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Por: José Luis Martínez Juárez

Desde mi visita a la hermosa ciudad de Barranquilla, Colombia en el año 2019. Visité Santa Marta, Cartagena, barrios y algunos pueblos intermedios entre estos destinos que tuve la oportunidad de conocer, pude apreciar la riqueza natural que tiene este bello país. Por el contrario, prevalece en muchos de sus ciudadanos una pobreza emocional que día con día los sumerge en una manipulación colectiva.

Aaron Beck en su libro “con el amor no basta”, realizó una extensa explicación de los factores que deben trabajarse para  mantener una buena relación de pareja. Me percaté que en uno de esos temas que denominó “el poder del pensamiento negativo”, se convierten en una pieza clave para entender la manipulación social y sus efectos en la deserción que provoca en los actores sociales para seguir continuando en sus luchas encaminadas a mejorar nivel de vida para todos.

En un recorrido que realizó este portal de Telatiroplena Prtv, por el barrio de Villa del Mar, en la entrevista efectuada a Javier Larios, un luchador social a quien el alcalde de Barranquilla le dijo “No hables pendejadas”. Esta frase es un claro ejemplo de la violación a los derechos de la libertad, pero esta expresión va más allá, tiene una clara proyección de mandar un mensaje universal que no hay en ese gobierno espacio para la voz crítica de la ciudadanía.

Si lo analizamos desde un contexto psicológico representa una muestra clara de una manipulación social. Se transmite un mensaje que conlleva a generar un estigma personal y colectivo, donde se concibe la creencia: “lo que se dice de manera pública es una pendejada” la idea es que de ahí en adelante las personas vayan construyendo un miedo emocional silencioso que los va llevando a considerar que sus pensamientos son negativos y que en realidad merecen lo que les dicen.

Es muy cierto que no todos pensamos de la misma manera, sin embargo, para muchas personas esta simple frase puede generar una alteración en sus emociones con una afectación que se puede convertir en una psicopatología entre las cuales se encuentra la depresión, ansiedad, entre otros. La situación se agrava cuando la misma sociedad aplaude tales aberraciones hechas por su jefe, amigo o por simple fanatismo al servicio del poder.

Los pensamientos negativos tiene un gran poder que utilizado de una manera inversa puede convertirse en una herramienta de manipulación social. Veamos un claro ejemplo: cuantos ciudadanos colombianos acuden diariamente a solicitar mejora en servicios, apoyos económicos, médicos, etc. De esos asuntos es seguro que a la mayoría de ellos no se les dé respuesta y a los que se les brinda la atención muchas veces es condicionada.

En esa condición se genera una distorsión negativa de los pensamientos, los ciudadanos piensan silenciosamente que sus malas decisiones o “rebeldías” en contra del gobierno es producto de sus “errores” y de sus acciones que son erróneas. El problema no está en los ciudadanos con grandes necesidades sociales, ni en los luchadores de barrios, feministas, ecologistas, etc. El problema está directamente en la clase política que no tiene la capacidad de aceptar críticas a su trabajo a pesar de ver la desigualdad social en la que tienen sumergidos a sus gobernados.

Los ciudadanos son el poder, los políticos son quienes administran los recursos públicos de la ciudadanía. Necesitamos impulsar en Colombia y México, que los futuros candidatos políticos a un puesto de elección popular, por obligación legal sean sometidos a un proceso de evaluación psicológica. No podemos seguir permitiendo que estos personajes con disfunción emocional, sigan enfermando y dañando a una sociedad que necesita de gobiernos mentalmente saludables.

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