Telatiroplena.com, periodismo serio, social y humano

Por: Jaime Colpas Gutiérrez, historiador

Gentilmente el discípulo Jeisson Reynel me interroga: “Mientras en Inglaterra entendían la importancia de los mares y ríos.  Acá en Puerto Colombia y Barranquilla le dábamos la espalda al mar, cerrando el muelle por donde entró la Revolución Industrial a Colombia.  ¿Qué opina de la anterior afirmación Maestro?”

Pues bien, la inserción de la Colombia de mediados del siglo XIX al mercado mundial se dio por la interconexión del centro montañoso con la costa Atlántica a través del impetuoso río Grande de la Magdalena, y por la interconexión del naciente puerto barranquillero a un lento ferrocarril con el puerto de Sabanilla en 1871, que presentaba problemas de poca profundidad.

Hasta que el empresario cubano Francisco Javier Cisneros lo compró y lo extendió hasta Puerto Cupino que fue bautizado como Puerto Colombia en 1888.  El cual también con el correr de los años presentó el mismo problema del anterior con poca profundidad para la llegada de barcos con alto tonelaje.

Lo que determinó que la Nación aprobara la ley de canalización de bocas de Ceniza en 1909, cuya obra finalmente se terminó en 1936 con la entrada del primer barco Taralalite al puerto local, el 28 de mayo; cuyo terminal fue inaugurado en el mes de diciembre por el presidente Alfonso López Pumarejo.

Este problema se reiteraba debido a que la costa Atlántica sólo tenía dos bahías naturales: la de Cartagena y Santa Marta con bellas condiciones portuarias.  Aunque quedaban situadas muy lejos de la desembocadura del río Magdalena.

Pero el gran tonelaje de la carga de exportación se desvió hacia el puerto de Buenaventura, luego de la apertura del canal de Panamá en 1914.  Así es cómo Barranquilla perdió su condición de principal puerto a través de la conexión con Puerto Colombia.

La Puerta de Oro no le dio la espalda al mar, porque en esta área no existía una bahía natural, y la ciudad creció con un terminal marítimo a orillas del río.  No obstante, con el correr de los años cincuenta la ciudad le dio la espalda al Magdalena.   El gran malecón del río le devolvió a la urbe su contacto natural con la mayor artería fluvial del país desde 2015.

¡Qué la ciudad le dio la espalda al mar!, es un mito que reproducen los porteños por su nostalgia con el otrora esplendor del muelle de Puerto Colombia.  Sin embargo, la empresa Tecnoglass y la gobernadora Elsa Noguera lideran la construcción de un faro de cristal de 70 mts, uno de los más altos del mundo para recordar la memoria de que por aquí entró el progreso y la inmigración a Colombia.  Esa es la lógica del capitalismo dependiente colombiano.

Nota: El contenido de este artículo, es opinión y conceptos libres, espontáneos y de completa responsabilidad del Autor.