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Por: Arnulfo Valdivia Machuca
Una habitación totalmente oscura. Dos personas. Cada una con una linterna. Del techo pende una pirámide de madera. La primera persona está sentada justo debajo de la pirámide. La segunda está de pie, su cara a la altura de la pirámide. La primera enciende su linterna.
Frente a sus ojos aparece una tabla plana y en el techo una sombra cuadrada, que obviamente es la proyección de la base de la pirámide. Su verdad es que eso es algo cuadrado. Apaga su linterna. La segunda persona enciende la suya. Frente a sus ojos aparece un triángulo de madera y una sombra triangular en el muro opuesto.
Evidentemente es la sombra de la pirámide alumbrada desde uno de sus lados. La verdad de la segunda persona es que eso es un triángulo ¿Quién posee la verdad? Ambas personas. Y ¿Cuál es la realidad? Ninguna de las dos verdades. La realidad es que hay una pirámide alumbrada desde ángulos distintos. Pero vamos más lejos.
Si preguntamos a la primera persona qué hay, dirá que un objeto cuadrado. Esa es su percepción, porque es lo que ve. Lo mismo sucederá con la segunda persona y su triángulo. Si además les preguntamos por separado qué objeto es, entonces tendremos dos historias absolutamente impredecibles, sacadas de la mente de cada una. Quizá la primera diga que es una caja y la segunda suponga que es la punta de una flecha.
Ambas conjeturas son opiniones. Y de nuevo recordemos que ni las percepciones ni las opiniones de estas personas son la realidad. Su verdad proviene de su percepción y se refuerza con su opinión, pero ninguna es real. Quizá para ellas lo es, pero ambas apreciaciones son subjetivas y falsas. Ambas personas, sin embargo, se aferrarán a esa verdad y aportarán elementos para convencer de que es real.
Y como su verdad es la medida de su cordura, y por tanto de parte de su autoestima, surgirán fuertes emociones en el proceso de defenderla y establecerla como correcta. Y al final, nada es real, porque esa verdad sólo es resultado de su posición específica en la habitación y de falta de información suficiente para saber que lo que ahí hay es una pirámide de madera pendiendo del techo.
Así se generan los grandes conflictos entre individuos, intereses políticos y económicos, y entre naciones: defendiendo como real lo que sólo es una perspectiva personal, construida en la obscuridad de una habitación llamada mundo, que no da información suficiente, pero que nos coloca en un ángulo único, siempre diferente al de los demás.
Desde ahí prendemos nuestra linterna y percibimos, opinamos e inferimos verdades, que defendemos como reales, por ser las nuestras. Por eso, cuestiona y contrasta tus verdades con otras, para crear nuevas e innovar. Si quieres resultados distintos en tu vida empresarial, distinto empieza a pensar. Es el consejo perceptual de tu Sala de Consejo semanal.
Nota: El contenido de este artículo, es libre, espontáneo y de completa responsabilidad del Autor. Arnulfo Valdivia Machuca @arnulfovaldivia

