Por: GASPAR HERNÁNDEZ CAAMAÑO.

Mientras tomaba una “costeñita“, verde esmeralda y bien fría, en la terraza del Estadero “Ago salsa donde Marrugo”, sitio en que concluyó el tour halloween barrio abajo, la noche de las “brujas viudas” del pasado sábado 31 de octubre, recordé una de las lecciones aprendidas, en la Licenciatura en Ciencias Sociales y Económicas de la Universidad del Atlántico, sobre la existencia sostenida de sociedades autárquicas, en los países del Lejano Oriente.

La memoria académica del educador pensionado, alimentada por las observaciones sociológicas, in situ, durante el recorrido del reciente Tour, en las paradas escogidas para contar historias de vidas y muertes ocurridas en lo más profundo de las entrañas del populoso y querido barrio abajo, Centro Cultural, a no dudarlo, de las costumbres de la Barranquilla Eterna. Y consumida “La Costeñita” decide contar la realidad de la comunidad autárquica, que percibo en el Barrio Abajo.

Vecinos jugando domino

Autárquico, semánticamente, significa “condición de quien se basta a si mismo“. Esa condición, a mi entender, resalta en cada esquina y en cada vivienda del Barrio Abajo, en el actual momento de su legendaria historia en que vine siendo recuperado en sus sabores, colores, costumbres y en sus propios personajes. Autarquía que aspiro demostrar seguidamente en esta apología de lo ahí vivido en una noche de brujas viudas.

El punto de encuentro, para “arrancar” el tour embrujado, fue la esquina de la tienda “La arenosa“, qué más identificación killera?. Ahí, a las 5 de la tarde de aquel sábado, un grupo añejo de vecinos jugaban dado y domino, mientras desde un bafle sonaba la música impajaritable del mago del acordeón, Aníbal Velásquez, barranquillero como ninguno. Ningún vecino bebía, solo jugaban y bailaban al son de “La vieja cachiporra”. Todo presagiaba, desde ya, el Carnaval.

Megáfono en boca, un “Harry Potter” inicio el recorrido, mientras un Pirata del Caribe repartía turrones de ajonjolí. el tour, en que participamos unas 50 personas, se detenía en puntos estratégicos del interior del Barrio Abajo. Visitamos los siguientes sitios: El hostal, El Centro Comercial, El Patio Rumbero, La casa donde vivieron Gabo y El Joe, El Frontin de una factoría y El Estadero Ago salsa, donde bailamos, tomamos “frías” y vimos perder eliminado a tú papá!. Además, los desfiles de niños disfrazados “pidiendo Halloween”. Currambero todo.

Ahora bien, en el Barrio Abajo existen diversas instituciones que representan a la Barranquilla de siempre. Destaco livianamente algunas de ellas: El Estadio de Béisbol “Edgar Rentería”, sinónimo de lo criollo, de lo propio. La Casa del Carnaval, innegable Museo de la Fiesta que identifica lo mejor de Barranquilla: su alegría, la belleza de sus mujeres, los ritmos musicales auténticos y los disfraces que son herencia. Es decir, el a.d.n. nuestro.

Columnista caminado en el tour

Tiene escuela y universidad. es el hogar infantil barrio abajo, apoyado por el Bienestar Familiar, donde la Asociación para la Equidad de Niños y Adolescentes, A.E.N.A. cuyos miembros son estudiantes y docentes de la Universidad Libre Seccional, enseñan derechos humanos a niños y padres de familia, con pedagogía del Carnaval, bailando La Danza de las marimondas del barrio abajo. La Unilibre patrocina una danza en Carnaval y tiene un Rey Momo del Carnaval: “Ricardo Primero“.

La iglesia católica Sagrado Corazón de Jesús, que es patrimonio arquitectónico del Neo-romanticismo, está situada en el músculo Cordial del Barrio, a pocas cuadras de La Casa del Carnaval, donde concluye el famoso desfile de la guacherna, creación de la compositora barranquillera Esthercita Forero, hija de los “palitos de matarratón” del Barrio Abajo. Los personajes de las fiestas del Rey Momo, rezan y empatan a media cuadra del Sagrado Corazón de Jesús.

Si algo da más identidad ñera al Barrio Abajo es su gastronomía. En sus patios y calles, matronas y fogones cocinan el mejor sancocho de guandúl (In memoria de Josefina Cassiani) de toda Barranquilla y el más contundente sancocho de gallina correteá que haya degustado mi paladar.

En el Barrio Abajo nacieron los totumazos, hoy “exportados” al Norte, pero sin el encanto del patio y el raspao. Tú me entiendes, men!.

Estudié y trabajé en el Barrio Abajo, pero entonces no era el que es hoy, luego de la ampliación de la Carrera 50, la recuperación cultural que se congrega en El Edificio de la Aduana y la acción del Distrito en rescatar edificios, esquinas y calles para el esparcimiento comunitario de propios y visitantes. Seguro olvide señalar algún icono, pero de lo que estoy seguro, de manera cartesiana, es que los bajeros viven orgullosos de nacer y morir en su Barrio. es que con él les basta!. Amén 

La próxima: Libros de historia de la vieja barranquilla.