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Por: Jorge Guebely

Agoniza un leviatán colombiano, nuestro monstruoso y poli-céfalo sistema político, origen del desbarajuste nacional. Como todos los leviatanes, agoniza “por construir sobre falsos cimientos” según Hobbes, por ser lobo hambriento para su propia gente.

Sistema pre-moderno, de obsoletos partidos: el monstruoso Centro Democrático, el anacrónico Partido Conservador, las veleidosas toldas liberales. Sus figuras se desmoronan como viejas piedras pulverizadas. Ya no sobreviven, ya no los salvan sus envenenados discursos, ni sus promesas, ni sus apellidos históricos.  Momias vivientes, malolientes, peligrosas fieras del pasado.

Agonía certificada por la reciente encuesta de Invamer Poll. Solo el 14% cree en el país, 18% en el presidente, 20% en Álvaro Uribe Vélez, 18% en Vargas Lleras. César Gaviria ni marca. Cuatro ruinas de carne, sin ninguna credibilidad ante la juventud.

También se desmoronan sus petrificados tentáculos: Peñalosa y Oscar Iván Zuluaga, Alejandro Char y Federico Gutiérrez. Y los tibios: Sergio Fajardo y Humberto de la Calle, Juan Manuel Galán y Jorge Enrique Robledo. Nada nuevo en sus discursos. Y Hasta los calientes caen en las encuestas: Petro e Iván Cepeda. No superan sus tradicionales querellas, actúan sin propuestas honorables de un Estado moderno.

Ninguna credibilidad para la Fiscalía, la Policía, los Medios de Comunicación, el Congreso. Instituciones infectadas de podredumbre. Tampoco se cree en la Corte Suprema de Justicia, en los partidos políticos, en las FARC. Estado completamente des-institucionalizado, no existe para el corazón de los jóvenes, ni para la mayoría de los adultos. Existe sólo para las sanguijuelas que succionan su famélica sangre.

Agoniza un leviatán entre rugidos y dentelladas. Y tomará mucho tiempo en morir, serán enormes sus convulsiones en las próximas elecciones. Creará terror en la figura de Petro y los jóvenes, abusará de la miseria material y humana de los colombianos para ganar la contienda.

Pero la agonía continúa, la promueve la conciencia juvenil, de cultura universal, con dignidad humana, capaz de distinguir ilusorio de la verdad, la podredumbre de la sanidad. Consciencia que descree de ese artificio llamado Estado colombiano, primer requisito para proyectar un nuevo contrato social, sin el imperio de la cultura neo-conservadora, neo-fascista, inhumana.

Agoniza lentamente nuestro leviatán político tradicional para que surja una nueva conciencia republicana, de verdadera democracia. Un Estado capaz de reemplazar la fuerza bruta por la civilizada fuerza de la razón, la mezquindad de los capitalistas por el valor supremo de la vida. Un Estado que se adelgace para ensanchar el potencial humano de su pueblo y su armonía con el planeta llamado Tierra.

 Nota: El contenido de este artículo, es libre, espontáneo y de completa responsabilidad del Autor, jguebelyo@gmaul.com