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Por: Ulahy Beltrán López

Como estrategia para enfrentar los actuales momentos de la pandemia por COVID-19 en Colombia, el gobierno nacional dispuso que desde el primer día del presente mes septiembre, el país pasara del aislamiento obligatorio general al “aislamiento selectivo con responsabilidad individual”.

Es innegable que la velocidad y el momento de la pandemia es distinta para cada una de las regiones del país, pues mientras en algunas zonas del país al parecer ya el gran envión o pico de la pandemia ha sido superado y se ha dado un descenso constante y sostenido en las últimas semanas en el número de contagios y de fallecimientos por COVID-19 con la correspondiente baja en el índice de ocupación de las camas de las unidades de cuidados intensivos (UCI), en otras el momento está en sus momentos más críticos con el mayor número de contagios y decesos con la máxima ocupación de las camas en las UCI.

El aislamiento obligatorio general fue el mecanismo que se estableció para disminuir el contagio lo máximo posible, así como la propagación del virus, difiriendo la aparición del pico de contagios lo que permitió ganar tiempo para mejoramiento y alistamiento de la capacidad instalada de la infraestructura hospitalaria como respuesta del sistema de salud colombiano, evidenciándose la expansión significativa del número de camas de UCI en el país, pasándose de 5.346 al inicio de la pandemia a 10.013 camas de UCI en los actuales momentos, incluyendo la preparación y vinculación del recurso humano multidisciplinario requerido para el manejo ambulatorio y hospitalario de esta demanda nueva de atenciones, generada por la pandemia.

Y aunque como se mostró, el estado de la pandemia hoy sigue tiendo distintas fotos en las diferentes regiones del país, el gobierno, con la argumentación de la “urgente necesidad de reactivación de la economía”, decidió ahora modificar esta medida general por una de aislamiento selectivo con responsabilidad individual.

Así las cosas, en esta nueva fase, la mayor carga de la responsabilidad en el control de la pandemia es asumida desde la individualidad de cada una de las personas que habitamos este país, lo que implica seguir cumpliendo con todas las medidas de autocuidado, prevención, protección y bioseguridad que veníamos observando y aplicando en la fase de aislamiento obligatorio general (uso de tapaboca, lavado de manos con agua y jabón, desinfección de superficies, distanciamiento social, uso de trajes de protección especial en el caso de los trabajadores de la salud, etc.).

En este nuevo escenario de la pandemia libre de las restricciones en la movilización de las personas, será inevitable que se produzca la interacción social activa entre personas contagiadas con COVID-19, tanto sintomáticas como asintomáticas, además de personas vulnerables por sus condiciones de morbilidad previas o pre-existentes. En otras palabras, existe ahora un alto riesgo de contagio con las consecuencias conocidas: favorecimiento de la propagación del virus, agravamiento de la situación en las zonas donde hubo o persiste alta letalidad del COVID-19 y surgimiento de un segundo envión o segunda ola en sitios que ya habían superado el momento más crítico de la pandemia, tal y como ya ha ocurrido en algunos países europeos.

La pandemia no se ha acabado, el virus no se ha ido, la vacuna aún no está lista y aún no hay cura plenamente demostrada para el COVID-19. Ahora en el aislamiento selectivo cobra total importancia la responsabilidad desde la individualidad de cada uno de nosotros, es menester continuar con todas las medidas que resultaron efectivas para protegernos en la fase de aislamiento general; solo así estaremos siendo responsables y respetuosos de nuestra salud y nuestra vida, pero también de la salud y la vida de quienes nos rodean.  

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