
Cabrera Infante también es autor de: “Cine o sardina” y “Arcadia todas las noches“, ambos sobre el séptimo arte. Fue guionista para Hollywood y realizador de películas censuradas en La Habana. No puedo olvidar cuánto me divertí viendo, en una deliciosa sala de cine a las 3 de la tarde en Barranquilla, la historia recreada de la novela “La habana para un infante difunto“. Pero, nos atrevemos a afirmar que el cine es el oficio del tercer milenio, por la revolución tecnológica que amplió las dimensiones de creación de las imágenes y las historias en movimiento.

Un poco antes de Cabrera Infante, Álvaro Cepeda Samudio advertía, lamentándose desde Barranquilla, en una columna que escribió para El Heraldo, en 1.951, con el título “Burbujas de la cultura“, retomado después por la viuda, para sus artículos de prensa:
“que el cine no fuera considerado el gran arte de nuestro tiempo” (ver pág. 92 del libro Biografía de un genio mamagalista).
Al abordar lo referente a la pasión por el cine que padecieron, como sarampión, tanto Cepeda Samudio como García Márquez es menester reseñar la historia de esa pasión que contrajeron en Barranquilla, la existencia de “La langosta azul“, cortometraje filmado en playas marítimas del municipio de Puerto Colombia, en 1.954. Para entonces Gabo residía en Bogotá, aunque aparece como Guionista y Co-Director, en razón a que “él y Álvaro habían escrito el guion y estuvieron en constante comunicación durante todo el proceso”(ver pág. 140 de opus cite).


Al respecto, el escritor y periodista barranquillero, Julio Olaciregui, en el prólogo del libro “Burbujas de la cultura“(Taller de Edición Rocca) de Tita Vda de Cepeda, reseña los recuerdos de la autora sobre la historia de “La langosta azul“. Ella cuenta:
“Yo era la noviecita pálida que tenía frases de información incompleta, excusas troncas y a las carreras y la visión marcada con fuego de una camioneta que todos los días pasaba por mi casa llena de cosas extrañas, palos-tubos de atriles que salían por las ventanillas, trapos negros y full gente con cara de locos que han sacado a pasear. Decían chao y desaparecían vía Puerto Colombia por varios días. Nunca supe de que se trataba, hasta que meses más tarde encontré en la mesa de luz de Cepeda, las fotos que Nereo había tomado durante la filmación y empecé a comprender muchas cosas”.(ver pág. 11).
La pasión declarada de Cepeda Samudio y de García Márquez por el cine, los llevo desde la primera juventud al estudio y a la realización de todos los aspectos atinentes al “Oficio del siglo XX“. Desde críticos de películas, guionistas, actores, directores y autorizar que parte de sus obras literarias fueran adaptadas al séptimo arte. Cepeda fundó, en 1958, el cine Club de Barranquilla y García Márquez creó y financió la escuela internacional de cine San Antonio de los baños, en Cuba.

Cepeda Samudio, luego del rodaje de “La langosta azul“, realizó en 1972, año de la muerte en New York, “La subienda del Magdalena“. Pero, los textos de “Los cuentos de Juana”, inspiraron al cineasta barranquillero Fernando “Pacho” Bottía, para escribir el guion y dirigir el film “Juana tenía el pelo de oro” que inauguró un Festival de Cine en Cartagena. Además, el montaje teatral de “Las muñecas que hace Juana no tienen ojos“, para la Alianza Colombo-Francesa. Bottia también dirigió el documental “Cepeda y el cine“, cuyo guion escribió la viuda y heredera.
Cepeda hizo el documental “Un carnaval para toda la vida“. Así mismo, otros financiados por la Gobernación del Atlántico. Y los “Noticiarios del Caribe” y “Regatas de Cartagena“. Recientemente, la Universidad del Norte culminó el I Encuentro de Colecciones Especiales, con “la puesta en escena de “los gaticos“, una versión libre del cuento “Vamos a matar a los gaticos“.
A su vez, García Márquez fue un declarado amante del cine, tanto que afirmó tener: “Un matrimonio mal avenido: que no podemos vivir juntos ni separados“. Quiso ser director de cine. Escribió guiones, como: “El gallo de oro“(1964), sobre un cuento del mexicano Juan Rulfo; también “tiempo de morir“(1965), sobre un episodio en la vida de su abuelo materno. En el libro “García Márquez: la llave de Melquiades“(Collage Editores), el poeta Gustavo Tatis Guerra cuenta que, además, fue fugaz “actor” en una comedia italiana, interpretada por Sofia Loren y Marcelo Mastroianni. (ver pág. 225).
Algunas de las obras literarias de García Márquez están confeccionadas con “Escritura cinematográfica“. Y han sido adaptadas al cine, entre otras: “El coronel no tiene quien le escriba“, “Crónica de una muerte anunciada“, “El amor en los tiempos del cólera“. Pero, sin ser grandes éxitos de taquilla, con lo que se demuestra que Gabo tuvo razón cuando se mostraba escéptico a que sus novelas y cuentos fueran películas.
Mientras indagaba en libros pertinentes asistí, el 20 de agosto reciente, a la jornada académica convocada por la Universidad del Norte, y escuché al profesor Alfredo Sabbagh disertar sobre: “Álvaro Cepeda Samudio y el cine“, en que reseñó las realizaciones del periodista y escritor en su pasión cinematográfica. Además, me obsequiaron un ejemplar de la revista huellas, edición dedicada al análisis de la obra y vida de este genio caribeño, nacido en Barranquilla.
Pero, en las noches finales del agosto de aguacero solitario y calor intenso, sin nombre, fue la presentación de la Segunda Parte, de la serie de Netflix, sobre la obra cumbre de García Márquez “Cien años de soledad“, la novela, “Que fue escrita contra el cine“, según Orlando Oliveros en el libro “Gabriel García Márquez, un genio de muchos rostros”(Periscopio casa editorial. Ver pág. 75). Pero, la versión “cinematográfica” con talento colombiano demuestra que la buena Literatura también puede alimentar, muy bien, al oficio de la modernidad: El cine. Por lo que doy gracias, a los herederos de Gabo, por autorizar esta realización, no se equivocaron, el genio de las letras también le cumplió al celuloide. Aleluya!. Amen.


La próxima: El silencio, Un derecho de lujo.

