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Por: Adlai Stevenson Samper
Ricardo “Richie” Maldonado -lo de Ray es por su hermano trompetista con quien tuvo un largo nexo musical- nació en el condado de Brooklyn, NYC. Uno de los tantos neoyoricans que crecieron en la enorme ciudad, concretamente en la calle Hoyt. Su familia era eminentemente musical pues su padre Pacifico Maldonado encausó desde la edad de 7 años a su hijo a que tomará clases de piano. En ese mundillo conocería a Bobby Cruz que andaba montando grupos ventú para amenizar fiestas en bares.
En el High School conoció a Jimmy Cobb, baterista del mejor disco de jazz de la historia al lado del trompeta Miles Davis, “Kind of Blue”. Cobb confesaría que un muchacho compañero de su curso sería su guía por los senderos de la rítmica y del jazz. Pasado este período entró al Conservatorio de Música de Brooklyn, la famosa High School of Performing Arts y la no menos célebre Juilliard School of Music.
De allí aparece la base sobre música clásica y jazz que lo acompañaría toda su vida aunque siempre estuvo pendiente de los ancestros cubanos de boleros, sones, guarachas, cha cha chas y montunos que son la base de sus primeros discos grabados en 1964 -precisamente el año en que Johnny Pacheco decide independizarse creando la pequeña empresa Fania Records- y que constituyen una seguidilla de hasta 3 discos por año con el Sello Fonseca – del grabador y producto Carmelo Fonseca- en donde discurre en los cantos Chivirico Dávila y Bobby Cruz, que se convierte en su experto alumno en fraseos y estilos. Son los años de entrada de nuevos ritmos, tales como el Mozambique, El Pilón de Cuba, el Paca, el jala jala creado por Roberto Roena y sobre todo, de las mezclas interculturales y pluriétnicas entre el rhythm and blues afroamericano y los montunos y cha cha chas dando origen al boogaloo y el shingali, ambos con extensiones al jazz en los fraseos de las trompetas y en el uso del idioma inglés (spanglish) propio de las jaranas de la época en New York City.
Pero en los años 64 y 65 ocurre un fenómeno de masas juvenil mundial con el afianzamiento del rock and roll con la apoteosis producida por The Beatles y The Rollins Stones de Inglaterra, el surgimiento de ritmos juveniles como el twist, el ye ye y el go go. Precisamente Richie Ray, que tiene información sobre estos patrones musicales, decide titular -él o su productor Carmelo Fonseca- un LP con el nombre de Richie Ray introduces Bobby Cruz: A Go-Go-Go.
En 1967 la historia cambia. Pasa al sello Alegre de Al Santiago bajo la producción de Pancho Cristal, un cubano que tiene “zúmbale que zumba”, como diría Bobby Cruz en un fraseo y que es en realidad un judío habanero con sólidos conocimientos de las necesidades del público y que tipo de musicalidad esperaban las audiencias y que en el caso de Richie Ray ya no le servía el formato de sonora -popularizado por Pacheco y su Tumbao- sino una propuesta con mayor agresividad sonora.
El verdadero nombre de Pancho Cristal era Francisco Morris Sperlman, conocedor de orquestas, cabarets y disqueras en la Cuba prerrevolucionaria desde donde emigró al inicio de los sesenta a Nueva York vinculándose al ambiente musical con los propietarios de pequeñas empresas discográficas, entre ellos Al Santiago del sello Alegre con quien produce el disco ruptura en la carrera musical de Richie Ray, que es Jala Jala y Boogaloo, dos ritmos de moda a los que agregaría el ritmo de moda en Cuba, el Mozambique de Pello El Afrokan llamado 3 And 1, nombre de un famoso club nocturno de la época.
Allí están sus clásicos Bomba Camará y Richie´s Jala Jala y un premonitorio Colombia Boogaloo en ese 1967 lo que permite suponer estrechas relaciones con colombianos de Nueva York, que al final se concretaría en 1968 en una serie de conciertos en el marco del Carnaval de Barranquilla.
El secreto del sonido fue alejarse del concepto de sonora. Dos trompetas, una del venezolano Pedro Rafael Chaparro, que ingresa en reemplazo del hermano de Richie, Ray Maldonado. A su vez Chaparro, hombre del ambiente de clubes musicales invita a un veterano trompetista de jazz, Adolphus “Doc” Cheatham para la ejecución de la segunda trompeta. Fue un acierto pues le impuso un sonido especial jazzístico del que carecía el grupo. Además, y pudo ser decisión conjunta de Pancho Cristal y Richie Ray, se produjo un sonido que imitaba a un grupo muy popular de la costa Oeste, el del trompetista Herp Alpert, fundado en 1962, que introducía un sonido sofisticado de mariachi mexicano con elementos de jazz y el pop. Lo cierto es The Tijuana Brass (nombre de la agrupación) es el modelo de trompeta que acoge la orquesta -no lo era, pero así la llamaban- de Richie Ray. Alpert fue productor de los primeros discos del brasilero Sergio Mendes y su Brasil 66 con un sello que fundó: AM Records.
El otro eje del sonido de esta orquesta es la síncopa percusiva entre la campana del timbal y los fraseos del piano, que van unánimes con la supresión de la opresiva clave cubana descartada en forma total en aras de una percusión rápida y mambera que permita audacias para los bailadores.
Este sonido cautivante es el que alimenta la teoría que la salsa, como aire musical, fue coinventada por Richie Ray y otros grupos neoyorkinos, pero sin descuidar sus constantes referencias al jazz, del que introduce segmentos del LP Sketches Of Spain, del trompetista Miles Davis -quizás el músico de jazz de mayor influencia en el siglo XX- en su canción Adasadel LP Los Durísimos -donde también, y allí puede comprobarse su influencia, se encuentra una canción en homenaje a Pancho Cristal.
Las referencias al jazz las prosigue en otros temas tales como el celebérrimo Sonido Bestial donde intenta también una combinación con segmentos de música clásica mencionando el famoso músico clásico contemporáneo Ígor Stravinsky (“No es Stravinski, es trabajao”…) conocido por sus experimentaciones con la rítmica, aunque el segmento que suena en el disco es el Estudio Revolucionario de Frederic Chopin, una denuncia sobre la invasión Rusia a Polonia.
Otro aspecto importante en el sonido de la orquesta de Richie Ray es la fuga, el contrapunto y otros hallazgos realizados por “mi amigo Johan Sebastián Bach”, tal como tituló una de sus canciones y Juan Sebastián en Fuga. La fuga, un aire revolucionario y complejo es influencia notable en la pianística de Richie Ray. Velocidad y fraseo constante es quizás su característica mas notable. Pero también acoge a Beethoven en Nabucodonosor, un tema de su período evangélico y en un álbum de 2021 poco difundido llamado “Salsa, jazz y Beethoven” donde, además hay una versión del complejo y famoso tema El Vuelo del Abejorro, del ruso Nikolái Rimski-Kórsakov.
En suma, la pianística de Richie Ray ha estado signada por múltiples influencias estéticas, políticas, musicales, religiosas construyendo un “sonido” propio -muy difícil de lograr- y que fue imitado alrededor de todo el mundo; entre ellos por Fruko y sus Tesos, Nelson y sus Estrellas, Ralph Robles, Johnny Sedes y muchos más. Tal diría Bobby Cruz: “¡Cómete ese piano, Richie!”.
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