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Por: Adlai Stevenson Samper

Todo el aparato propagandístico del Alcalde Jaime Pumarejo –no de las acciones institucionales de la Alcaldía de Barranquilla que es exactamente otra cosa- se han dedicado con loas, canticos y desmedidos elogios sobre lo que ellos consideran fue un triunfo de la constancia del funcionario en el control y manejo de la epidemia covid-19 que por cierto; todavía no se ha extinguido ni se conocen aplicación de vacunas salvadoras de su peligroso contagio.

Es un mundo fantástico el descrito. Bajó la cifra de letalidad –ya explicamos en una columna anterior que tal descenso se debe a que la población susceptible con morbilidad en un especifico rango de edad, falleció-, la cual desocupó las UCIs que muestran descensos de hasta un 45% de su capacidad total y hay un leve descenso en las cifras de contagiados que se debe a las medidas de sálvense quien pueda de la ciudadanía por el evidente y público despelote de la salud privada y la falta de infraestructura y especialistas de la pública. Fundamento lo anterior señalando que en Barranquilla no hay un sol hospital de primer nivel de complejidad en esta red pública.

Nada que celebrar entonces. ¡Pero celebran y en qué forma! Desbordados sobre sí mismos muestran un comunicado en donde aseguran que Barranquilla exporta personal de salud a Medellín, magnificando una operación de la empresa Sura, conocida en las redes por las quejas de desatención a los usuarios de esta ciudad que decidió trasladar provisionalmente a su ciudad sede, a 21 médicos para reforzar sus equipos en Antioquia. Nada del otro mundo en una empresa de seguridad social privada dentro de sus políticas de atención; allá, y desatención, acá.

Pero en el mundo fantástico es un triunfo de la medicina barranquillera y una muestra de lo bien que se han aplicado internamente los planes de asistencia sanitaria que hasta se exportan a Medellín, una ciudad evidentemente con mayor desarrollo en estas áreas, tanto, venga y le recuerdo, que hasta el año 2018 la red de hospitales públicos la manejaba la IPS Universidad de Antioquia.

El bombo, los platillos, la bulla no se paraliza dando muestras de confianza en que lo peor ya pasó; minimizando la cuota promedio durante dos meses de casi 45 fallecidos diarios y el contagio evidente que prosigue en la ciudad, susceptible de caer en un rebrote peligroso que obligaría a regresar a los niveles iniciales de desconcierto con formulación de decretos y medidas erráticas y producidas sin mayor rigor de planeación. Hacia atrás a toda velocidad.

El clima de normalidad es tan estupendo, tan formidable que Pumarejo se atrevió, con evidente actitud de candor de quien le están saliendo las cosas bien, que los socios de la Asamblea del BID decidieron que este evento va en la ciudad en marzo de 2021; ratificando, dice el Alcalde, la confianza que esta institución financiera le tiene a la ciudad aunque lamentando que “no nos pueda acompañar en calidad de presidente Luis Alberto Moreno, gran amigo de Barranquilla”; tan llavería de la ciudad que una empresa familiar urbanizadora de su familia tienen acá importantes obras e inversiones. Amigo por prestarnos 100 millones de dólares para invertirlos en un concepto llamado ciudades sostenibles –en donde se incluye el componente cultura- pero, oh jubiloso porvenir crisol ilusión del Caribe blanco azul, se dedicaron a otras.

Más allá de la aparición de una vacuna en los próximos meses y si Pacho Santos, Embajador en USA encargado de conseguirla logre su empeño, no parece un buen momento para Barranquilla, afligida de enfermos, dolientes de los fallecidos y una crisis económica galopante, semejante noticia que debe alegrar mucho a los hoteleros, restaurantes y trasportadores, pero le sabe a nada al ciudadano común y corriente que trate de sobrevivir en adaptación permanente a los cambios que lo han golpeado durante el transcurso de la epidemia.

Por todo lo anterior y en vista que estamos llegando nuevamente a la normalidad –es decir a las anormalidades de siempre- la alerta bajó de gravedad y cada vez más en la imaginación del equipo de la Alcaldía se vuelve de un difuso color pálido que entusiasma a las barras bravas del Junior soñando en medio de griterías en las gradas del Metropolitano y los “hacedores” –así les dicen- del Carnaval desfilando con ron, maicena y jolgorio por las calles de la ciudad.

Si lo anterior les parece un cuento con matices absurdos, la última información del DANE, manejado por una especie de personaje exótico que le brincan los ojos y las cejas cuando habla, indica que las ciudades en donde menos desempleo hubo en Colombia fue en Barranquilla y en Quibdó. Afirmación que tiene un rango de certeza absoluta dados los altos índices de desempleo y de la llamada informalidad laboral constituida en el método “rebúscate como puedas”.

Cifras económicas optimistas que alientan el ideario del mundo fantástico en que vive el Alcalde absolutamente en contravía con la rastrera realidad. Dirán, como lo hizo en estos días un periodista vinculado a una emisora cooptada por los poderes y por ende, sumisa de información real y divulgadora de paradigmas magníficos sobre la inmejorable gestión política de la ciudad, que mí opinión no es válida pues tengo la condición de “contradictor político” del Alcalde como si lo normal; en una democracia real y en el marco del ejercicio del periodismo, fuera lo contrario, sumado en forma entusiasta a la causa hegemónica cueste lo que cueste. El periodismo es un contrapoder, en sus fundamentos de ejercicio, y cuando no lo es pasa al reino de la propaganda y las relaciones públicas.

Pero en el mundo fantástico ser contradictor político de un alcalde que ha manejado de forma lamentable los procesos relacionados con la pandemia es deleznable pues no se encuentra pegado a la torta y la mermelada; tal como debiera ser, y por tanto sus opiniones –trágame tierra!- no valen pues no se encuentran sintonizadas con el discurso oficial institucional. Otro de estos “periodistas” llama mantenidos, atenidos y vagos a la masa social que fue mínimamente beneficiada con mercaditos y otras bagatelas por los programas asistenciales de la alcaldía, sacando una especie de casta de refinamiento cortesano mezclado con ínfulas de ancestros propios del ideario de los fantásticos.

Todo se encuentra trastocado como se ve, en esta ciudad fantástica de alerta pálida. Lo normal es anormal y lo anormal es lo cotidiano y recurrente. Ojalá que el exceso de confianza sea solo para que alguna encuestadora amiga, convenientemente lu$trada, salga ahora con el consecuente parto de los montes que la gestión del Alcalde es calificada como positiva y excelente por el 80% de los barranquilleros y que esta campaña de imagen no se devuelva tal bumerang con una secuela de nuevos brotes y contagiados.

Eso no sería nada fantástico.

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