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Por: Roque Ortega Murillo

¡No es caballero, es grosero, mal educado, mentiroso, machista y fantoche, es el talante que expone el Presidente Iván Duque en sus actos cotidianos! La opinión pública se ha quedado con los crespos hechos, esperando una actitud caballerosa por parte de Duque para con la senadora Aida Avella, la de disculparse por la manera tan ruin y ramplona como se refirió a la dirigente de oposición el día de las instalaciones de las sesiones del Congreso el 20 de julio 2020: …»Que tal la vieja ésta, dijo que dónde estaba yo, que si estaba escuchando” … De esa misma manera descortés trató, no hace mucho tiempo, a un periodista en Barranquilla cuando éste le cuestionó en el ejercicio de su actividad informativa: … “Qué te pasa viejo”. 

Curiosamente el presidente dice en su discurso: “invito a continuar la batalla de las ideas desde la claridad de las diferencias, pero atreviéndonos a desafiar la política del odio que promueven los profetas de la fractura nacional” Pero en realidad, su mensaje conciliador, de dientes para afuera, lo desbarata con su repuesta patán de niño consentido, con un reflejo sentimiento anti oposición y una actitud despectiva contra la senadora Avella. Estoy seguro que si un adversario le contesta: “Qué te pasa gordinflón” de inmediato los áulicos de su partido mandarían a la hoguera al que se atreviera a insultar a Su Majestad El Presidente.

Parece ser que el odio lo promueven los miembros de su partido, el Centro Democrático, como lo demuestran los trinos divulgados a la opinión pública después del anuncio del Alcalde de Medellín solicitando colaboración de médicos cubanos para enfrentar la pandemia del COVID-19 en su ciudad. Un aluvión de críticas fanáticas y venenosas le cayeron al mandatario paisa pues, según ellas, estos médicos no vienen en misión humanitaria, sino que aprovecharían la ocasión para inyectarle el comunismo y el castrochavismo a los pacientes infectados por coronavirus.

En cambio, esta bancada si apoyó al Presidente Duque para traer tropas gringas dizque para asesorarnos en combatir al narcotráfico sin permiso del Congreso, olvidando que, en el pasado, este mismo ejercito abusó y violó a muchas menores de edad sin que la justicia nacional los judicializara. Mientras tanto a la comisión de médicos cubanos que salieron aplaudidos como héroes de Italia por la ayuda prestada durante lo peor de la crisis de la pandemia en ese país se le sataniza y se le rechazan su posible colaboración con odio visceral.

Esa postura radical y ultraconservadora no va en consonancia con lo que el mismo Duque instó en su discurso distractor: “Debe ser el momento en que los colombianos vean a todas las instituciones caminando a un propósito común” Reflexionemos: no es un propósito común invitar a unos médicos cubanos a que nos ayuden en el manejo de una pandemia que se ha salido de control, a pesar de los cuatro meses de confinamiento. No es el momento de politizar la pandemia.

Este es un gobierno que intenta gobernar desde programa diario de televisión en el que cada día se dice una mentira es mayor que la anterior. Sin duda nos considera imbéciles a los colombianos, asegurando que en su mandato se ha reducido los asesinatos de líderes sociales en un 25 por ciento.  Eso no es cierto, solo en esta semana asesinaron a seis líderes; el extermino continua. Tan solo este año, según INDEPAZ, han acribillado a 196 defensores sociales. La otra falsedad que descaradamente nos vendió en su discurso es que está luchando por la desigualdad y la inequidad. Si antes de la pandemia estábamos en unas condiciones de altísima pobreza absoluta; después de la pandemia vamos a seguir empeorando, cada día que pasa miles de personas pierden sus empleos y ya son ocho millones de trabajadores cesantes. Nos espera un drama incalculable.

Sin duda, Duque funge como una mal recreacionista y así nos gobierna disfuncionalmente, como cuando se inventaron la jugadita de no firma del decreto que aliviaba el cobro de los servicios públicos. ¿Qué tal esa? A los ministros se les olvidó estampar sus firmas. Eso es impresentable y vergonzoso. Tal situación hizo que la Corte Constitucional declarase como inconstitucional el decreto por medio del cual otorgaba subsidios para el pago de los servicios de acueducto, alcantarillado y aseo hasta el 31 de diciembre de este año. Una burla más contra las clases desfavorecidas. Eso se hizo adrede. ¿Cómo es posible que el presidente de los colombianos no revisase ese decreto que beneficiaría a los pobres?  ¡Esto fue un acto de torpeza gubernamental ¡

Aquí, según nuestro “bonachón” presidente, las cosas marchan magníficamente bien. Él vive como Alicia en el país de las maravillas, pero la realidad es que estamos navegando en un barco a la deriva. Nos ha mentido con el manejo de la pandemia, que aún con cuatro meses de confinamiento, muy poco ha servido el encierro y el COVID-19 sigue haciendo estragos. Esta semana las cifras de muertes se han disparado alarmantemente, la curva no baja, antes, por el contrario, sube ostensiblemente. El personal médico está que se revienta por turnos excesivos, de tal manera que los niveles de estrés y de temor han aumentado en la mayoría de los facultativos que están afrentando la pandemia. Esta situación empeora el panorama.

Sin una estrategia sólida en el manejo de la pandemia el país se ha convertido en el nuevo foco del COVID-19 en América latina. Las cifras de contagio superan los 10 mil casos por día, a pesar de que en muchas poblaciones no se conocen los resultados oficiales debido a retrasos en resultados de pruebas de hasta de un mes, con la cual, el número de infectado debe ser aún mayor. Sin embargo, el presidente dice que “toda va bien viejo”

Por otra parte, el manejo del orden publico pone sobre la mesa un incremento en una cultura de la muerte- En esta semana dos masacres han sacudido en el departamento de Córdoba: en Tierra alta, seis personas fueron degolladas y días antes se cometieron otras masacres a “machete limpio”. La barbarie continua sin que haya una repuesta contundente del Estado. Algunas regiones están bajo el dominio de grupos paramilitares, bandas de narcotráficos aliadas con los carteles mexicanos y disidencias de la Farc, en donde son estas quienes mantienen el control del orden público y en muchos casos, bajo la anuencia de nuestras autoridades.

Esta semana volvimos a obtener un nuevo palmare vergonzoso. Colombia encabeza el listado de mayor número de ambientalistas asesinados. El estudio de la ONG británica Global Wtness reportó la cifra más alta desde el 2012. El país ocupa el deshonroso primer lugar con 64 líderes ambientalistas asesinados en 2019. De acuerdo con la organización el año pasado se documentaron en el mundo 2012 homicidios y un 30 por ciento de estos se cometieron en Colombia. Es para sentarnos a llorar, pero el presidente dice que todo está bien. ¿En qué país vive él?

Por otra parte, el Observatorio de Tierras de la Universidad Nacional y de la Universidad del Rosario documentó 95 incidentes entre la fuerza pública y campesinos entre diciembre de 2016 y julio del 2020. En lo que va del año, cuatro campesinos y un indígena han muerto a manos del Ejército y la Policía Antinarcóticos. Con todo ello, el Ministro de Defensa Carlos Holmes Trujillos, se mantiene firme en que la erradicación de coca no se detendrá durante la pandemia, pese a los llamados de alerta de las comunidades campesinas. Sin embargo, entidades que le hacen seguimiento a esa política llaman la atención sobre los mecanismos que se podrían aplicar para que no se sigan presentado violaciones de los derechos humanos en ese escenario.

 Impresentablemente, continúan los saqueos de la corrupción en el país aprovechándose del CORONAVIRUS. Hasta en la Fiscalía y la Contraloría hicieron una compra de tabocas de manera directa con la firma Bon Sante S.A.S por un valor superior a los 1.300 millones, es decir, el valor unitario lo pagaron a $1.600, mientras que la Contraloría investiga a la Armada por haber comprado, con el mismo propósito, por $1.984 millones. Esta institución pagó tapaboca a $1.500, es decir $100 menos que la Contraloría. Lo insólito según este organismo de vigilancia es que la Armada habría incurrido en un sobrecosto del 100%. La pregunta es ¿Quién debe ser investigado?

Señor Duque tiene usted, aún, la oportunidad de revertir la historia y de ser consecuente con su discurso conciliatorio, de retomar el rumbo fallido que estamos viviendo los colombianos. De qué le ha servido tanta concentración de poder en detrimento de las ramas Legislativa y Judicial, cargando en sus manos una dictadura democrática. Utilice su poder legítimo para consolidar un nuevo país, en donde cesen del odio, la violencia, la violación de los derechos humanos y nos de rumbo para reconstruir un país moderno de verdad, civilizado y con la participación de todos los estamentos políticos, sociales, económicos y culturales, en donde el desarrollo económico no solo beneficie al sector bancario y a los grandes empresarios, sino también para el pequeño y mediano, para el campesino humilde y el resto de los colombianos.

Este Gobierno ha aprovechado el panmiedo para empoderarse como una monarquía, en la que el Congreso no ejerce un control político, no pone freno a todo lo que Duque ha expedido con más de 115 decretos. Finalmente, estas medidas para mitigar los efectos del confinamiento en la economía y en la población marginal han sido incipientes. Por ejemplo: el monto de las trasferencias del Programa Ingreso Solidario es uno de los más bajos de la región y los recursos de Fondo de Mitigación de Emergencia (Fome), son inferiores, porcentualmente, a los de Perú, Argentina y Chile.

Aproveche esta oportunidad que le está ofreciendo el Coronavirus, para espabilarse. Hay desgobierno. Tiene que gobernar para todos tal como lo prometió en su discurso, de no ser así, usted va a dejar un país mísero y más violento del que hemos vivido. Las evidencias están a la orden del día, la cultura de la muerte sigue campeando. No siga haciendo trisas los acuerdos de paz, lo mejor que nos puede pasar es no perder esta oportunidad de oro para consolidar y construir esa anhelada paz, una convivencia con las diferencias que no nos lleve a odiarnos. Es posible la convivencia pacífica. Como diría mi abuela:

¡Gordo cambia esta vaina, o si no nos lleva pindanga!

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