Telatiroplena.com, periodismo serio, social y humano

Por: Jenniffer Rueda Martínez

Tanto por decir acerca del padre del psicoanálisis, en mi paso por la academia tuve la oportunidad de contar con varios profesores que se inclinaban hacia este método de la psicología para tratar enfermedades mentales, a través de ellos pude conocer imágenes y teorías acerca de Freud, cuando observo sus fotos no puedo dejar de fijarme en su mirada profunda y su expresión de seriedad, la mayoría de veces fumando su pipa, su postura es la de alguien que siempre quiere ver algo en ti, actitud investigadora y critica, su discurso es trasparente, como diríamos actualmente “sin pelos en la lengua”, no buscaba decir lo que los demás querían escuchar, sino lo que necesitaban escuchar por más dura y cruel que fuera esa verdad en el famoso diván. No hay duda que, más allá de las críticas que han merecido sus ideas y lo escandaloso que puede ser para algunos sus afirmaciones acerca de lo sexual y la libido, Freud cambió radicalmente la manera de mirarnos a nosotros mismos.

En la concepción freudiana puede encontrarse una figura central en torno a la cual se organizan sus demás ideas clave: lo consiente y lo inconsciente, interviniendo entre ambos los mecanismos de defensa. El inconsciente lo percibo como ese espacio de la casa en el que guardamos lo que nadie usa, más sin embargo a veces podemos pensar que “accidentalmente” visitamos ese cuarto oscuro, lleno de polvo y telarañas y así como de repente vemos algo y pensamos “esto me puede servir para…o viceversa esto definitivamente va para la caneca de la basura”, En el inconsciente guardamos lo que queremos olvidar, lo que nos duele, lo desagradable, lo perturbador, pero que está ahí, más vivo que nunca y aparece para recordarnos que hay pendientes por trabajar, resolver y sanar, puede salir a relucir en forma de lapsus, o irrumpir de forma violenta.

Freud se refirió a los sueños de tal manera que pone en tela de juicio la expresión “los sueños son solo eso, sueños”, para él tienen un significado muy profundo y es el de esos deseos que todos tenemos reprimidos y que buscan su escape de esta forma, según su teoría todas las personas sueñan todos los días, pero elegimos que sueños queremos recordar y cuales olvidar u omitir dependiendo su contenido. ¡¿De ahí que algunos sueños nos deleiten tanto que hasta nos molesta despertarnos y quisiéramos volver a dormir para continuarlo y ver en que termina y otros nos pueden tener todo un día cuestionándonos y pensando para dentro de sí “¿oye y yo porque abre soñado eso?” y si tenemos la confianza con alguien hasta lo contamos como el súper acontecimiento del día.

Se interesó, asimismo, por la memoria y el olvido, lo que olvidamos es lo que no nos importa, los chistes son verdades disfrazadas de humor, los lapsus linguae y otros errores significativos, no son tan errores como queremos hacer creer, todo lo anterior explica nuestra íntima relación con el inconsciente.

También trató sobre la religión, a la que dedicó el ensayo El porvenir de una ilusión, donde explica el origen de las representaciones religiosas a partir de la demanda vital de los seres humanos de consuelo y seguridad: Como seres humanos vulnerables necesitamos asegurar el refugio en un Salvador, un ser con poderes sobrenaturales que no sea igual de perverso a nuestra naturaleza.

Cualquier escrito que se haga sobre este personaje se quedara corto ante su grandeza, alguien que dedico su vida al mayor enigma para el saber humano: el ser humano mismo. Y Freud ha sido y sigue siendo un fuerte estímulo para esta búsqueda, enseñándonos a ser saludablemente escépticos acerca de lo que creemos conocer e incesantemente curiosos con respecto a qué más podemos llegar a saber sobre nuestra compleja pero fascinante naturaleza humana.

Nota: El contenido de este artículo, es libre, espontáneo y de completa responsabilidad del Autor  Psicóloga, Jenniffer Rueda Martínez