Telatiroplena.com, periodismo serio, social y humano

Por: GASPAR HERNÁNDEZ CAAMAÑO.

Heriberto Fiorillo Tapias, q.e.p.d, fue mi amigo, casi mi hermano mayor, pues fuimos cómplices, a lo Mario Benedettí, unas veces “celestinos”, en más de una aventura amorosa, con las novias de entonces, literaria y periodística. Su anunciada muerte me tomó indefenso, como la de un ser querido, familiar. He allí este Adios al Fiorí, con una lágrima en mis ojos acostumbrados a no llorar.

Fiori, además de amigo y cómplice de sesiones de cine vespertino en la gran sala del Teatro Colón, el de la carrera Libano, fue mi jefe en la redacción de extinto Diario del Caribe, a donde llegó después de un periplo de estudios en Nueva York. Allí, en pleno corazón del Barrio Abajo, conoció a su viuda, Claudia Muñoz, quien hizo periodismo social en el diario Julio Mario, al que “el viejo Fiorí” le introdujó modificaciones de estilo y presentación gráfica. Era un innovador.

A Fiorillo se le reconoce como cuentista, reportero, cronista, columnista y editor de periódicos, revistas y noticieros de televisión. Pero a mí me atrae su labor como cineasta, pues tenía una visión singular de la imagen cinematográfica. Fue director de un largo metraje sobre un texto del ex-presidente Lopez Michelsen y le acompañe, como productor, en el documental sobre el Carnaval de Barranquilla. Todavía lo veo con su disfraz de terciopelo de Congo Grande filmando la Batalla de las Flores, en plena Carrera “Veinte de Julio“, a unos pasos de La Piragua.

Con su indomable espíritu de emprendedor, y con el apoyo de la familia Char Abdala, gestó y desarrollo La Fundación “La Cueva“, en rescate de la memoria literaria del célebre Grupo de Barranquilla, al que pertenecieron creadores, artistas e intelectuales como Alfonso Fuenmayor, Julio Mario Santodomingo, Álvaro Cepeda Samudio, Cecilia Porras, Alejandro Obregón, Gabriel García Márquez, “Figurita” y otros personajes de novelas y crónicas.

Desde la Fundación creó El Carnaval de las Artes, un evento sin par en la ciudad y el país. Ese Carnaval, escenario de grandes artistas nacionales e internacionales, es sin duda alguna una de las herencias de Fiori a la cultura de esta Barranquilla de sus amores. en su memoria no debe languidecer, como “mueren” los amores de Petrona en la rueda de la cambiaba. El Carnaval de las Artes no tiene escenario, como limosnero va de una esquina a otra. Habrá autoridad cultural que asuma, con grandeza, ¿ese legado?.

Podría, quien lo duda, escribir una Elegía al hermano, al amigo, ya que múltiples recuerdos floran en mente. Pero, prefiero secar mis lágrimas y decir: Adios Fiorí, amigo, hermano.

Nota: El contenido de este artículo, es opinión y conceptos libres, espontáneos y de completa responsabilidad del Autor.